AFF 2014 #Semana 1 : Conversación animada y fatales despedidas

Llegó el viernes y a medida que pasaba la tarde no veía la hora de finiquitar el trabajo y comenzar a preparar la parrilla cinematográfica que me iba a tocar disfrutar durante el primer fin de semana del festival. No fue tarea fácil, 47 películas por delante y poco tiempo libre es un hándicap que hacen que este tipo de eventos no puedan dejarse al azar, si se pretende abarcar la lista de deseos y un poquito más, realizando además una crónica medio decente para compartir algunas impresiones.

Después de revisar el panorama, y anotar las excepciones establecidas por la organización – en todos los festivales los hay, este no iba a ser menos – adquirí el bono canjeable por 20 películas. Cuatro semanas y cinco exhibiciones en cada una, ese es el reto que espero superar.  Las excepciones que comento afectan a dos cintas, “Upstream Color” (Shane Carruth) y “El desconocido del lago” (Alain Guiraudie), ambas disponibles sólo hasta el domingo 30 de marzo.

Decidí empezar con un plato fuerte, “Is the man who is tall happy?” del controvertido Michael Gondry. Ante el trabajo de este director, he sentido sensaciones encontradas en algunas de sus películas. En su momento me produjo tremenda satisfacción la popular “Eternal sunshine of the spotless mind“, en español Olvídate de mí (traducción surrealista donde las haya), por su manera de creer y contar el amor cruzando realidad y fantasía y por mostrar uno de los virajes y cambios de ritmo más espectaculares vistos en el cine romántico. Sin añadir extra de azúcar, y estimulando desde la ternura. Sin embargo, sentí una profunda decepción con la aclamada “The We and the I” (2012), demasiada experimentación visual para un pobre guion que echaba en falta la mano del genial Charlie Kaufman presente en lo mejor de su repertorio, “Human Nature” (2001), su primer largometraje, y en la ya mencionada “Eternal sunshine…“.

Esta cinta prometía otra vuelta de tuerca, una conversación con el ecléctico pensador Noam Chomsky, acompañada de animaciones diseñadas y montadas por el propio Gondry. A simple vista seducía el asunto, aunque como he comentado, con este director siempre guardo un espacio para la frustración,  la cual felizmente no llegó.

Ver trailer y ficha técnica

Is the man who is tall happy?” es un ejercicio sensorial que pone a prueba los reflejos del receptor ante la sucesión de interpretaciones gráficas que van dibujando libremente el discurso chomskiano. Sin apenas darnos tregua, Gondry nos propone un viaje caleidoscópico en adecuada sintonía con la densidad y omniscencia del universo que pretende abarcar.

Lo intenta y la mayoría de las veces lo consigue. Cierto es, que a veces las animaciones son repetitivas. Las espirales, saturación de colores e ilusiones ópticas auguran al espectador un esfuerzo considerable para lograr mantener el ritmo, y comprender, sin arriesgar la capacidad neuronal, todo lo que pone en juego la frenética charla. Lejos de caer en lugares comunes, no se habla de política, ni de historia de las ideas. Sorprende además, como Gondry mantiene el tipo ante tan vasto aluvión de ideas vertidas por su interlocutor.

La conversación empieza con el nacimiento y acaba con la muerte, con su recuerdo, con el dolor que hace vulnerable al cerebro más fuerte cuando recuerda a su esposa fallecida. En el camino, efusivas lecciones sobre cómo surge el lenguaje en la comunidad humana, hallazgos sobre la comunicación infantil y en los animales no humanos, la relación ciencia y creencia, los límites del conocimiento y hasta una breve exposición teórica de la gramática generativa. Todo un andamiaje intelectual sólido y refinado a lo largo de los años. El realizador se abre paso como puede, e incluso aprovecha las pocas fisuras para debilitar el escepticismo apelando a la emoción de las imágenes.  No ha tenido que ser nada fácil. Se trata de un proyecto que ha tardado en realizarse 4 años, pero merece la pena dejarse llevar por el resultado.

Tras la primera experiencia, estimulante pero agotadora, bajé la guardia y me decidí por una producción norteamericana de sello independiente llamada “The Kings of Summer“, el debut de Joseph Voigt Roberts, al que algunos ven como joven promesa indie. Sinceramente, no creo que  esta película esté a la altura de esas expectativas. Tengo que admitir que el buenrollismo que dejaba entrever su argumento me cautivó en algunos instantes, quizás fuera por sentir una ligera nostalgia de ese paraíso perdido que recrea la película. El argumento es sencillo, tres adolescentes hastiados de la presión y el exceso de mimo paternal, deciden fingir un secuestro para vivir independientes en una zona boscosa y de una belleza tan salvaje que asombra, dado la poca distancia que les separa de su hogar. Todo es idílico, hasta que aparecen los problemas que pondrán a prueba la amistad de los protagonistas. El entorno natural  es lo más logrado,  una excelente fotografía acompañada de secuencias musicales que ponen en evidencia el gran talento de Moisés Arias, sin duda el personaje más divertido, dando vida a un chico inquietante y sagaz a partes iguales.

De izqda a dcha (Gabriel Basso, Moisés Arias y Nick Robinson)

 El guion no es demasiado complejo siguiendo el mismo esquema que clásicos del género como “Los Goonies” (1985) o “Cuenta conmigo” (1986), pero adaptado a la precocidad sexual de los nuevos tiempos. La trama es demasiado previsible y los conflictos abiertos se solucionan de un plumazo, echando mano de recursos demasiado tópicos para llegar a involucrarte como merecería una película de gran factura técnica. De forma similar a lo que me sucedió con “Super 8” (2011) del mítico Spielberg, aunque disfrutas con ciertos golpes de nostalgia, no puedes evitar la vergüenza ajena en algunas escenas. Eso, o quizás mi sensibilidad se haya endurecido más de lo conveniente. Lo dejo a vuestro criterio.

Finalmente, y después de un necesario refrigerio, me dispuse a culminar la triada festivalera que empecé a media tarde. Ahora tocaba el turno de algo consistente, de algunas de esas películas que por una razón u otra sabes que no van a fallar. Cual sería mi sorpresa, y mi bochorno consiguiente, tras comprobar que dentro de la programación se encontraba nada menos que la última producción de Anders Ronnow Klarlund, para mí uno de los mayores representantes del exquisito cine nórdico. Digo bochorno, porque se me había pasado incluirlo en la presentación del AFF2014. Digo sorpresa, porque al parecer esta película pone punto y final al trabajo de este cineasta en un futuro próximo, alegando en tono enigmático que “el cine danés ha perdido el alma“, un motivo que defrauda y no convence a los que disfrutamos con la escueta obra de este director, la cual se caracteriza por ofrecer parábolas surrealistas y oníricas con un claro mensaje social y político.

Es el caso de su film más premiado, “Strings” (2005), donde da forma a un cuento épico animado, una vieja leyenda escandinava, de una belleza tan extrema que derrite. Toda la historia está hecha con marionetas, sin ocultar los hilos que sujetan a los personajes. Un recurso muy apropiado y de una delicadeza exquisita, que muestra el simbolismo del relato mítico; el héroe y la mano invisible que rige su destino. Una fórmula tan original que le valió excelentes críticas y donde demostró que si hay calidad, la artesanía y las nuevas tecnologías pueden formar un binomio interesante. Posteriormente, pasó al cine de carne y hueso, con la cinta “Como acabar con los otros” (2007), la cual merece un monográfico aparte, y cuya trama deja un poso de inquietud permanente en el espectador, a pesar de su cariz cómica y disparatada.

Pues bien, comprenderéis mi risa floja al disponerme a ver su más reciente criatura, “The Secret Society of Fine Arts“. ¿Cuál fue el resultado final?. Desconcertante. Para nada defrauda, pero tampoco te explicas como una película hecha literalmente a base de fotogramas, puede haberte mantenido pegado a la pantalla durante 90 minutos. Lo hace y de qué manera, ya que pone en juego todas las herramientas que nos permite el lenguaje cinematográfico. La trama comienza con una llamada amenazante alertando que lo que está a punto de suceder sólo es arte. Una explosión rompe la escena, y seguidamente la acción se sitúa en un interrogatorio del que sólo tenemos constancia por la voz de sus protagonistas. A partir de aquí y utilizando el interrogatorio como hilo narrativo, se van sucediendo una serie de fotografías que como un collage ponen rostro y movimiento a personajes e historia respectivamente.

Una sensación extraña te va embargando a medida que avanza la historia. La protagonista es una inmigrante bosnia que tras conocer a un variopinto grupo en una escuela de arte se siente seducida por uno de los personajes. Un líder inspirado y existencialista que promete recuperar la autenticidad perdida de un arte domesticado por la industria. Para conseguirlo, pone en marcha explosiones planificadas que además de llevarse por delante edificios singulares, generan acontecimientos visuales a gran escala y cargados de inofensivas intenciones. No todo el mundo piensa así, son buscados por terroristas y la cómplice más vulnerable está dispuesta a confesar. Ahí radica la fuerza narrativa de esta cinta. Entre la justificación y defensa filosófica de estas acciones como reivindicación artística, y el sentido común de quién la condena. Al espectador le toca elegir con que parte simpatiza más.

Una muestra del original arsenal narrativo y técnica visual con el que tristemente se despide del cine este director, lo podéis ver más abajo.

En definitiva, un tremendo inicio de festival que promete no dejar indiferente a nadie. La semana próxima, más.

.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

One comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *