Cómo acabar con los otros – Anders Ronnow Klarlund (2007)

¿Os imagináis que un día nos levantamos siendo el objetivo de un descabellado plan estatal contra aquellos ciudadanos que han dejado de ser productivos para la sociedad?. ¿Y si por la misma razón somos detenidos y aislados con el propósito de purgar la conducta inmoral de la que nos vanagloriamos, trasladados a barracones y convocados a declarar sobre el dinero que el Estado nos remite en concepto de becas, subsidios, pensiones de invalidez, y otras compensaciones? O más aun, ¿cuáles serían vuestros pensamientos y contra quién iría vuestra rabia si finalmente somos condenados por el despilfarro que supone para la Administración tolerar la incapacidad de cada cual para resultar rentable, ya sea esta rentabilidad económica o meramente espiritual?.

Este escenario distópico es el que nos plantea Anders Ronnow Klarlund para hilar la trama de “How to get rid of the others” (Como acabar con los otros, 2007), brutal sátira política que nos llega desde tierras danesas. El planteamiento sorprende aun más, por venir de un país que ha destacado en la estructura geopolítica mundial por ser uno de los bastiones de la tolerancia bien entendida, y ofrecer un respeto escrupuloso hacia las minorías y las coberturas sociales del ciudadano. Este imaginario tan bucólico rompe en mil pedazos desde los primeros minutos de metraje haciéndonos partícipes, como si de un juego se tratara, de la suerte de estos personajes, ya que a medida que avanza y se suceden las historias personales tenemos la sensación de ser nosotros los interrogados, haciéndonos dudar de nuestro propio civismo y de la integridad moral que se le supone a la lógica del Estado y su noción de bien común.

Poster de la película

Dinamarca, 2007. Se declara el estado de excepción durante las vacaciones de verano, periodo de asueto y tranquilidad para los buenos ciudadanos y contribuyentes ejemplares de las arcas públicas del país. En un colegio que hace de improvisado campo de concentración, son aisladas un gran número de personas, detenidas y trasladadas desde todos los barrios a la espera de ser entrevistadas por el mando militar al cargo. Su detención obedece a la puesta en marcha del plan ‘Nuevos Crierios de Copenhague’, medida gubernamental para decidir el futuro de aquellos excluídos del sistema, sujetos que por diversas razones se han convertido en una carga económica para el Estado. Algo similar al perfil nini pero extendido a colectivos vulnerables como parados, alcohólicos, dependientes, estafadores, o amas de casa que cobran todos los subsidios posibles. Lo que empezó como una broma de un funcionario en los pasillos del Ministerio de Hacienda se ha convertido en la ejecución de un plan de ahorro que provocará en los presupuestos del Estado una prosperidad jamás concebida. Así, el selecto grupo ha sido escrupulosamente seleccionado de ese 20% de la población que consume el 60% de los recursos financieros de la sociedad.

Hasta aquí nada de gracioso para ser una sátira, o sí. Sigamos.

Escena de la película (Fuente: IMBD). Fragmento:Aquellas personas que han cobrado una pensión u otros beneficios durante años, excepto la jubilación; aquellos que han defraudado deliberadamente a la sociedad; aquellos que han abusado de drogas, alcohol, etc.; aquellos que usan los servicios de sanidad más que la media; los que no pueden cuidar de sus propios hijos, los parados de larga duración; en definitiva, una larga y despiadada lista, pero no por ello menos ingeniosa

La única forma de evitar el castigo es que el detenido ofrezca una visión, una determinada ética y filosofía de vida que pueda justificar tal volumen de gasto  por parte del Estado, o bien nombrar, al menos, una contribución genuína que haya aportado su existencia a la sociedad de la que forma parte. Y todo ello bajo el escrutinio de un examinador que con adémanes burócratas les ofrecerá la posibilidad de expurgar sus faltas cívicas a través de una confesión sincera.

A partir de este planteamiento empezamos a conocer a toda una galería de personajes rocambolescos que sustituyen la tensión inicial por la claustrofóbica sensación que provoca el escrutinio de los funcionarios, que poco a poco van minando la dignidad de unos personajes que terminan configurando una imágen devastadora de sí mismos acabando con todo atisbo de autocomplacencia. A pesar de este nexo común, cada uno de ellos responden de forma diferente a esta situación, pasando de la violencia irreverente frente a la autoridad, a la súplica incontenible por una nueva oportunidad. A través de estas reacciones se introduce el dilema moral de esta historia y el reto que plantea al espectador el director del film. La indefensión y empatía inicial deja paso a una sucesión de acontecimientos que revelan un cierto rechazo ante los motivos que exponen los personajes para justificar un comportamiento donde el fraude y el juego sucio son formas de vida frente a un sistema que a priori les ha dado suficientes oportunidades para virar el rumbo. Hay momentos, en los que sobrevuela un pensamiento cómplice con los motivos que han llevado al Gobierno a establecer tan drástica medida. Hasta que lo racionalizas, y el sentido común abre el camino a una segunda lectura que planea sobre esta singular epopeya. Una lectura en clave política que parece anticipar con un año de antelación el contexto de crisis y austeridad que años más tarde ha supuesto un enorme recorte en derechos sociales y del Estado de Bienestar en gran parte de los países avanzados. En este sentido, la película pretende fabular con varias cuestiones. ¿Dónde se sitúan los límites en la acción de un Estado y las obligaciones que impone a sus ciudadanos cuando está en juego sobrevivir a las exigencias del desarrollo económico? ¿Tenemos la sociedad civil herramientas para detectar la discriminación y violación de los derechos humanos cuando estos hechos se disfrazan de medidas inevitables, responsables y eficaces?. La película, aun en clave hiperbólica y burlona, es una llamada de alerta que nos obliga a ser suspicaces frente a este tipo de impulsos más frecuentes de lo que podríamos imaginar en la clase política.

A pesar del potente argumento, en ocasiones, la cinta pierde intensidad, quizás debido a la introducción de elementos y subtramas en el guion que pretenden un viraje a la acción y la épica, en detrimento de la principal virtud de la historia, el drama existencial que afecta a sus protagonistas. Uno de estos elementos es la espontánea aparición de un barco controlado por la resistencia, que promete al detenido la huída a una islote africano, fértil y hospitalario para empezar una nueva vida, tener una segunda oportunidad. El reparto es un valor añadido, un plantel de caras conocidas en la ficción televisiva de este país nórdico como Søren Fauli (Deroute), Niels Weyde (Forbryddelsen; Borgen), o el veterano Søren Pilmark (Vikings). Pero de mención especial es la interpretación de Louise Mieritz (Los Idiotas, 1998; El jefe de todo esto, 2006), que hace un formidable trabajo en el papel de Sidse, abnegada e incansable heroína de esta historia.

La actriz Louise Mieritz interpreta a Sidse (Fuente: IMBD)

Alabada por la crítica especializada, pero con un éxito menor en las salas de cine europeas y el gran público, la película reume el estilo más gamberro y escéptico de su director que tras la exitosa fantasia épica animada “Strings” (2004), ha abordado en sus siguientes trabajos la problemática y eterna dialéctica entre individuo y sociedad desde una perspectiva muy novedosa, sin añadir moraleja a los dilemas que subyacen a este tipo de producciones. Quizás la singularidad de su filmografía haya contribuido a la decisión de abandonar la realización cinematográfica tras su última película “The Secret Society of Fine Arts” (2012) de la que ya hablamos en este blog con motivo de su exhibición en el Atlántida Film Fest del pasado año. Los motivos que alegó acusaban a productores y distribuidores cinematográficos de «(…) estar más preocupados por el dinero que por el arte». Una industria que trata «(…) a directores y guionistas como si estuviesen salvando la economía, mientras no paran de decir a los políticos que no podrían sobrevivir ni un día sin las ayudas públicas». Quizás ha sido algo impaciente dada su corta filmografía, o quizás se intuya la valentía algo soberbia que caracteriza a los autores geniales. Sea como sea, es una mala noticia para los amantes del cine diferente, del cine al que de forma magistral nos va acostumbrando cada vez con más ejemplos la cultura nórdica en general, y Dinamarca en particular.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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