Cinco apellidos ‘multicultis’

Hace una semana vi la película “Dios mio ¿pero qué te hemos hecho?” (Philippe de Chauveron, 2014, Francia). Después de verla me asaltaron una serie de preguntas a las cuales creo que merecen la pena dedicarles un artículo. No se trata de un tema meramente cinematográfico pero es que el cine no es algo acotado sobre si mismo, es un arte como cualquier otro, un modo de expresarse, no es más que un canal por el que contar las cosas que tenemos en la cabeza. Por lo tanto creo que esta demanda tiene su cabida aquí. Equivocada o no. Cada uno que juzgue y se plantee sus propias preguntas.

Cartel original de la película.

Pongámonos primero en situación haciendo una breve sinopsis de la cinta: Una familia francesa de origen cristiano, acomodada, conservadora, en la que el padre confiesa y se enorgullece de ser seguidor del presidente Charles de Gaulle, un hombre que luchó por mantener las colonias con todos los medios que tuvo a su alcance. La película comienza con un rápido visionado de las bodas de tres de sus cuatro hijas. Y es aquí donde comienza a poneros en situación. Estas tres hijas se han casado con un judío, un musulmán y un chino. Como si el comienzo de un chiste se tratase. Los padres han tenido que superar un sinfin de prejuicios y mostrando un gran talante han aceptado esta situación. No hace falta decir la tensión que se vive en una comida familiar, alrededor de estas situaciones y como se lanzan los diferentes personajes todos los tópicos habidos y por haber como si de hachas se tratasen. Ante este precario equilibrio surge la idea de arreglar la vida sentimental de la cuarta hija para traer un poco de serenidad pero nada sucederá como esta previsto.

Se trata de una comedia clásica francesa con ese estilo tan característico de nuestro país vecino que aprovecha su multiculturalidad para abordar temas con humor pero no carentes de importancia. Ya sabemos que el humor es una buena herramienta para tratar temas serios. Y es que en Francia su pasado colonialista esta todavía muy presente demostrando una vez más que ese siglo XX que ya parece muy antiguo sigue muy presente. Bueno no nos vayamos por las ramas.

Personalmente pienso que la película aunque divertida le falta algo de profundidad y un poco de riesgo. Su humor es bastante blanco, incluso comedido. Aun así no hace desmerecer la intención de la película en un intento algo simplista pero muy correcto. Nos reímos de unos estereotipos y situaciones que se dan más veces de las que nos gustarían y que en el mundo real todavía arrastramos como un lastre. La próxima vez que nos encontremos estas situaciones basadas en nuestras diferencias posiblemente nos traerán al recuerdo la película y sabremos verlas con más benevolencia y tolerancia. Esta película sirve para romper tabús como la clásica frase que reza de la siguiente manera: «Yo no soy racista pero que mi hija no se case con…», aquí podemos poner la etnia que deseemos o que toque en cada momento. En definitiva normalizar una situación que ya esta aquí y que a veces nos resistimos a aceptar.

Dicho todo esto, es momento de entrar en esas cuestiones que me surgieron al ver esta película. No pude dejar de encontrar ciertos paralelismos con la comedia “Ocho apellidos vascos” (Emilio Martinez Lázaro, 2014, España) que tanta controversia arrastra. En esta, un joven sevillano se enamora de una joven vasca y la sigue hasta su pueblo en el País Vasco donde se encuentra con el padre de esta que es bastante cerrado y demasiado autóctono. Tendrá que fingir ser vasco haciendo una sobreactuada imitación para conseguir la aceptación de este. Durante toda la película nos encontraremos con gags basados en todos los tópicos tanto andaluces como vascos.

Creo que las comparaciones están más que servidas. Salvando el modo de hacer de el cine de cada país que tiene grandes diferencias, la intención y el efecto es similar. Las dos adolecen de lo mismo de tal vez ofrecer poca profundidad sobre el tema que tratan y quedarse en lo más superfluo pero es que igual esa es la intención para no caer en debates que puedan ofuscarnos. Claro está que ambas buscan un público mayoritario y eso es más fácil con un humor blando que duro. La película pretende hacernos reir no llegar al punto de hacernos sentir culpable. Busca más el entretenimiento que obligarnos a hacer un trabajo de autocrítica. Tampoco quiero entrar ahora en el debate sobre la comercialidad, sigamos.

Demos un paso más. Ambas películas han disfrutado de una taquilla más que generosa en sus sendos países hasta el punto de que en breve estrenan la secuela “Ocho apellidos catalanes” (Emilio Martinez Lázaro, 2015, España). Sin embargo en el caso español la película levanto mucha controversia. Hace unos meses cuando la vi y la comenté con varios amigos la postura general fue de “como te puede gustar eso”. La críticas más sesudas y con una supuesta integridad le ha dado mucha caña a la cinta tildándola de chabacana, de mal gusto, de soez, etc… Es como si la película aparte de ser mala hubiese cruzado una puerta que no debe cruzarse, es como si más que crítica hablásemos de castigo por romper las reglas de…vete tu a saber.

Yo personalmente pienso que las dos películas pueden estar contentos con su taquilla y que hayan generado tanta crítica. Pero resulta que la película francesa tiene mejor acogida que la española entre los críticos y eso me chirrió. He pensado varias cosas sobre por qué hay más clemencia ante una que ante la otra. Como con la cinta francesa suelen decir que igual es algo simplista o ligera mientras que de la española se dice que es horrible, detestable, fallida, etc. He pensado varias posibilidades que expondré a continuación, cada uno que escoja la que más le guste o que incluso añada alguna otra posibilidad.

La primera es la más sencilla, puede ser que la española tenga menos calidad, esté hecha con menos gusto y sea menos acertada. No estoy muy de acuerdo con ello aunque admito que me pareció algo mejor la francesa que la española. Me resulto más completa, más redonda en cuanto a la cantidad de personajes. Pienso que esto le da más juego a la francesa que en el caso de la española al tener menos personajes y menos temas que tratar hace que se agoten antes.

Otra posibilidad que barajo y que creo que es indiscutible dentro de las habituales críticas que se le hacen al cine nacional es el complejo que tenemos los españoles con nuestra cultura. Es algo que no surge en el cine sino que viene de largo. En la historia admiramos antes eventos exteriores que patrios. En el día a día existe una frase graciosa que todo español aceptamos demasiado a menudo: «Con España me puedo meter yo pero que no venga otro de fuera a meterse con nosotros». Sí, nos defendemos con garras y uñas pero cuando miramos hacia dentro nos sentimos culpables. En el mundo del cine nos encontraremos habitualmente con la situación de que mucha gente cuando le comentas una película, asientan con agrado pero cuando decimos es española rápidamente la desechan como cine que no le interesa. La crítica siempre es que no es emocionante, que los temas se repiten y cansan, que le faltan temas más grandes. pero no es del todo cierto. Hemos corrido riesgos y demostrado valentía realizado películas como “Los Cronocrimenes” (Nacho Vigalondo, 2007, España) película sobre viajes en el tiempo, “Los Últimos días” (Alex Pastor y David Pastor, 2013, España) historia de un apocalipsis por todo lo alto con grandes escenarios, nada de un grupo de personas en una cabaña perdida de la mano de dios por falta de recursos para rodar de forma espectacular un apocalipsis. “Rec” (Jaume Balaguero, 2007, España) cinta de terror versionada como comentábamos en un articulo anterior por Hollywood, etc…Como podemos ver incluso haciendo películas que saltan fronteras no solo en la taquilla sino en su estilo de rodaje y aun así seguimos diciendo que los demás tratan estos temas mejor que en España.

También he pensado que hay un sector que se ha sentido insultado. Cuando vemos la francesa trata temas y situaciones lejanas que no nos tocan mientras que la española habla de cosas de aquí en las que nos podemos ver representados, sí claro, de forma exagerada y desmedida, que son herramientas básicas del humor. Pienso que igual si el problema es este, la solución es igual un revisionado más benevolente intentando tener un mayor sentido del humor y abandonar los prejuicios que tenemos. Soy el primero que reconozco que la francesa me gusto más e igual este fenómeno tiene que ver en ello o tal vez no, pero puedo decir que abordé ambas películas predispuesto y sabiendo el tema de ambas películas y eso supongo que me facilito la risa. Puedo criticar algunos chistes contra los que puedo tener una opinión que los ponga en tela de juicio pero estoy de acuerdo con otros. Al igual que hay diversidad de opiniones, igual que acepto unos chistes hay que pensar que otros chistes que a la primera me parezcan malos proceden de esas otras opiniones o formas de ver el mundo. No sólo hay que ser consciente de ellas, sino no negarlas, ya que eso no hace que desaparezcan. Recuerdo una anécdota que venia de Alanis Morrisete cuando accedió a hacer la película de “Dogma” (Kevin Smith, 1999, EEUU). Comentó que en un momento dado vio las películas del director y pensó que ese humor no era para ella, que era un humor negro fuera de lugar. Después de conocer al director y ver que no había mala intención detrás de su trabajo se desinhibió y se lo paso bien y se descubrió riéndose con aquellos chistes que incluso podían servir para abordar temas complicados.

Hay gente que piensa que el humor tiene sus limites. No seré yo el que diga que no viendo como esta últimamente la cosa. Pero añadiré que si tiene límites éstos deben depender del contexto y las circunstancias y no ser algo taxativo. Os dejo a continuación el funeral de uno de los miembros de los geniales Monthy Python en donde sus compañeros quisieron afrontar el momento con su característico sentido del humor consiguiendo todo un éxito al arrancar risas de los congregados. Ayudandoles a sobrellevar y aceptar el trágico momento. Comprobamos que hasta la muerte puede ser vista con humor.

Creo que hay personas que en este tipo de cine, en el que se pretenden abordar temas polémicos, reflejos de nuestras sociedades y sus problemas, esperan encontrar soluciones. Cuando esto no sucede se sienten frustrados al no obtener respuestas que le faciliten una opinión sobre la cuestión. La respuesta que podemos buscar está en la misma cinta en si. En el hecho de que nos paremos a pensar sobre la sensación que nos ha producido la cinta. Es una respuesta, un aprendizaje que no parte de datos concretos sino de las emociones. Para que lo entendamos pondré un ejemplo que supongo que habremos vivido todos cuando hemos estudiado. Una cosa es el contenido de la asignatura, el temario. Puede ser escaso o muy completo, confuso o por lo contrario muy inteligible, mas completo o menos. Pero hay otro nivel en el proceso de aprendizaje. La empatía del profesor, la capacidad de este para transmitírnoslo. Igual con su actitud no nos da gran cantidad de información objetiva pero en cambio es capaz de crearnos la situación óptima de asimilación. Todos estaremos de acuerdo que en aquellas clases en las que el profesor fue especial aprendimos más y mejor.

En definitiva a mi viendo la película francesa me fue imposible olvidar la española y dejar de hacer comparaciones. Soy muy de buscar fuentes y se puede ver en mis artículos anteriores. Creo que hay algo de todo lo comentado anteriormente en la valoración que hacemos de ambas películas. Es muy difícil, sino imposible, desembarazarse de todos nuestros prejuicios, de nuestro carácter subjetivo.

Acerca de Iván Merchán Suárez

Habiendo estudiado en una escuela de artes plásticas y en la universidad, Historia, creo que el cine es la mejor forma de aunar narración con estética, de ahí que me encuentre escribiendo en un blog de cine. Raro es que no encontremos reflejos de nuestras vivencias en una película o un libro.

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