Bicicletas Vs Coches: pedaleando hacia una ciudad sostenible

Hace dos semanas se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente (5 Jun) propuesto por la ONU en 1973 con el propósito de sensibilizar a la opinión pública e informar acerca de la responsabilidad que sectores específicos de la sociedad civil tienen en la protección y la sostenibilidad del medio natural del que nos servimos y en el que coexistimos. Como suele ocurrir en este tipo de días conmemorativos, a la acción institucional el traje le queda bastante grande, y acuden a una fiesta con derecho de admisión que tachan de la agenda cuando despiden a los últimos invitados. Al día siguiente, el derecho de veto de las grandes naciones sigue imperando en cuestiones fundamentales, y la agenda política de los organismos dedicados a la protección medioambiental permanece muy poco permeable a regulaciones alternativas.

En contraste a esta actitud protocolaria, en el mejor de los casos, el trabajo de profesionales en escuelas, asociaciones civiles y medios independientes aprovechan este día para denunciar los problemas actuales que mayor consenso han logrado en la comunidad científica en torno a cuestiones como el cambio climático y la incidencia de la intervención humana en su aceleración, modelos alternativos de consumo y producción, arquitectura sostenible y nuevas teorizaciones de conceptos rescatados, con mayor o menor fortuna, como el procomún o el decrecimiento económico. En el peor de los casos, todo pasa en un contexto de normalidad sin mayores sobresaltos, entre discursos, chapas en la solapa y algunos vídeos o reportajes alarmistas de poco rigor científico, aportaciones low cost que prenden como la mecha y que poco favor hacen a la causa.

Sin embargo, en ocasiones nos encontramos con productos audiovisuales de alta calidad narrativa y visual, que aportan una visión completa de problemas generales con una repercusión global o bien se sitúan en una problemática muy específica. Como por ejemplo un gran número de casos que explican el trabajo diario de agricultores en zonas aisladas de países pauperizados del continente africano y americano, o la actividad de los lobbys de la industria frente a legislaciones débiles. Esta dialéctica Norte-Sur es solo uno de los temas recurrentes de la relación entre cine y medioambiente, ya que la propia complejidad y trascendencia de esta temática proporciona una gran variedad de categorías que podrían catalogarse dentro del cine social o político. De hecho la temática ecológica tiene cada año mayor presencia en la industria audiovisual española, a través de festivales temáticos de corte internacional como es el caso del Ecozine International Film Festival que se celebra cada año en Zaragoza, o el Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente, que esta edición abre sus puertas en Barcelona durante el mes de noviembre.

Presentación en las calles de Madrid de la edición 2014 del Festival Ecozine

Por estos festivales han pasado productos que se han convertido en referencia para los aficionados al cine de no ficción. Estoy pensando en la multipremiada Waste Land (Lucy Walker, João Jardim y Karen Harley. Brasil. 2010)”, que con una brillante producción a cargo de Fernando Mireilles (Ciudad de Dios, A Ciegas), muestra una cara amable no exenta de ironía acerca de cómo el mayor vertedero de basura del mundo puede servir de taller de inspiración para artistas plásticos. O bien la cinta estadounidense Food, Inc. (Robert Kenner. EE.UU. 2008)” de corte más convencional que evoca a los clásicos del género mediante una serie de entrevistas que van tejiendo la enorme trama de la industria alimentaria en USA, y los desequilibrios de la explotación ganadera y agrícola como consecuencia del consumo desorbitado en los países desarrollados. La relación entre capitalismo y medio ambiente también aparece en la perfecta radiografía realizada por los hermanos Francis en Black Gold (Marc y Nick Francis. EE.UU. 2006)”, mostrando un recorrido por la ruta del café desde su cultivo a su comercialización, una industria que genera 80.000 millones de dólares al año (similar al petróleo), a través de ayudas regulatorias que favorecen el monopolio y  sitúan a las pequeñas cooperativas productoras en clara desventaja. Un montaje que acaba logrando de manera convincente poner entre paréntesis la supuesta neutralidad del libre mercado. Y como olvidar la belleza fotográfica de la cinta Encounters at the End of the World – Encuentros en el Fin del Mundo (Werner Herzog. EE.UU. 2007)” del siempre elegante Herzog, el cual se introduce en la Antártida mas salvaje para acompañar a la expedición del proyecto McMurdo, donde una comunidad de investigadores de diferentes áreas y profesiones soportan las duras condiciones de vida en un territorio tan hostil como sublime.

Trailer del documental de Herzog ‘Encuentros en el Fin del Mundo’

Gracias a estas heterogéneas perspectivas han aparecido producciones que no tratan la protección del medio ambiente como algo que implica exclusivamente al medio natural o físico. El medio urbano es donde se desarrolla la vida de la mayor parte de la población mundial, y es en este entorno donde los problemas demográficos, la contaminación acústica y polución asociados al tráfico rodado han hecho surgir demandas que reclaman una revisión del modelo basado en el análisis de las causas y criterios que vienen conformando la política urbanística y arquitectónica de las ciudades modernas. Bajo este paradigma se sitúa la cinta de la que hablaré a continuación, y que formó parte del menú audiovisual sin azúcares añadidos que disfruté durante el Día Mundial del Medio Ambiente.

La batalla está servida (Imagen: velospace.org)

Se trata de “Bikes Vs Cars – Bicicletas Vs Coches (Fredrik Gertten. Suecia. 2015)” y  fue exhibida en la pasada edición del certamen DocsBarcelona y que actualmente puede verse en Filmin. Con esta cinta asistimos a un recorrido por grandes capitales del mundo contemporáneo como Sao Paulo, Los Ángeles, Bogotá, Toronto, Copenhagen y Amsterdam y su relación con el uso de la bicicleta, las relaciones de éstas con los vehículos a motor, y de todos con la ciudad de la que forman parte. Comienza con una puesta en escena fulgurante, intensa, con escenas conmovedoras que muestran las microhistorias que marchan por la urbe. No nos solemos dar cuenta, hipnotizados por un tiempo que aprieta, de las batallas que libra un ciclista diariamente en una ciudad como Sao Paulo, con 7 millones de coches, justo la mitad de su población, y que se suele saldar con un ciclista muerto cada semana. O Los Ángeles, donde diariamente pasan por las autopistas más anchas del planeta la friolera de 1 vehículo por cada 7 habitantes. Un hecho más curioso si cabe, si tenemos en cuenta que en 1920 el 98% de sus habitantes transitaban en bicicleta, como ilustra uno de los protagonistas del documental. Pero lo más sorprendente es el caso de Toronto, ya que seguramente no coincide con la imagen colectiva que tenemos de la ciudad. Aquí vemos como el alcalde se vanagloria de que sus calles, la distribución urbanística y las arterias de su ciudad sean de uso exclusivo para los automóviles y no titubea a la hora de señalar al ciclista como único responsable si resulta accidentado. Esta visión del mundo cada vez cuenta con más grupos de resistencia, que reclaman su derecho a circular por su ciudad sin que suponga poner en juego su vida. Y afortunadamente, sus homónimos en algunas ciudadades no comparten la agresividad de estos enunciados, y el uso de la bici configura discursos de arquitectos y políticos en su intención de construir un modelo de ciudad más sostenible y limpio. Hasta hay quien predica con el ejemplo.

Las calles de Sao Paulo aparecen salpicadas de bicicletas fantasmas como homenajes a los ciclistas fallecidos

No obstante, viajamos también a la otra cara de esta tormentosa relación, se rebaja la tensión observando como dos ciudades de la vieja Europa han sido elegidas por asociaciones y activistas la meca del ciclista. Aquí encontramos las situaciones más irónicas y divertidas de la cinta, disfrutando, por ejemplo, de la particular visión de como es la vida en la ciudad de Copenhaguen para un taxista. Allí las prioridades en la circulación se invierten, y no podemos dejar de compartir su agobio prematuro al anticipar la hora punta, cuando un torrente de bicicletas pululan frente a su retrovisor en cualquier sentido y dirección. Acompañado de una banda sonora frenética, nos vemos apelados a empatizar con el veterano conductor cuando reconoce resignado: «Para el coche esta ciudad es un día en el infierno. Y el caso es que a pesar de todo, tengo amigos ciclistas, e incluso son buena gente».

En Copenhaguen toda la ciudad está adaptada a la bicicleta, es el eje principal que conecta todas las zonas de la ciudad. No en vano, ha sido designada ciudad verde europea en 2014

Sin embargo, una vez ha dejado constancia del problema, la narración tuerce el gesto y llegamos a la piedra angular de este documental. El acercamiento visual, casi antropológico de la cámara, deja paso a los datos, y la consiguiente interpretación de los mismos, que sin complejos asume Fredrik Gertten (1956, Malmö, Suecia) para defender la tesis de que este contraste interurbano no es accidental, o meramente cultural, sino provocado por una política urbanística que ha sido dictada directamente por la industria automovilística. Y desde luego, no ahorra argumentos para mostrar este vínculo. Destaca por ejemplo la intervención de la activista alemana Christina Deckwirth de la ONG ‘Lobby Control’ que muestra como la etiqueta de eficiencia energética que homologa la UE está basada en sucesivos informes elaborados por Ford o BMW, los cuales financian campañas y regalan coches de alta gama a miembros del gobierno aleman. En Los Ángeles el gigante General Motors subvencionó el transporte público hasta que lo fagocitó en una operación muy similar a un juego de trileros. Pronto desmantaleron la red de tranvías y ferrocarril para construir autopistas, hasta alcanzar la cifra actual, la más alta del planeta si tenemos en cuenta la superficie sólo del área metropolitana. Lo realmente curioso es que la distancia desde los barrios residenciales al núcleo urbano es de sólo 5 km. Otros datos interesantes:

  • Los ciudadanos norteamericanos pasan en el coche 55 días laborables al año y destinan el 25 % de sus ingresos al transporte. En Sao Paulo se tarda una media de tres horas en ir al trabajo.
  • Por contra, en Copenhague circula más gente en bici que en todo EE.UU. Esta ciudad y Amsterdam han sido elegidas capitales del mundo de la bicicleta. Ninguna de ellas tiene industria nacional del automóvil.

Es cierto que la subjetividad del autor es notoria, pone el foco en las voces partidarias de un cambio de modelo a pesar de que también tienen cabida otras visiones, pero estas son tratadas de forma residual, buscando la complicidad del espectador para censurar un discurso y unos personajes algo patéticos en sus formas y modos. Aqui podeís encontrar una buena crítica en este sentido. Tambien se descubre en el análisis, mi simpatía por el uso de la bicicleta en la ciudad, aunque tal como está planteado el problema, es difícil no tomar partido y mantener una neutralidad exquisita. La lucha es aun muy desigual para ello. Para compensar en este enlace dejo otro interesante reportaje rodado con las populares cámaras ‘on board’ donde además de la agresividad de ciertas personas al volante, no son pocas las situaciones en las que el ciclista abusa de su vulnerabilidad para saltarse las reglas.

No obstante, esta pretendida subjetividad no resta un ápice de calidad al montaje de la cinta. El autor no engaña a nadie. A pesar de su corta producción se puede reconocer en él a una promesa emergente en el cine documental y social. Su trabajo más polémico, no dejó indiferente, incluso fue denunciado por hacerlo público causando un gran revuelo y publicidad adicional a su favor. Se trata de “Bananas (Fredrik Gertten. Suecia. 2009)”, una cinta que pone en jaque a la multinacional de la industria alimentaria ‘Dole Food Company‘, la cual no se tomó a bien su emisión sometiendo al autor a una fuerte persecución legal y psicológica. Con lo que no contaban es que esta persecución fue grabada y documentada, y puesta a exhibición del público sólo dos años después con el nombre “Big Boys gone Bananas! (Fredrik Gertten. Suecia. 2011)”. Nunca mejor dicho, el bueno de Fredrik se hizo el sueco.

Posteriormente, y como aperitivo a “Bikes Vs. Cars”, puso su cámara al servicio de un interesante proyecto de dos jóvenes estudiantes de diseño industrial, las cuales realizaron una atractiva innovación para la seguridad víal, el primer airbag para bicicletas. En este clip os podéis hacer una idea del invento.

En definitiva, un surtido de sugerencias para elaborar un menú de degustación audiovisual que celebre a posteriori el Día Mundial del Medio Ambiente. Eso sí, no espéreis al próximo año, que seguro habrá novedades para todo tipo de digestiones. Prometemos contarlo.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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