¡Bienvenidos al maravilloso mundo del arte!

La salida está al lado de la tienda de regalos. La traducción del título original ya guarda una relación significativa con lo que vamos a encontrar dentro de esta muñeca matrioska llamada “Exit Through the Gigt Shop (Banksy, Reino Unido, 2010)”. Digamos que el aglutinante de este muy interesante documental es el arte urbano, aunque luego se desvelan más sorpresas. Lo que en un principio iba a ser un documental sobre el controvertido  artista Banksy,  da un giro de 180 grados y se transforma en un documental sobre el Sr. Thierry Guetta también conocido como Mr. Brainwash.

Empecemos presentando a los actores.

En primer lugar tenemos a Banksy. Un artista urbano (o eso se supone, porque nadie conoce su identidad) que empezó poniendo sus obras en las calles de Bristol. Su estilo con stencil tiene un claro antecesor en un artista francés llamado Blek le Rat, precusor de esta tendencia de hacer plantillas en las calles. Las obras de Banksy suelen ser sátiras o metáforas en imágenes, o frases sobre la sociedad o la política si se quiere. Veo a mucha gente colgar estas imágenes en las redes sociales y demostrar así nuestro gran gusto por el mundo del arte urbano, aunque luego haya serias dudas sobre la capacidad artística del tipo anónimo que ha hecho una firma en la pared de nuestra  calle. Aunque lo mismo esto no es comparable…¿o si?

El segundo actor en esta función es Thierry Guetta. Pero ¿quién es Thierry Guetta?. El documental está acaparado por un tipo francés, hiperactivo, que no para de hablar, y que se erige como realizador o filmador de la corriente de arte urbano, para posteriormente reafirmarse como un artista de éxito, en muy breve periodo de tiempo y conllevando algunas dudas sobre su capacidad como artista plástico. Hay que aclarar que durante el documental no sabemos si este tipo es un personaje real o ficticio, o es un personaje ficticio que se ha convertido en real o viceversa. Queda patente que el claro antecedente con el que se puede relacionar este documental es “F for fake (Orson Welles, Francia, 1973)” de Welles, en el que no llegamos a discernir que es realidad y que es ficción.

Carátula (DVD) de la cinta ‘Exit through the gift shop’ (Banksy, 2010)

Durante el metraje podemos observar las peripecias del Mr Brainwash, y su kafkiana metamorfosis de vendedor de ropa vintage a artista reconocido por las masas. Creo que Bansky y su equipo ponen encima de la mesa una praxis que está bastante extendida en el mundo del arte. Esto es, su simbiosis con el mundo de la moda o lo fashion, una nueva máquinaria de hacer dinero, que se extiende por museos galerías, ferias de arte, etc. En esta actual disciplina artística se nos presentan otras prioridades como son la socialización y el marketing del individuo, dejando en un segundo plano la coherencia y el trabajo, que quedan relegados como un ente menor. Esta realidad me quedo bien resumida en una charla que dieron en la Universidad de Bellas Artes. En ella la exponente de la conferencia vino a decir algo así: «[…] tira tus viejas ropas llenas de oleo, cómprate una bonita chaqueta americana pistacho y  a dar la coba a los galeristas, directores de museo, etc. en todas las inauguraciones que puedas». Objetivamente tenía razón, ya que en algunos casos como el de nuestro querido Mr. Brainwash, el éxito de su obra no nace de su trabajo, nace de la fama de su personaje público.

Tenemos a un individuo excéntrico. Este hombre no tiene necesariamente ningún tipo de preparación o cualidades artísticas. Es mas, demuestra que no tiene ni aptitudes como filmador, pero posteriormente se le da una buena dosis de publicidad, se le pone una alfombra roja y unos pocos de famosos, y ¡voila!…ya tenemos al artista de moda. La formula es bien sencilla, y existen ejemplos que evidencian que esto no se aleja mucho de la realidad. Hace cinco o seis años tuve una conversación muy interesante con un tipo, que me aclaró en parte, el modelo de ventas en ciertos círculos artísticos. Me dijo: «En el mundo hay cinco millones de pintores mejores que yo, la diferencia es que yo sé vender los cuadros, y ellos no». No importa el qué, si no el cómo.

Trailer del falso documental de Banksy

Esta corriente de producción de arte como rosquillas tiene un antepasado claro en Andy Warhol con su Factory y sus famosas réplicas de Marilyn o Elvis, que volverán a ser reutilizadas en el documental por el Sr. BrainWash. Toda esta industrialización del arte, del mercadeo y los consiguientes productos, quedan bien palpables en el documental, pero el director, en este caso Banksy, evidencia que el artista tiene que vender, y en cierta manera convertir su obra o sus exposiciones en un teatro de variedades, en los que el gran público quede deslumbrado por los artificios y los elefantes rosas, sin dejar una clara idea posterior de lo que han visto. Por ello, por un lado tenemos la provocativa obra de Banksy que tiene claros tintes contestarios y anticapitalistas, pero por otro lado vemos como su obra se subasta en Sotheby´s , y que gente con alto poder adquisitivo la consume. Banksy critica el mercado del arte,  la confusión, y la falta de coherencia en la manera de hacer, utilizando de conejillo a Mr. Brainwash, pero es el mismo Banksy el que se evidencia con una doble moral. No sabemos si el mensaje del autor es que son dos partes inseparables de un mismo mundo.

‘Charlie Chaplin’ una obra de Mr. Brainwash (Fuente: telegraph.co.uk)

Nos podemos encontrar otro caso muy parecido dentro de la cinta como el del artista Shepard Fairey, con el famoso alias Obey, mundialmente conocido por su cartel de Obama (Hope). Empezó haciendo plantillas con la cara de André de Giant (luchador de wrestling de los ochenta) y tomando prestada la palabra Obey de una película de John Carpenter, “They Live (EE.UU, 1988)”,  dejando a un lado el apropiacionismo del que hace gala el artista. Su arte pretendía un mensaje subversivo o contrasistema, al menos en un principio. Posteriormente se ha convertido en un gran productor de camisetas, y de murales tipo franquicia, al igual que una sucursal de cualquier empresa vende su producto (en este caso artístico). Una cosa que me parece muy paradójica de esta situación, es que lo que en un principio comenzó como una protesta contra nuestra naturaleza de zombies dóciles dentro de  este sistema (Obey significa Obedece), ahora no paro de encontrarme a chavales y chavalas que llevan este eslogan en la pechera y no saben ni lo que significa (lo he preguntado). Ellos solo “obedecen” y consumen.

Parece que el sistema puede digerir cualquier tipo de arte, aunque sea radical-revolucionario y luego fagocitarlo como un souvenir de Mickey Mouse, y esto queda bien patente en el documental. Sería estúpido pensar que el mundo artístico presente en nuestra sociedad occidental se mantiene virgen y puro sin hacerse eco de las prácticas que se dan en política y economía. Kandinsky decía que toda obra de arte es hija de su tiempo, y nosotros vivimos tiempos convulsos. Son múltiples las manifestaciones artísticas en nuestra época, conviven técnicas pictóricas del XIX con arte digital y los grandes museos que se convierten en grandes empresas, en contraste con las pequeñas salas independientes. Pero el arte continua, y continuamos buscándolo, algunas veces está en un cuadro del Louvre, otras perdido en una favela de Rio de Janeiro.

Acerca de Javier Rueda Salido

Graduado en Bellas Artes, técnico superior en gráfica publicitaria, ilustrador, muralista, pintor ,bla, bla, bla….El arte es encerrar un sentimiento en un tarro de cristal, pero un tarro sin cristal ni tapadera.

4 comments

  1. Interesante concepto ese de la aceptación sin comprensión. Vale para el respeto más puro hasta el fanatismo más preocupante. Habrá que darle algunas vueltas.

  2. Un tema muy interesante que creo que da para horas y horas de tertulia. Yo en resumen pienso que habría que descomponer en todo lo posible los conceptos implicados en el tema. Estoy seguro que matizando veríamos que la barra de medir no va meramente de la comercialidad al compromiso. No creo que sea tan mala la comercialización de una idea o un producto, ni tan bueno todo lo que se oculta detrás de un compromiso. Habría que estudiar tantas cosas: la intención, la argumentación, los valores, etc… Supongo que nadie duda que cualquier persona que se dedique al arte quiere que su obra sea vista por el mayor número de personas, tal vez lo que le preocupa sea más el enfoque que se haga de la obra y la valoración que se le de a la intención del autor. No tanto si es más o menos comprometida o comercial. Al fin al cabo supongo que todo lo que queremos es ser comprendidos.

    1. Yo creo que Iván tiene mucha razón al afirmar que cierto grado de comercialización es necesario. El arte, y en concreto el artista, se nutren de lo que se conoce como el acto artístico, es decir, que la obra (u obras) que crea el artista genere una reacción tanto en el público como en sí mismo. Sin un poco de marketing a las obras de arte les pasaría lo mismo que las tesis doctorales, tal y como afirma Tomás en “la insoportable levedad del ser”, que acabarían en bibliotecas (o en galerías, en este caso) que parecen ser cementerios de conocimiento, a la espera de que algún alma cándida vaya a ponerle su particular ramo de flores en forma de lectura comprensiva o visionado crítico (en el caso de una obra, por ejemplo). Si lo que hablamos es de la actitud del artista para con el beneficio de su obra, está claro que muchos se han sumergido, una vez el éxito ha llamado dos veces a su puerta, en el “glamour” del negocio artístico, y sólo buscan o bien perpetuar su imagen a fin de obtener “calderilla” o bien poder seguir deambulando por escenarios no aptos para cualquiera poco instruido. No creo que llegado a este punto se busque ser comprendido, sino seguir siendo aceptado.

      1. Interesante concepto ese de la aceptación sin comprensión. Vale para el respeto más puro hasta el fanatismo más preocupante. Habrá que darle algunas vueltas.

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