Desde el Sáhara a Nueva York : la diáspora del cine africano

Hace una semana concluyó el Festival Internacional del Sáhara Occidental (FISahara), ayudando un año más a visibilizar la situación de miles de refugiados que dura ya 38 años. En la vasta llanura desértica -este año ha sido elegido el campo de refugiados de Dajla– se consolida desde hace 10 ediciones un festival de “cine bajo las estrellas” siendo la hospitalidad y entrega de sus habitantes un signo de identidad frente al trasiego de tecnología, cámaras y maquinaria exhibidora que durante unos días evaden a la comunidad de su rutina, ya de por sí épica. A falta de atención política, el cine no falla a su cita con los derechos humanos en este territorio promoviendo el encuentro de cineastas con esta realidad, talleres de creación cinematográfica y foros de intercambio cultural que hacen que los títulos exhibidos sean mera anécdota frente al rico intercambio de experiencias.

Campo de Refugiados de “Dajla” (Algeria) – Photo: http://andresfraga.tumblr.com/

Esta edición ha contado con la participación de los actores españoles Sergi López y Ana Wagener, y con un sentido homenaje a Nelson Mandela, una figura muy comprometida con la lucha del pueblo saharaui. El festival abrió con la premiada “Invictus” (2009) dirigida por el veterano Clint Eastwood, que narra el proyecto de Mandela para unir a blancos y negros de Sudáfrica a través del equipo de rugby nacional. Una película sobre la identidad que conectó de forma especial con los espectadores, en su mayoría refugiados. Respecto a las cintas exhibidas, desde el cine más comercial y de puro entretenimiento como “Zipi y Zape” (2013, Oskar Santos) o “Futbolín” (2013, Juan José Campanella) que hizo las delicias de los más pequeños del campamento, a peliculas de tensión dramática como “Ismael” (2013) del argentino Marcelo Piñeyro o de crítica social como “Dirty Wars” (2012, Rick Rowley), sobre la intervención armada de USA en el exterior donde cualquier parecido con la versión oficial es pura anécdota ó “Diamantes Negros” (2013, Miguel Alcantud), que ofrece un crudo diagnóstico de lo que se cuece en el fútbol europeo, tras la venta de jóvenes talentos procedentes de regiones africanas.

Escena de la película “Diamantes Negros” en la que Carlos Bardem interpreta a un ojeador de dudoso fair play – Photo: Wikemedia Commons CC

Cambiando de tercio, hace unas semanas cundió la noticia, difundidas a través de las redes sociales, sobre el secuestro de 200 niñas de un colegio nigeriano a cargo de la milicia fundamentalista Boko Haram. Nigeria es actualmente el país más rico de África, sin embargo la desigualdad sigue siendo brutal, y la seguridad un asunto pendiente que el gobierno por sí solo no puede controlar. Los países occidentales suelen hacer caso omiso a este hecho en sus políticas de cooperación al desarrollo, quizás porque una democracia frágil sea conveniente para seguir controlando el flujo de capitales, no vaya a ser que reclamen su parte, como ya contaba este documental. Esta inoperancia de Occidente transcurre como telón de fondo en la película que el pasado 7 de mayo abrió el Festival de Cine Africano de Nueva York, que ya va por su 21ª edición, contribuyendo y “cooperando al desarrollo” de la emergente industria cinematográfica africana, también llamada Nolywood. La película se llama “Confussion Na Wa” (2013, Kenneth Niang), reciente ganadora de los premios de la Academia Africana del Cine, que en clave de comedia negra cuenta historias entrecruzadas de personajes desconocidos cuya trama se va tejiendo a partir de un evento casual. Entre el reparto se encuentra, Chiwetel Eijofor, el protagonista de la  ganadora del oscar en la reciente edición “12 Years a Slave”  (2013, Steve McQueen).

Nueva York se convierte así en el escenario internacional en el que convergen los principales representantes y nuevos talentos de la industria nollywoodiense, exhibiendo en forma de largometrajes, cortos, documentales y cine experimental la óptica audiovisual que se fragua a orillas del mar mediterráneo. Y es que, si el siglo pasado fue la época de las descolonizaciones y los movimientos de liberación, como horizonte, África tiene el reto de mostrar al mundo su trabajo, fruto del esfuerzo, la lucidez y la supervivencia de un continente con una voz propia que trasciende la lectura exótica que Occidente, vanidosamente, ha proyectado sobre su cultura.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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