¿Ciencia ficción sin FX?

Cuando vemos una película de ciencia ficción solemos pensar en grandes naves espaciales combatiendo en una galaxia lejana con alienígenas espectaculares, robots intentando destruir a la humanidad con complejos de niños poco queridos, ciudades llenas de luces en las que los coches vuelan o apocalipsis que han destruido el mundo que conocemos de modos verdaderamente retorcidos e ingeniosos que serán recreados para nuestro deleite. No os voy a decir que esto no sea así, pero no siempre, y en mi modesta opinión normalmente mientras menos efectos y mayores sutilezas, suele pasar que la historia y el tema de la película ganan peso.

Hall 9000

Me he planteado escribir un artículo sobre estos raros casos que suelen dejarnos mejor sabor de boca al sorprendernos por la sencillez a la hora de plantearnos buenas historias que nos llenan más que las antes mencionadas y para ello me serviré de algunos ejemplos recientes: “Moon” (Duncan Jones, Reino Unido, 2009), “Primer” (Shane Carruth, EEUU, 2004), “La memoria de los muertos” (Omar Naïm, EEUU, 2004), “Cube” (Vicenzo Natali, Canada, 1997) (Solo la primera parte por favor), “Gattaca” (Andrew Niccol, EEUU, 1997), “Código Fuente” (Duncan Jones, EEUU. 2011), “Doce Monos” (Terry Gillian, EEUU, 1995) (inspirada en la francesa ya clásica “La Jetée” de Chris Marker de 1962), “Días extraños” (Kathryn Bigelow, EEUU, 1995), “Las vidas posibles de Mr Nobody” (Jaco Von Dormael, Bélgica, 2009) (no me llama mucho pero si no la pongo igual alguien…), etc.

En todas ellas se nos plantea un dilema clásico o no tan clásico de la ciencia ficción sin grandes alardes en efectos especiales. En “Moon” hablamos de la soledad de un ser humano que en su misión especial tiene que pasar cuatro años solo supervisando unas prospecciones. En “Primer” un grupo de ingenieros en su garaje al más puro estilo del comienzo de la era informática en la que vivimos, crean una maquina que cambiará el mundo. En “Gattaca”, se nos recrea un hipotético mundo en el que solo las personas creadas con ingeniería genética pueden viajar al espacio, ¿qué ocurre cuando alguien al que sus padres no quisieron hacer geneticamente perfecto quiere ocupar un puesto en la próxima lanzadera espacial?. O la “Memoria de los muertos”, la historia de un taxidermista de los recuerdos de los difuntos afronta sus dilemas morales a la hora de adornar las vidas de sus clientes difuntos. Como veis con buenas ideas y sencillas premisas se puede plantear un dilema digno de ser abordado en una película y que nos pasemos horas debatiendo sobre esta en la barra de un bar.

 

“Gattaca” Andrew Niccol, 1997.

 

Todo esto plantea una pregunta muy sencilla. ¿Qué es lo que caracteriza una película de ciencia ficción?. Al parecer no son los efectos especiales o sus personajes CGI (Computer Generated Imagery), ya que sin estos puede existir ciencia ficción.

El cine de ciencia ficción es un género especulativo que se sirve de la ciencia para plantear posibles mundos futuros y sus problemáticas. En “Moon” se nos plantean esos largos periodos que un astronauta tiene que vivir en la soledad del vacio exterior, los costes tanto materiales como humanos a la hora de afrontar la conquista del espacio . En “Primer” el descubrimiento de una maquina capaz de introducir un nuevo paradigma para la humanidad, ¿Cómo cambiará la forma de pensar y vivir de la humanidad?. En “La Memoria de los muertos” un chip recoge todo lo que hemos visto durante la vida, todo un debate entre los recuerdos con o sin subjetividades. Junto  estos dos últimos títulos podríamos sumar “Días extraños” o “Código fuente” películas en la que una nueva tecnología altera el modo normal de ver el mundo. En “Gattaca” los problemas que la ingeniería genética depararía a la futura sociedad, ¿qué nuevas diferencias sociales aparecerán?. Como vemos aprovechamos situaciones hipotéticas, siempre razonadas desde el punto de vista de la ciencia aunque solo sea formalmente, para realizarnos preguntas al más puro estilo de la filosofía más clásica.

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– Hoy en día habría quien discutiría si los efectos de esta película son o no efectos especiales. –

En los orígenes de este subgénero la ciencia ficción y los efectos especiales son indivisibles aunque hoy en día no nos lo parezcan. Si partimos de “Voyage dans la lune” (Méliès, Francia, 1902) son los juegos fotográficos los que dictan la película. En aquella época ante un nuevo formato como era el cine, la experimentación, las ganas de mostrarnos todas las posibilidades del medio buscaron este tipo de efectos para enseñarnos una realidad que no estaba al alcance del día a día. Aunque rápidamente los juegos visuales estuvieron al servicio de las historias como puede verse en “Metropolis” (Fritz Lang,  Alemania, 1927) donde las potentes imágenes sirven para hacer una fuerte crítica social. Es una película donde se mezclaban los dos aspectos de los que hablamos, efectos especiales y especulación sobre un posible mundo futuro. Otro ejemplo de este buen hacer es “2001: Una odisea espacial” (Stanley Kubrick, Reino Unido, 1968). Un relato que nos cuenta la evolución (el famoso monolito) y contraposición (Hall 9000) del desarrollo del intelecto humano.

“2001: Una odisea del espacio” Stanley Kubrick, 1968.

Hoy en día vivimos en un mundo rodeados de ordenadores, fuertemente condicionados por la red de redes. Muchos de los supuestos especulativos de los que hablamos no necesitan de tales artificios para narrarnos historias sobre las consecuencias de un avance científico, una situación alternativa de nuestro mundo. Tal vez hoy sea más difícil sorprendernos con estéticas y efectos especiales y nos encontremos en el proceso inverso al ocurrido en los orígenes del subgénero. Ahora necesitamos de relatos realmente ingeniosos antes que de efectos especiales para sorprendernos y hacernos pensar en esos mundos posibles. Un ejemplo lo tenemos en la aclamada serie “Black Mirror” (Charlie Booker, Reino Unido, 2011 – Todavía en emisión). Nos muestra como reacciona la sociedad ante los cambios que ocasionan las nuevas tecnologías sin grandes artificios, aunque en una época indeterminada nos recuerda mucho a la actualidad, haciendo uso de las redes sociales o nuevos programas de televisión no muy diferentes a los que conocemos.

La ciencia rodea todos los aspectos de la vida y por lo tanto es difícil salirse de ese precepto para contar una historia dándole el tinte de plausible. La ciencia nos sirve para tildar algo de real. Fijémonos en esa frase que todos nos hemos sorprendido diciendo como mantra innegable – «lo ha dicho un científico» –. ¿Acaso la ciencia no es más que un modo de excusarnos el planteamiento para que no lo desdeñemos por ser fantásticos e irreales? ¿Es la ciencia solo una herramienta para darle fondo y forma a estas preguntas que posiblemente sean más profundas y nos hayan acompañado siempre?. Pues ahora acudimos a la normalización de estos efectos especiales para que más que parecernos artificiales nos parezcan costumbristas. Un modo de resaltar la historia por encima de los efectos especiales, algo que durante un tiempo fue al contrario. Derroches de efectos especiales dictaban la personalidad de estas películas. Hoy esta premisa ha cambiado. “Primer” llega tal vez al exceso con esta idea presentándonos a dos protagonistas de traje en escenas en nuestra actualidad que hablan sin cesar de un concepto puro y duro de la ciencia ficción. Se trata de una cinta que podríamos denominar como ocurrió con “2001: Una odisea del espacio” de ciencia ficción dura.

“Primer” Shane Carruth, 2004.

Dentro de la ciencia ficción hay temas que tienen más difícil hacerse sin efectos especiales. Hay casos como “Primer”, “La memoria de los muertos” o “Días extraños” en los que una nueva tecnología se impone y distorsiona el mundo que estaría englobados en el sub-género de las distopías. En estos casos no necesariamente tendremos necesidad de ellos. En casos como “Moon” actualmente seguimos necesitando de algunos efectos especiales ,aunque casi inexistentes, al tratarse de un astronauta en la superficie de la luna para hacernos posible y creíble su ubicación. En otros casos más lejanos al tema que nos atañe, como por ejemplo el contacto con seres de otras galaxias, a día de hoy requiere de efectos especiales y más cuando estos contactos se antojan de consecuencias extremas siempre bélicas. Si buscamos en Internet películas de extraterrestres solemos encontrar invasiones alienígenas a porrillo. Por suerte tenemos casos como “Encuentros en la tercera fase” (Steven Spielberg, EEUU, 1977) o “Solaris” (en sus dos versiones, la de Andréi Tarkovsky, Rusia de 1972 y la de Steven Soderberg, EEUU del 2002). También están las películas de desastres apocalípticos pero estas darían para otra entrada similar a esta. ¿Películas de desastres sin ciencia ficción?. Las hay también sin efectos especiales.

Y es que la ciencia ficción ha llegado a trascender al igual que otros géneros como la comedia, el drama, la acción o la aventura. Se ha convertido más en un modo de hacer que en un genero como tal. “Blade Runner” (Ridley Scott, EEUU, 1982) a parte de ser ciencia ficción también es cine negro o en terminos más modernos un thriller. “La guía del autoestopista galáctico” (Garth Jennings, EEUU, 2005) es una comedia y una aventura aparte del genero que nos atañe. “Star Wars” (George Lucas, EEUU, 1977) está a caballo entre la ciencia ficción y la fantasía – que la fuerza te acompañe, Luke -. “Matrix” (Los hermanos Wachosky, EEUU, 1999) en donde tal vez lo que más pese de la películas sean sus intrincadas coreografías de peleas. “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, EEUU, 1981) la cual mama del genero de terror antes que el de la ciencia ficción. “Eva (Kike Maillo, España, 2011) que ante todo es un verdadero drama.

Después de más de 100 años de existencia el genero de la ciencia ficción ha pasado ya varios ciclos, momentos de reconocimiento y desdén. Se encuentra maduro para poder dedicarle las mismas miras que a otros. Creo que hoy en día pasamos por un ciclo en el que los efectos especiales no son tan necesarios como en otros y lo que buscamos son ideas originales aunque no le hagamos asco tampoco al cine palomitero de grandes efectos.

Acerca de Iván Merchán Suárez

Habiendo estudiado en una escuela de artes plásticas y en la universidad, Historia, creo que el cine es la mejor forma de aunar narración con estética, de ahí que me encuentre escribiendo en un blog de cine. Raro es que no encontremos reflejos de nuestras vivencias en una película o un libro.

8 comments

  1. Antes de nada darte las gracias por el comentario. Yendo al grano esperaba esa reacción ante los comentarios dedicados a la ciencia… jajaja.

    Lo que quiero decir que la ciencia es una excusa para poder contar una historia y darle esa credibilidad para hacernos cuasi real esos mundos posibles. Podríamos contarla en un contexto surrealista, poético, de humor y por ello el mensaje no desmerecería pero por ese handicap que tiene la ciencia en nuestros tiempos parece que la ciencia va ganando ante otros métodos de conocimiento.

    El concepto de herramienta lo uso refiriéndome a que la justificación científica es un modo narrativo como otro cualquiera, una herramienta narrativa muy usada en el cine de los últimos tiempos. Podemos querer que la ciencia sea la que rodea nuestra historia para darle ese carácter de veracidad frente a otro tipo de historias por ejemplo basados en la fantasía en donde lo real o no, no es necesario para la historia. Por ejemplo, El señor de los anillos no necesita de la ciencia para contarnos una historia con sus valores y su mensaje. Por otro lado la Guerra de las Galaxias si busca justificarse en la ciencia para contar la historia hasta el punto de explicar la fuerza, parte mística de la película con los famosos miriclodianos o como se escriban. En las dos pelis que comento se nos habla de una guerra entre el bien o mal con fuertes tintes metafísicos pero una no usa la ciencia y la otra si.

    Aunque igual no haya espacio en este blog para este tema te lanzo una pregunta para la próxima vez que nos veamos en la barra de un bar. Si la ciencia pretende comprender y controlar todos los determinantes para poder prever los resultados de todos los procesos, imaginando un mundo en el que se ha conseguido al 100 por 100 ¿Qué diferencia a nivel ideológico tendría con el concepto religioso de la divina providencia?… ahí te la dejo. Te lo digo como seguidor de la psicohistoria de Harry Sheldon, jajaja, subiendo el nivel de frikismo de este blog.

    1. Gracias por las aclaraciones. En cuanto a lo último, claro que podemos hablarlo en nuestra próxima reunión a pie de barra, pero huelga decir que la ciencia pretende comprender, pero no controlar todas las variables, porque eso es algo que está fuera del alcance de nuestras posibilidades. Podemos aproximarnos a la realidad, pero llegar a comprenderla por completo no es posible (esto ya ha sido trabajado por físicos y filósofos de la ciencia), menos en esta etapa de la historia. Para ello, y como forma complementaria, existen las artes o el denominado “conocimiento revelado” (religiones, creencias, etc) que nos permiten desarrollar otro tipo de conceptos para rellenar los huecos que la ciencia aún no ha podido (y que a lo mejor no puede). De hecho, si pudiéramos llegar a comprender por completo dejaríamos de utilizar los análisis estadísticos para confirmar, no haría falta lidiar con conjuntos de probabilidades.

      1. Exacto. Totalmente de acuerdo. El tema da para mucho, precisamente me refería a lo que apuntas sobre no necesitar calibrar probabilidades por que habria un solo camino conocido como decía la divina providencia pero lo dejo para la barra del bar.

  2. Muy buen post!

    Leyendo ya el primer párrafo me han venido a la mente las dos películas de Duncan Jones que mencionas a continuación.
    Me gustaría incluir también algo de cine patrio (jeje). En este caso, se trata de los Cronocrímenes de Vigalondo. Nunca una (especie de) bañera dio tanto juego. Demuestra, como bien dices, que estamos en un ciclo en el que se premia más una buena idea (o un buen guión) que efectos especiales deslumbrantes y millonarios.

    1. Tienes razón se me paso. Un peliculón. “Los cronocrimenes” (Nacho Vigalondo, España, 2007) y por añadir algo más de cine patrio señalare aunque sea algo más floja “Los últimos días” (Alex y David Pastor, España, 2013). Y yendo a los clásico podríamos poner “Acción Mutante” (Alex de la Iglesia, España, 1992).

  3. Los géneros narrativos se van alimentando unos de otros y nos encontramos que los límites entre la ciencia ficción, el cine negro, la aventura, la acción o la misma fantasía —por citar solo algunos— se difuminan en las ficciones, lo cual enriquece y mola bastante. Si la ficción consigue llegar a ti, ya sea porque te entretiene, te hace pensar o te pone cachondo, no te importa si es un género u otro, aunque siempre tendemos a tener predilección por ciertas temáticas, lo cual es perfectamente normal y respetable —y prejuzgamos de antemano porque ¡hay tanto y tan bueno!—. En cuanto a los efectos especiales, los cuales abundan en este género por motivos obvios, aunque no son imprescindibles —hay que subrayar eso—, los veo como recursos y, en ocasiones, pueden ser determinantes para una ficción en ambos sentidos, el bueno o el malo. Por citar un ejemplo de otra disciplina, ¿qué sería de Rubén Darío o Pablo Neruda sin los recursos estilísticos? —llamadme exagerado, pero creo que serían muy cansinos y nos sonarían como Bukowski, pero sin lo que hace a ese autor tan especial—. Desde los comienzos de la fotografía —que heredaba las composiciones de la pintura—, los artistas habían buscado reinterpretar plásticamente la realidad, haciéndola más bonita, más fea, más exagerada… distorsionándola, al fin y al cabo. El cine bebe de eso, como bien ejemplificas con Méliès. Pues creo que pasa lo mismo con estas pelis, se puede pecar de exceso o puede quedar una cosa muy chula sin tirar de tanto artificio. Todo depende de la destreza del realizador/contador de la historia/guionista/producción y del gusto, sobre todo, del consumidor.

    1. Totalmente de acuerdo. Lo que he querido resaltar es que ante la saturación de efectos especiales que hemos vivido en los últimos tiempos se agradece cuando una historia prescindiendo de estos es ingeniosa, original o creativa. Suele ser habitual que los pocos recursos o al prescindir de tantos efectos especiales hay que volcarse en la historia y sorprender con otros formatos menos cargados de los efectos especiales. He citado por ejemplo películas como Metropolis o 2001: Una odisea espacial como ejemplos de equilibrio entre los dos aspectos que tratábamos, efectos especiales e historia. En el otro extremos podemos encontrar por parte de los efectos especiales por ejemplo Prometheus y por parte de la historia películas como Primer, Moon o The man from the earth. Personalmente me quedo con las segundas.

  4. Muy buena entrada. Como siempre, es un gusto leerte, me parece un análisis muy acertado, donde queda claro que la ciencia ficción no necesita beber de un exceso de efectos para que sea considerada como tal y estoy de acuerdo en una regresión del fenómeno “efecto especial”, carente de sorpresa para el espectador ya, que ve dinosaurios como si nada en el cine, cuando recuerdo la impresión absoluta que me produjo el primer “Parque Jurásico” (yo, un maníaco de los dinosaurios desde que tenía uso de razón). Pero quería centrarme en tu párrafo sobre “la ciencia” en general y que me aclares las dos preguntas que lanzas porque no me queda muy claro que has querido decir con “(…)no es más que un modo de excusarnos(…)” y ” (…)es SOLO una herramienta(…)”. La primera no la comprendo bien, pero en la segunda me atrevería a decir que, a pesar de que la interpretación del mundo se puede llevar a cabo desde varios ámbitos del conocimiento, la ciencia es la ÚNICA herramienta que permite una comprensión real de los procesos que suceden en el mundo (seguro que esperabas este tipo de comentarios jajaja).

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