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Caminante, no hay camino…

No vivimos tiempos sencillos de asimilar. La revolución que ha supuesto las nuevas tecnologías de la información e Internet, no ha tenido una contrapartida en otras parcelas de la realidad, y en ocasiones seguimos actuando con las viejas categorías, sin advertir que vivimos un cambio de época, además de una época de cambios.

La ficción ha modificado sus formas de presentarse,  los hábitos de lectura y escritura han cambiado dando mayor protagonismo al usuario, el cual armado con nuevas herramientas le permiten ser una figura activa en la generación de contenidos culturales. Las formas de comunicar la actualidad, de contarnos lo que sucede en el entorno, ha dado lugar a nuevas formas de organización donde la linealidad ha dado paso a lo reticular.

Pero un fenómeno narrativo destaca sobre el resto. Los medios audiovisuales gozan de una edad de oro renovada, donde la imagen se erige como canal privilegiado para la transmisión de un mensaje. En esta cultura de lo audiovisual, son especialmente significativas dos tendencias que fluyen contrapuestas. Una parece distorsionar y trivializar los acontecimientos mediante una sucesión de imágenes icónicas que reducen al espectador a mero consumidor pasivo. Obedece a targets de audiencia, y suele sacrificar el rigor de lo que cuenta apostando por ofrecer un producto amable al espectador. Otra, utiliza la imagen como objetivo y medio de canalizar una realidad ya existente, surja ésta de la vivencia personal del autor o del análisis de un acontecimiento cualquiera. El primer caso suele ser la imagen como soporte de noticieros, tertulias y reportajes de actualidad, y como tal, se adapta bien a las modas efímeras y al propio ritmo de los medios de comunicación de masas. La segunda, es fruto de la elaboración más o menos afortunada de un autor, con un pulso narrativo propio y mimo literario que, en ocasiones, va creando la realidad que enuncia. Es el terreno de la ficción cinematográfica y documental. Esta ficción puede ayudarnos a interpretar mejor las circunstancias del mundo que nos ha tocado vivir, remover al espectador, emocionarlo y motivarlo para la acción.

El cine como testimonio

Este espacio pretende contribuir desde la reflexión a invertir esta relación de fuerzas, tomando la producción cinematográfica y el documental de ficción como referencia. En este blog colaborativo trataremos de llamar la atención sobre ese cine que se sitúa en las fronteras, sirviendo de barricada contra el pensamiento único. Un altavoz de aquellas noticias relevantes que se produzcan en la industria y que favorezcan nuevas formas de consumo frente a la dictadura de la sala de cine. Por supuesto, será un espacio para el cine independiente. Pero éste no será el único protagonista. La intención es arañar bajo la superficie, visitar los suburbios, sin olvidar las gratas sorpresas que nos brinda el cine comercial.

El objetivo es informar de esas producciones que despiertan nuestro interés como espectador, pero que remueva algo más que el sentimiento estético, que sea un cauce para la acción o la inspiración de aquellos que visiten este sitio, un espacio que con vuestra ayuda contribuya a desenmascarar, la verdad de la ficción.

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