Amén (2002) – El nazismo bajo la lupa de Costa-Gravás

De la escasa pero heterogénea filmografía que caracteriza a este género llamado cine político, hay un tema que sobresale de los demás a la hora de ser abordado por realizadores y productores. Los totalitarismos, en concreto el nazismo, y su relevancia en el curso de la historia política más reciente, ha sido el oscuro objeto de deseo para miradas cinematrográficas que han vertido desde múltiples perspectivas los horrores y la lógica de estas sociedades.

 

El nexo común de estas miradas ha sido la denuncia, pero desde terrenos muy dispares. La comedia y la sátira han servido a este propósito de la misma manera que el cine documental.

Esta película reúne dos características que a mi juicio constituyen su principal mérito y original aportación. Por un lado, trata el nazismo desde dentro y muestra el funcionamiento de una maquinaria donde los mecanismos propagandísticos y la fé puesta en el Destino histórico de la Nación fueron fundamentales para configurar la psique social que sostendría el edificio bélico fuera de sus fronteras. Por otro lado, deja en evidencia las turbias y ocultas relaciones que mantenían la Iglesia Católica con el régimen, cuyos lazos diplomáticos a menudo se basaban en un tira y afloja dialéctico, pasando indiferente por las víctimas de la limpieza étnica llevada a cabo con obscena alegría por la Walffen-SS. El frente común de la Iglesia y el nazismo contra el bloque soviético dió lugar a una colaboración más estrecha de lo que la caridad cristiana podría sospechar…y soportar, como ponen de manifiesto los dos protagonistas de esta historia.

Costa Gravás y Mathieu Kassovitz durante el rodaje de Amén (2002)

Corre el año 1936, el partido nacionalsocialista lleva tres años en el gobierno alemán, cuenta con el apoyo popular y empieza a poner en práctica su afán invasor contra todo aquél que se resista a sus planes de dominio. Los judíos alemanes han sido asesinados, perseguidos y exiliados. La manipulación de Hitler para imponer su peculiar definición de ser humano, luchaba contra la resistencia en suelo alemán que se fraguaba en anónimas y tímidas acciones para concienciar a las grandes potencias europeas de la persecución a la que estaba siendo sometido su pueblo y de la necesidad de una intervención urgente.

En este contexto previo al desastre se desarrolla la trama que cuenta la angustiosa vivencia de un tranquilo hombre de familia de nombre Kurt Gerstein (Ulrich Tukur), químico de profesión, y encargado de desinfectar y prevenir con su ciencia el contagio de tifus que aquejaba a los soldados alemanes en el transcurso de la contienda bélica contra Stalin. Este personaje histórico puso nombre al denominado Informe Gerstein, el cual sirvió de importante testimonio para condenar a mandatarios nazis durante los Juicios de Nuremberg.

Kurt Gerstein – El personaje de la película (Ulrich Tukur) y el personaje real

La visita a un campo de prisioneros como oficial y representante del Instituto de Higiene de las SS le lleva a ser testigo forzoso de un asesinato masivo de judíos, para lo cual utilizaban el “higiénico” producto que él promocionaba y fabricaba. Afectado y asqueado por su responsabilidad en la agonía del prójimo, decide aprovechar su privilegiada posición buscando apoyos, primero en las embajadas, después en la Iglesia, para que fueran portavoces autorizados de lo que allí estaba sucediendo. Se topa con dos obstáculos burocráticos insalvables. En primer lugar, con la inoperancia y el orgullo del gobierno americano, mucho más preocupado en ganar la guerra que en salvar vidas adelantando su intervención. En segundo lugar, con la acomodada indiferencia de la Iglesia alemana y la cúpula papal, que en un maquiavélico juego de palabras adjudican el término “eutanasia” al asesinato planificado de improductivos por el régimen alemán, perdiéndose en eufemismos de este tipo cuando se trata de defender al pueblo judío.

También hay algunos hombres buenos. Gernstein no está solo. Cuenta con el apoyo de un sacerdote jesuita muy cercano a la cúpula vaticana gracias a las lisonjas económicas que su noble familia administraba a la institución eclesial, con el aburrido fervor de quien pisa terreno seguro. El joven Ricardo (Mathieu Kassovitz) se convierte así en un extraño dentro de una jerarquía más preocupada por no perder su privilegiada posición en el engranaje estatal que por llevar a la práctica su piadoso credo y acoger a los bienaventurados.

En esta cinta, dirigida por el prolijo director franco-griego Costa-Gravás, observamos numerosos detalles, tanto técnicos como narrativos, que hace muy difícil el propósito de resaltar sólo unos pocos. No obstante, para no haceros perder la paciencia y abusar de vuestra atención, señalo sólo algunos.

  1. Destacar la imponente banda sonora a cargo del compositor Armand Amar, que sirve de estímulo a la sucesión incesante de acontecimientos y cambios de escenarios. Funciona como un ritual sonoro que expresa más humanidad que algunos de los personajes presentes en el film.
  2. La agresiva estética que nos regala algunos de los fotogramas, dónde la crueldad y la inquietante seguridad de la cámara para captar los gestos, intenciones y enajenadas miradas, nos suspenden en el desasosiego más incómodo. Es imborrable la imagen grotesca y lasciva que desprenden los rostros tras presenciar la ejecución silenciosa que tiene lugar en la escena donde el protagonista descubre el uso macabro que se hace de sus conocimientos.
  3. El significado que adquiere el ritual y el protocolo como herramienta destinada a acentuar el cinismo de la Iglesia, cuyos altos mandatorios, obesos de autocomplacencia y poder, dejan pasar la oportunidad de predicar con el ejemplo.  
  4. La prisa excesiva que algunas veces afecta al relato, quizás el punto flaco de la obra de este realizador, no renuncia a la posibilidad de poder disfrutar con la ironía surrealista de  conversaciones y conductas que presenciamos en algunos personajes de la historia.
  5. Final desasosegante, que logra como pocas, fraguar una sensación de impotencia en el espectador.

No soy demasiado partícipe del éxito que siempre anticipa a estas producciones, que sostienen su argumento en la recreación explícita de la época nazi y sus bárbaras acciones. Pero siempre hay honrosas excepciones, que tratan de hacernos ver las microhistorias y relaciones de poder que existen entre los sangrientos bastidores; las acciones de personajes anónimos que a través de sus destinos individuales pueden desenmascarar y arrojar algo de luz en las incomprensibles razones que hizo a esta ideología imponerse y determinar el destino de millones de seres humanos.

Por eso adoro el cine de Costa Gravás, por eso esta película no es más de lo mismo.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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