BAFICI 2014 : Cómo hacer del gusto, abundancia

Terminó el BAFICI 2014 casi sin despeinarse. El Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires  este año ha celebrado su décimosexta edición con la exhibición de 500 títulos en poco más de semana y media. Ahí es nada. Últimamente parece haber una competición silenciosa entre los festivales de cine latinoamericanos por llevarse el gato al agua en cantidad de títulos programados. No dudo que esta prolija programación sea una ventaja para que tengan cabida nuevas secciones que satisfagan una gran variedad de paladares, además de lograr cierta equiparación entra  producciones low cost y firmas consagradas en la lucha por hacer rentable el oficio alternando con distribuidoras y exhibidores. Pero, al mismo tiempo, no deja de ser una utopía que el espectador consiga planificar con sensatez  el intento de extraer el máximo partido a su abono.

Premiados del BAFICI 2014

No obstante las cifras oficiales hablan de 380.000 espectadores que junto 2350 acreditados y 41 paises participantes, configuraron un evento que cada año va a más, al menos en trascendencia.

Desde principios de siglo este festival se consagró como uno de los acontecimientos más esperados en Buenos Aires por crítica y público. La etiqueta de cine independiente viene avalada por dos aspectos que definen su filosofía: la apuesta decidida y casi obligada por la proyección de primeras y segundas producciones de cineastas emergentes. Es lo que se conoce como el efecto Rotterdam, cuya nobilísima intención de favorecer la visibilidad de nuevos talentos entra en conflicto con la adopoción de estrategias de marketing que sacrifican las buenas historias y el estilo personal a favor de una apresurada obsesión por darse a conocer a toda costa. Si queréis saber más, aquí se ofrece una particular e interesante teoría sobre el efecto Rotterdam.

Por otro lado, la introducción de nuevas fórmulas que desafían a la industria convencional, como la posibilidad de obtener financiación en pleno proceso de producción. Es el caso del programa paralelo llamado Buenos Aires Lab (BAL), el cual tiene como misión apoyar el desarrollo de producciones latinoamericanas, tradicionalmente una industria poco financiada por las instituciones en los países de origen. Talleres, proyectos de codirección y una interesante sección, Work in Progress, donde las películas ganadoras obtienen participación en el festival de Cannes, son algunas de las actividades que enriquecen este festival. Pero sigue el derroche. El Baficito, un minifestival dirigido al público infantil que hizo las delicias de los padres, junto a otras actividades culturales y gratuitas como BAFICI al Aire Libre, conciertos, encuentros, conferencias y exposiciones en el Museo BAFICI, además de una divertida sección de sugestivo título, Vitamina C, cuyos ciclos monográficos por entregas causaron sensación entre el público asistente.

En cuanto a las películas, imposible tarea la de repasar aunque sea un mínimo porcentaje de toda la programación. Fueron 5 secciones las que entraron a concurso. De entre ellas me gustaría reseñar la mención especial otorgada en la sección Competencia Internacional a la producción española “El futuro” (Luís López Carrasco), una historia de corte político que recrea el contexto social que precedió a las elecciones de 1982 en España. Un atisbo de esperanza que terminó siendo cautivo de su propia euforia. La particularidad de esta cinta es que ha sido rodada a modo de collage documental, en película de 16 mm, con la sana intención de recrear el ambiente de la época.

Fotograma de “El Futuro”

Sorprende el uso de este formato por su director, miembro del Colectivo HIJOS, cuyo manifiesto plantea un cine de vanguardia y la utilización sin complejos de la tecnología digital. El interés declarado que persigue con esta historia, no es otro que enriquecer, complejizar y matizar la historia reciente de España, para devolver al espectador el interés perdido por la pereza narrativa y el desinterés por los hechos del cine español.

Este desafío, merece una oportunidad.

La misma oportunidad que ha dado el realizador Marcos Martínez Merino a la lucha obrera del sector de la minería asturiana con la cinta “ReMine, el último movimiento obrero“, premiada en la sección Competencia de Derechos Humanos. Un ejercicio antropológico que anota con marcado detalle e inevitable pasión la lucha emprendida por la gran familia minera durante la declaración de huelga indefenida que se produjo tras los tijeretazos anunciados por el Gobierno y el certificado de defunción firmado para este sector. Un documento necesario, cuya pretensión se aleja de artificios y reivindicaciones victimistas, de voceros y tertulianos que vomitan su opinión en prime time. El leitmotiv, narrar una sucesión de acontecimientos que intentan luchar contra el anacronismo de su propia actividad, en los que la cámara ofrece testimonio de que el miedo y la tristeza no son las únicas emociones que se puede permitir el ciudadano.

En definitiva, un BAFICI que habrá que ir desgranando poco a poco, cuando algunas de las películas sean estrenadas en nuestro país en los próximos meses. Prometo ser aplicado y dar buena cuenta de ello en próximas publicaciones. Es lo bueno de los festivales, que sólo son un escaparate. Lo mejor, viene después.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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