El endemismo de las pandemias en el cine

Ya casi nos hemos acostumbrado a ver individuos decrépitos que deambulan torpemente por el mundo entero en busca de órganos vitales que echarse a la boca, todo ello bajo la batuta de algún “perverso” microorganismo que se propaga y devasta a la población. Sin duda el lector habrá deducido que hablo de zombies, alimañas derivadas de la acción de potentes agentes infecciosos que acaban por transformar a sus huéspedes…en el cine (y la televisión).

El cine nos presenta las pandemias como azote de una humanidad expuesta a unos peligros que parecen escapar a nuestra capacidad de control. Si bien es cierto que desconocemos mucho más de lo que pensamos de estos “simples” organismos, también es verdad que se ha avanzado mucho en la capacidad de control de los procesos infecciosos derivados de algunos de ellos, a pesar de las aciagas noticias derivadas de juicios a ciegas que llegan en los últimos días. Pero en la industria del cine también existen películas que hablan de pandemias que no tienen como protagonista un agente infeccioso, sino aspectos de nuestra sociedad engranados ya en nuestras formas de vivir y pensar y frente a los cuales a veces creemos haber desarrollado una estrategia efectiva para combatirlos, más yo diría que permanecen en estado de latencia a la espera de encontrar la oportunidad para manifestarse en diversas formas. Esta entrada no pretende hacer un análisis exhaustivo de determinadas películas de pandemias, sino hacer un barrido global de los principales tópicos que se cubren en la mayoría de ellas y descubrir los patrones comunes que emergen para convertir las pandemias prácticamente en endemismos cinematográficos.

Probablemente sea la figura del héroe que tanto gusta la más icónica en éste tipo de películas. Si echamos una ojeada a las cintas más recientes como I Am Legend – Soy leyenda (Francis Lawrence. EE.UU, 2007)”, Children of Men – Hijos de los Hombres (Alfonso Cuarón. EE.UU, 2006)” o 28 Days Later – 28 días después (Danny Boyle. EE.UU, 2002)”, en todas encontramos que el futuro de la humanidad se deposita en manos de una persona (caso de Soy leyenda o Hijos de los Hombres) o bien de un pequeño conjunto de personas (caso de 28 días después). Aquí es necesario hacer un llamamiento casi que urgente: luchar contra una pandemia no es cosa de un pequeño grupo, casi siempre algo chalado y donde cada uno es una cosa distinta (no falta el que fue militar, el padre coraje, el/la científico/a, el histérico/a…), y menos de un científico que lucha solo contra el mundo. La ciencia para combatir una enfermedad o para frenar el avance de un agente infeccioso no puede llevarse a cabo en la soledad que nos muestran las películas. ¿Qué hace pensar que un científico, el mejor en su campo en la mayoría de las ocasiones, sin los recursos de los que disponía antes del advenimiento de la pandemia, pueda encontrar la clave para salvar a la humanidad?. El que trabaja en el mundo real en éste tipo de cosas sabe de la necesidad de tener una comunicación fluida con otros especialistas y de poseer en su haber un buen conjunto de recursos bibliográficos.

Quizá sea aquí donde la película The Andromeda Strain – La amenaza de Andrómeda (Robert Wise. EE.UU, 1971)” se acerque más a un escenario real, en el cuál se busca la participación de un conjunto de expertos, en unas instalaciones adecuadas y con la participación de un elenco de científicos de diversas disciplinas que ayudarán a los expertos en los momentos que estos los necesiten.

Escena de ‘La amenaza de Andrómeda’ (Wise, 1971)

No quería dejar pasar el comentario acerca de la comunicación fluida sin hacer mención a las tan remarcadas relaciones gobierno-ciencia que aparecen en estas películas, con los militares siempre intercediendo entre ellos. En casi todas las películas que encontramos de esta temática el apocalipsis generado por la pandemia obliga a los supervivientes a ir cargados de armas con las que poder acabar con la terrible amenaza, ya que en la mayoría de ocasiones los infectados acaban por convertirse en engendros con algún tipo de avidez por tejidos humanos (nervioso, sanguíneo…). En películas como Outbreak – Estallido (Wolfgan Petersen. EE.UU, 1995)” la acción más inmediata es tratar de eliminar la fuente del contagio volando por los aires las aldeas donde parece más probable que haya tenido lugar la infección, una iniciativa bélica que pretende subsanar de raíz el problema, con un resultado poco satisfactorio para el gobierno y las milicias.

En la nombrada La amenaza de Andrómeda también intentan volar el lugar donde aparece la epidemia, pero el agente infeccioso se adelanta a las acciones y provoca que el avión que iba a destruir la zona de contagio se estrelle. En otras películas aparecen conflictos científico-políticos relacionados con intereses económicos, caso de Absolon (David DeBartolomé. Canadá, 2003)”, donde la solución a la pandemia se encuentra en una droga que deriva de un lugar de la selva tropical controlado por un conjunto de “malos malísimos” que sólo buscan sacar beneficios de su preciado bien.

Una y otra vez asistimos a conflictos de ésta índole en películas donde la ciencia y los gobiernos tienen que relacionarse, y en donde cabe señalar que las medidas bélicas aparecen casi siempre condenadas al fracaso, además de que, una y otra vez, la voz del científico es desprestigiada por las autoridades, tomándolos bien por personas extravagantes que solo buscan el gasto de fondos públicos para satisfacer sus inquietudes, o bien, como chiflados que han conducido al problema de la pandemia. Aquí hay otro tópico clásico de éste tipo de películas; y son los agentes infecciosos derivados de la acción humana, algo que contribuye a incrementar el oscurantismo de la ciencia en muchos ámbitos. Fijémonos en Soy leyenda, donde el protagonista (Will Smith), científico reputado, es el único que presenta inmunidad frente a un virus creado por el hombre (¡menos mal que se trata de un icono de la infancia para muchos y eso lo hace menos odioso!). En “Rabid – Rabia (David Cronenberg. Canadá, 1977)” es de nuevo el hombre el responsable de la aparición de una plaga de rabia, donde el vector (escucharéis hablar de ellos durante las películas; se trata de entidades biológicas que son necesarias para la propagación del agente infeccioso, caso del mosquito Anopheles con la malaria) es un pene axilar…

Creo que ésta última película nos va a servir de enlace para hablar de otro tipo de pandemias, no necesariamente dirigidas por agentes infecciosos de tamaño microscópico. Rabia me suscita una crítica sobre el ansia de sexualidad a la que parece someterse el mundo, de ahí que el vector de esa “rabia” sea un pene. No hemos hablado mucho de Hijos de los Hombres pero plantea un problema interesante, el de una pandemia de infertilidad. No lo atribuyen a ningún agente infeccioso, pero podría tratarse de un problema derivado de la acción humana, como algún producto tóxico que afecte al desarrollo de las gónadas o bien que induzca mutaciones en el genoma que afecten, por ejemplo, a la movilidad de los espermatozoides. ). Un aspecto que podría interesar a las féminas que me lean es que parece que en ese escenario futurista las mujeres han dejado de tener la menstruación. Se podría especular mucho sobre las causas de esta pandemia, pero creo que eso podría extender innecesariamente la entrada (aquí podéis leer una reseña amplia). Morte a Venezia – Muerte en Venecia (Luchino Visconti. Italia, 1971)” podría ser la versión elegante de Rabia, donde el deseo acaba convirtiéndose en la pandemia que impregna al personaje, en la soberbia interpretación de Dirk Bogarde, de forma paralela a la pandemia que asola Venecia.

Hijo de los Hombres (Cuarón, 2006)

Otro tipo de pandemias más recientes, como los desórdenes mentales, son tratados en películas como Twelve Monkeys – 12 Monos (Terry Gilliam. EE.UU, 1995)”, que aunque tiene como hilo argumental principal tratar de erradicar una pandemia futurista a través de un viaje al pasado para poder eliminar el brote de la enfermedad en el momento que surge, el trasfondo parece ser la incapacidad de los seres humanos de poder avanzar de forma segura en esta sociedad. La fractura social que tan común parece resultarnos ahora, una presión psicológica que consigue derivar en trastornos que están empezando a ser las nuevas pandemias del siglo XXI como por ejemplo la depresión.

Pero si hay que hablar de los males que se tornan epidémicos en esta sociedad dentro del cine quizá sea El séptimo sello (Ingman Bergman, 1957) la película que, ubicando la línea argumental en un tiempo donde la peste negra estaba esquilmando la civilización occidental, consigue reflejar con mayor fidelidad como el amor o la religión pueden llegar a ser verdaderas epidemias. Es a través de la figura del escéptico escudero Juan (Gunnar Björnstrand), donde se ponen de manifiesto como determinados rasgos propios de nuestra cultura acaban transformándose en verdaderas pandemias que asolan nuestras conciencias, enajenándonos y convirtiéndonos en esos zombies de los que hablábamos al principio.

El Séptimo Sello – Escena de la confesión

Con este trasiego cinematográfico quería tratar de hacer que el título de la entrada cobrase sentido para el lector. No ha habido pandemia en nuestro planeta desde hace casi un siglo (la mal llamada gripe española, del inglés, “Spanish Flu”), pero sí epidemias, la más reciente la de ébola en el África central en 2014. Únicamente el cine o la literatura son capaces de describir un mundo donde ocurran hechos parecidos a los que describe, por ejemplo, Soy leyenda. Si bien es cierto que existen unos controles exhaustivos, con protocolos de seguridad muy detallados, el ser humano nunca consigue controlar todos los procesos que ocurren a su alrededor, y menos si vienen de sistemas biológicos con dinámicas tan complejas como las poblaciones víricas. Si a todo éste compendio de complejidades sumamos la elevada interconectividad que existe en nuestros días, la aparición de una pandemia es una probabilidad que no hay que obviar. Quizá es más acuciante el aumento de esas pandemias psicopatológicas antes citadas en nuestra sociedad, llegando cada vez más lejos, incluso a países donde aún no se habían diagnosticado. De nuevo el cine supo ver esto con anterioridad. Es por todo lo dicho antes que considero que las pandemias, las que aún están por llegar (como pudiera ser alguna relacionada con agentes infecciosos) o las que se empiezan a instaurar (aquellas relacionadas con trastornos mentales), pertenecen por derecho propio al mundo del cine, donde quedan plasmadas por primera vez como lo que pueden llegar a ser.

Acerca de Jose Joaquín Serrano Morales

Biólogo y Técnico de Laboratorio de formación. En pleno proceso de terminar un Máster de investigación, soy una persona con una extensa inquietud por todos los ámbitos del conocimiento. Mi pasión por el cine es uno de los motivos de mi participación en éste blog.

4 comments

  1. Desde 28 días todo cambio en el mundillo de los zombis. Y es que no son zombis, son infectados. El fenómeno del zombi rápido ha sido mal nombrado. Los de 28 días después son infectados, los de I am Legend en la película son ¿vampiros? nada que ver con la novela.

    Una pequeña objeción, si bien es cierto que en I am Legend o en Hijos de los hombres el protagonista busca una solución para el desastre. Pero en 28 días después o en la mayoría de las películas de este genero los protagonistas no quieren arreglar la situación, se conforman con sobrevivir. Las explicaciones que se dan en estas películas están dirigidas al espectador como una herramienta de satisfacer a los espectadores pero que rara vez influyen en la película y su historia.

    Pd: ¿Serían las redes sociales, el consumismo, el canon de belleza, pandemias no biológicas?

    1. Gracias por el comentario Iván.

      Con respecto a lo que dices. Sí en referencia a lo que comentas de los zombies; mi intención en la entrada ha sido tratar de transmitir su uso como si se tratase de un recurso cinematográfico (en los casos que expongo), y para familiarizar al lector con el tema que quería exponer. Si que es verdad que con 28 días después no debería haber generalizado con “la lucha contra…”, ya que es verdad que más bien se trata de una “lucha por la superviviencia”, que procura un entretenimiento más que otra cosa, como bien comentas.
      En cuanto a tu postdata, creo que de las que comentas, las redes sociales yo las consideraría pandemias si el resultado global de su acción fuera en detrimento de las personas, pero su uso genera (y esta es mi opinión) más beneficios que problemas. El consumismo, a mi si que me parece un mal, porque al fin y al cabo es una patología, y que podría encuadrarse dentro de esas pandemias psicopatológicas de las que hablo en el texto. Aquí podrías levantar la mano y decir: “¿Acaso no genera adicción el uso de una red social?” y yo te diría: “Sí, pero promueve relaciones y conexiones antes nunca imaginadas, las cuales pueden favorecer el avance tanto de la civilización como del conocimiento (ambos intrínsecamente unidos)” Por eso antes he querido remarcar lo del balance entre lo positivo y lo negativo. Por último ¿es el canón de belleza no biológico? No es del todo cierto. Si bien es cierto que el rasgo cultural ha conseguido delimitar el atractivo en las distintas poblaciones humanas, siguen existiendo unos patrones faciales y una serie de simetrías corporales que son generales en todo el planeta y que tienen que ver con el vigor inmunitario de las personas que poseen estos rasgos. Queda mucho por averiguar al respecto, pero el canon de belleza estaría en la frontera entre biológico y no biológico…¿es una pandemia? La verdad es que el componente cultural de el canon de belleza puede llegar a serlo. Derivado del mismo, las modas y estilos, que se convierten en memes culturales y que pueden ayudarte a encontrar pareja o no, según sigas la tendencia o seas un paria de las modas.

      Un saludo.

  2. ¡Excelente! Me viene al pelo este artículo porque es uno de los recursos más desarrollados por la ficción zombi. En general, la ficción presenta la pandemia —de la naturaleza que sea—, el caos que esta provoca y de ahí emerge la figura del que yo he catalogado como «superviviente» —puede ser bueno, malo o neutral—. A raíz de ahí, el problema se nos narra normalmente siguiendo este arquetipo de personaje, ese «héroe» que dices. Ahora bien, dependiendo de la ficción el «superviviente» no solo tendrá que luchar contra las consecuencias de la pandemia, sino también con todas las pandemias sociales que el ser humano arrastraba de forma latente: racismo, clasismo, élites, marginación, ambición, poder, la maldad, etc. Con esto quiero decir que, a menudo, la pandemia en sí es menos dañina que la propia acción humana por detenerla/controlarla. Respecto al tratamiento de enfermedades, a veces hay ficciones que nos muestran unas realidades terribles como, por ejemplo, esa novela de John Le Carré que adaptó Fernando Meirelles, «El jardinero fiel» («The Constant Gardener», 2005), donde se muestra el poder que tienen las farmacéuticas o el documental «Marihuana» («Grass», 1999), dejando entrever también intereses económicos y la mano de la OMS para beneficiar a unas pocas empresas. Pero, claro, ese es otro debate…

    1. ¡Gracias por tu comentario Ismael! Estoy de acuerdo contigo en que en muchas ocasiones no es la pandemia biológica la principal protagonista, sino un compendio de problemas sociales, que tu muy bien has señalado en tu comentario, y que también tiene ese carácter de pandemia que he intentado transmitir. Es verdad que en no pocas ocasiones se nos presenta como solución principal para erradicar el problema lo que describo en la entrada, un ataque de destrucción masiva (de los que podríamos describir varios) que elimine todo lo que haya, bueno, malo o neutral, como tu dices (un símil en clínica sería la quimioterapia, que devasta el organismo sin tener presente si lo que se está eliminando puede conllevar problemas serios en el futuro). En cuanto a lo de las farmacéuticas, me has dado una idea para una posible futura entrada. Es un tema que siempre crea suspicacias, porque desde el punto de vista del tejido empresarial algunos los consideran ogros que manipulan la biomedicina mientras que su labor como impulsoras de la investigación básica es más que patente (que guasa de palabra…patente…), y cuando se analizan en el cine siempre se remarca la primera faceta y no la segunda.

      Un abrazo

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