DE VIAJE AL ATLÁNTIDA FILM FEST 2015: UNA ODISEA ( 1 )

Hace poco más de una semana que concluyó la quinta edición del Atlántida Film Fest, un festival que nos trae a casa un variopinto catálogo de produciones cinematográficas que exige del espectador cierta planificación previa para no acabar rendido ante el escaso tiempo y la abundancia de títulos. Desde que sigo esta cita anual, desde su primera edición, mi intención ha sido esa, fijar un criterio para elegir las cintas que habré de devorar con pasión y cálculo durante el mes de festival. Digo mi intención, porque ahí se queda, en intención. Normalmente el criterio se va diluyendo poco a poco según el estado de ánimo que me vaya atrapando a medida que avanzo en el visionado de los diferentes títulos, con la sola excepción, de obligado cumplimiento, de priorizar a aquellos autores imprescindibles que cada año se cuelan en el certamen.

Quedaba así prefijado de antemano en este particular calendario la seductora trilogía del crítico galés Mark Cousins (Here be dragons; Life my Be; 6 Desires: DH Lawrence and Sardinia), a concurso en la sección oficial del festival. Una grata sorpresa que alimentó mi recién adquirida devoción por el autor de la magna obra ensayística “Story of the film: an odissey (Mark Cousins. Reino Unido, 2011)” una historia del cine pretendidamente subjetiva, poética y catalizadora de aquello que más nos gusta del séptimo arte pero aún no sabíamos. Con esta trilogía el autor deja al cine omo objeto, y lo utiliza sólo como excusa para apuntar con la mirada a problemas de índole social; como el papel de la mujer en el mundo contemporáneo, los traumas del pueblo albanés simbolizados en el moribundo estado de su filmoteca nacional, o el conflicto cultural entre Oriente y Occidente. Mi sensación es tan abrumadora que aplazaré la crítica de esta trilogía a una entrada monográfica sobre este autor, que se ha ganado un lugar en mi santuario personal.

Sirva lo anterior como nota al pie, para hablaros de mi experiencia con algunos de los títulos exhibidos en el festival. He decidido hacer la crónica en dos partes, una primera parte dedicada a tres películas de la sección oficial y una segunda parte que indagará el panorama europeo a través de cuatro películas presentadas en la sección atlas. Este año no he podido prestar la atención debida a las secciones paralelelas como (Anti) Propaganda y la sección oficial de cortos. Para compensar y profundizar en ambas secciones os recomiendo la lectura de dos buenas críticas de una y otra.

Comienzo mi recorrido donde lo terminé en la pasada edición. Con el nuevo relato posmoderno de jovén director barcelonés Carlo Padial. Su ópera prima “Mi loco Erasmus (2012)” tuvo una acogida desigual por la crítica especializada, dividida entre los que veían en ella un experimento casero, sin más historia que las ocurrencias esporádicas de un club de apátridas culturales, y los que preveían en la irreverencia y cinismo del guion un nuevo espacio para la aparición de antihéroes, que hicieran del fracaso y la frustración del individuo contemporáneo un motivo de celebración. Su segunda película, “Taller Capuchoc (Carlo Padial. España, 2014)” a concurso en esta edición, confirma que quizás ambas posturas tengan un poquito de razón, y en su síntesis esté la explicación. Carlo Padial, en colaboración con el escritor e ilustrador Miguel Noguera, y el inclasificable artista Didac Alcaraz entre otros forman parte del proyecto audiovisual ‘Los Pioneros del s.XXI’, más que un movimiento literario, la manifestación de una idea. Una suerte de revancha cooperativa fraguada por los excluídos de la industria cultural.

En esta ocasión, el argumento, como una excusa cualquiera, se agarra a las vicisitudes de un escritor amargado, con solo un libro publicado, consciente de que ya no es ‘joven’ ni ‘promesa’, que debido a sus dificultades económicas toma un empleo cuyo imaginario siempre ha considerado como la perdición de un escritor: impartir un taller literario. Sus alumnos no ayudan a superar el hastío que siente, in crescendo a medida que avanza el metraje. Todos jóvenes, todos emocionalmente divergentes. Un snob adinerado, cuya actividad literaria se reduce a imitar clichés estéticos y mostrar su erudicción metaliteraria, a través de sentencias adquiridas, plagiadas, inoportunas. Una inquietante bloguera, cuyos principales hitos en esta desagradecida industria se reducen a ir acumulando seguidores en las redes sociales. Por último un extraño personaje que fagocita cualquier cosa que pueda leer, para poderlo vomitar en cada una de sus clases. Este desalentador panorama le sirve a Padial y su fiel compinche Miguel Noguera, para expresar su particular visión de la industria literaria. Una mirada incisiva y satírica, que declara la muerte del autor, y que pone en evidencia la eterna disyuntiva entre serlo y parecerlo, entre la auténtica creación literaria o el baile de máscaras que supone la vida literaria. No la recomendaría a quien no guste del surrealismo criado en la mejor escuela de Muchachada Nuí y Museo Coconut, o no comparta la actitud vital que responde al nihilismo con una sonrisa. La película es una hoja en blanco que se muestra al espectador para hacerlo cómplice del patetismo y la genialidad que supone escribir solo en los márgenes. Si esta complicidad no se logra, la cinta pierde efecto, mordiente, quedando reducida a una sucesión de gags y anécdotas supérfluas que ponen a prueba la paciencia del espectador. Tengo que decir que conmigo lo logró, y tras disfrutar como un enano durante los 84 minutos que dura el metraje, me quedé con la sensación de haber asistido a una sesión de psicoanálisis, o más exactamente a mi primera sesión de risoterapia.

La segunda etapa de mi viaje tiene como escenario Polonia, concretamente su capital Varsovia. Se presentaba la cinta “Traffic Department – Drogówka (Wojtek Smarzowski. Polonia, 2013)” con una gran expectación tras su buena acogida en el Festival de San Sebastián, así como por la innovación técnica que supone rodar buena parte de la historia con cámaras de vigilancia y dispositivos móviles. A esto hay que sumar lo atractivo del argumento, una radiografía sin escrúpulos ni censura de la corrupción policial a todos los niveles que existe en este país miembro de la UE desde 1994 (al parecer detalles estos de poca importancia a la hora de sumar socios). Pues bien, la película tiene dos partes bien diferenciadas, cuya asimilación por parte del espectador dependerá de como llegue a ese intermedio. Empieza bien, presentando a los personajes cuyas acciones y perfil psicológico nos irán descubriendo el entramado de camaradería entre agentes de carretera y sus diferentes maneras de estafar al ciudadano. Los lazos entre ellos tienen un único pegamento, la corrupción. Ésta se muestra pegajosa, instalada en la sociedad como una forma de vida, supervivencia más bien, ya que son sus exiguos salarios la razón que parece justificar sus actos. Sus vidas personales quedan al margen, no hay confesiones compartidas ni familiaridad entre ellos más allá de su común participación en la manipulación de radares, la ejecución de multas arbitrarias y los chantajes contínuos a todo aquel que escoga una mala hora para circular por sus calles, como si de una ruleta rusa se tratara. A pesar de ello, el espectador obtiene un retrato de la vida íntima de cada uno de ellos, una serie de subtramas donde ningún personaje está a salvo de sus propias miserias y preocupaciones familiares. En sus ratos libres comparten una vida de excesos, borracheras y prostíbulos, cuya atmósfera es expresada con gran acierto, sorprendentemente, mediante las cámaras móviles antes mencionadas. Estas escenas caleidoscópicas, marcadas por un suceso trágico que implican al personaje principal de la historia, el sargento Krol, cierran con dureza, frialdad y cierta sensación claustrofóbica la primera parte de la cinta.

A continuación, de forma más pausada y tras haber alimentado de aforismos visuales la mente del espectador, comienza la película su etapa más reflexiva, siendo su movil principal las sucesivas entrevistas que tienen los agentes con asuntos internos, con el fin de dilucidar el caso de asesinato ocurrido en una de las escapadas nocturnas del grupo. Nada más lejos que suponer algún parecido con los departamentos de asuntos internos efectivos e intimidatorios que nos enseñan las películas norteamericanas. Aquí, los agentes pasean sus magulladuras y bravuconería sin miedo al castigo, como si de un espejo se tratara. Sus excesos son defendidos y el corporativismo entre ellos es brutal, sin fisuras, interiorizado, sin remedio parece decirnos el realizador. Esta parte adolece de mucho menor ritmo que la primera, y exige del espectador que vaya montando las piezas del puzzle de la mano del protagonista, en su intento amnésico y desesperado por hacer encajar su historia en una presunción de inocencia puesta en duda hasta el final. En resumen, factura técnica innovadora, ritmo desigual aunque trepidante la primera media hora, y unos personajes que ayudan a recrear la cautividad en la que se encuentra el Estado de Derecho en todos los estamentos de la sociedad polaca. Recomendable, aunque pueda resultar indigesta por su crudeza y cinismo en algunas ocasiones.

La última parada de este paseo por la sección oficial del Atlántida tiene como protagonista a la flamente ganadora del festival. Se trata de la producción argentina “Dos Disparos (Martín Rejtman. Argentina, 2014)” que a pesar de su largo recorrido (Locarno, Toronto y San Sebastián) no llamó mi atención en el muestreo previo de las películas a concurso. La ví más por casualidad, a pocos dias de la clausura, a medida que me preguntaba si esta sería por fín la edición donde las películas premiadas no se me hubieran pasado por alto en mi hoja de ruta. Lo conseguí. Aunque esta euforia se mezcle con la constatación de que cualquier parecido entre los gustos del jurado y los mios, al menos en lo que respecta a esta película, es pura coincidencia.

La película empieza muy bien, la idea que pone en juego es muy potente. Un chaval bailando techno en una lúgubre discoteca, sólo, él y el estrépito sonoro. La siguiente escena, ya de dia y de vuelta a casa. Se viste con ropa de trabajo y comienza a cortar el cesped. Plano fijo, sonidos ambientales, acciones cotidianas que terminan con el protagonista de la escena sentado en la cama. De pronto dos disparos. Silencio. Un acto fatal que escamotea un final anticipado, y que precisamente por eso, hace posible cualquier trama imaginable a partir de aquí. Es el principio soñado, sin embargo, eso fue todo. Pasado este sobresalto, lo que parece ser una reflexión existencial sobre los problemas de insatisfacción del adolescente contemporáneo en un mundo hiperconectado, pasa a ser una sucesión de momentos que recrean la vida de los integrantes de una familia, de manera fragmentada, tan lánguida que se me hizo muy difícil conectar con sus vidas. Mariano, el chaval del comienzo, tiene 16 años, y su vida se reparte entre el aburrimiento y el ensayo con un cuarteto de música barroca. Ezequiel, su hermano mayor, con la vida laboral resuelta pero con una dificultad frustrante a la hora de encontrar pareja. Por último, la madre, Susana, que ha dedicado su vida a cuidar de los dos hijos sin el apoyo de un padre ausente. El resto, son personajes secundarios, los cuales aportan una sensación de realidad que compensa las personalidades planas de los protagonistas. Es el entorno que recrean estos personajes secundarios lo que pone de manifiesto la fragilidad de sus vidas, una  toma de conciencia de que algo trágico ha sucedido aunque no haya acabado de materializarse. La respuesta a esta sensación de vacío, no es afrontar el problema sino desplazarlo, ocultarlo, quitarlo de la vista y seguir con sus vidas como si nada hubiera pasado. Esta metáfora ofrece una tabla de salvación al espectador para poder soportar el resto de la película, aunque queda diluida en la absoluta carencia de ritmo a medida que avanza, solo salpicado por algunas escenas de un valor agradablemente simbólico.

Escena de ‘Dos Disparos’, película del director argentino Martín Rejtman, ganadora de la última edición del Atlántida Film Fest

El éxito del juego de tramas donde ninguna es la principal, depende en gran medida de como se hilvanen éstas en una sucesión lógica de acontecimientos, o en su defecto, de una temática común que sirva de nexo a las microhistorias dispares que se presenten. Lo primero lo hizo muy bien en su momento “Closer (Mike Nichols. EE.UU, 2004)”, “Magnolia (Paul Thomas Anderson. EE.UU, 1999)” o de manera hiperbólica la reciente “Relatos Salvajes (Damián Szifron. Argentina, 2014)”. Ejemplo de lo segundo, la sublime y oscarizada película italiana “La Gran Belleza (Paolo Sorrentino. Italia, 2013)”. Sin embargo, este rasgo es de lo que carece principalmente esta película. Así, el espectador observa con desperación el salto de un personaje a otro, sin llegar a comprender la motivación de ninguno de ellos. Personalmente me encantan las historias que muestran lo extraordinario en la simpleza de lo cotidiano, pero aquí esta aparente sencillez oculta un ejercicio pretencioso, de forzada profundidad, una historia que se fue desinflando como un globo hasta su conclusión.

(Continuará…)

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

3 comments

  1. La entrada esta genial. Y comparto contigo esa sensación que dices tener del anterior festival que comentas. Leyendo tu post me queda claro que mis elecciones quedaron muy lejos de la altura del certamen de este año.

    1. Muchas gracias Ivan. Es normal esa sensación, ya cuesta elegir entre esa cantidad de películas y el poco tiempo del que solemos disponer. Tras la práctica de anteriores ediciones, se intenta realizar una selección equilibrada pero acorde con tus gustos, aunque la sorpresa siempre te la llevas. Esto es algo bueno, aunque en esta edición ya se han oido voces acerca del excesivo volumen de pelis en exhibición, una media de dos al día, hace ardua la tarea de realizar crónicas exhaustivas. Desde la blogosfera se ha propuesto realizar preestrenos de títulos importantes con el fin de que podamos seguir alimentando a este enorme festival sin caer en el agotamiento 🙂

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