Envejecimiento y cine: ¿Hacia el elixir de la eterna juventud?

La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo,
sino que una vez fue joven

 

Oscar Wilde

Nos levantamos un día y de repente el espejo ha decidido poner trabas a nuestra juventud. El envejecimiento preocupa a muchos (que no son pocos) y como la mayoría de los problemas que atañen al devenir del ser humano, ha sido abordado en el cine con distintos enfoques. Son muchas las películas que hablan del envejecimiento como un rasgo biológico que condiciona aspectos psicológicos y sociológicos, asociando este proceso a un «deterioro, inutilidad y aislamiento, improductividad y desvinculación de las personas mayores respecto a los intereses sociales»; como señala Sacramento Pinazo Hernandis en su artículo sobre como el cine invita a la reflexión sobre la vejez. Esta forma de ver el envejecimiento es denostada por varios autores, cosa que no veo mal, pero hay que tener en cuenta que el envejecimiento es un proceso patológico que tiene lugar de manera natural, aunque puede acelerarse con los hábitos de vida de los individuos o por enfermedades como la progeria.

A mí me gustaría tratar de analizarlo en películas donde se intenta o bien frenar su avance o bien donde ya se ha conseguido.

Durante mucho tiempo la física clásica mantenía la inexistencia de diferencias entre el pasado, el presente y el futuro, atribuyendo a los fenómenos la propiedad de ser reversibles. Sin embargo nos basta con observar el mundo para darnos cuenta de que está condenado por una direccionalidad marcada por la flecha del tiempo. El mundo está repleto de acontecimientos irreversibles, y el proceso de envejecimiento es, hasta el día de hoy, irreversible (al menos, en lo que concierne al ser humano). Se trata de un tema de investigación muy activo, que mueve mucho dinero. La Asociación Americana para el Estudio del Envejecimiento, AFAR por sus siglas en inglés, lleva invertidos más de 132 millones de dólares sólo en becas para estudiantes de doctorado, desde 1981. Ya conocemos la multitud de centros que prometen devolverte la juventud, a través de diversos métodos (cirugía, cremas milagrosas, etc.). Pero el avance del tiempo no cesa. Varias películas abordan el tema, también, desde varios enfoques. Como ya hice en mi anterior entrada voy a explicar primero que método voy a seguir para el análisis y después analizaré una a una las distintas películas, para terminar con una conclusión y una pequeña reflexión.

Creo que puede ayudar el seguir un patrón con una direccionalidad, empezando con películas más realistas hasta películas menos realistas, analizando las reflexiones científico-filosóficas que se abordan en las mismas así como la forma en la cual el envejecimiento parece haber sido vencido.

Probablemente sea la película “Las posibles vidas de Mr.Nobody (Mr. Nobody) (Jaco Van Dormael, 2009) la que se acerque más a una posibilidad real de paliar el avance del envejecimiento. En esta película el protagonista, Nemo Nobody (Jared Leto), es el último humano mortal, ya que el resto ha conseguido burlar a la muerte. ¿Cómo?, si bien el grueso de la película gira en torno a conceptos físicos (flecha del tiempo, entropía, etc.) el elemento que nos interesa se presenta en los primeros minutos de la película. Se trata de esos cerdos “compatibles”. Esto no es ninguna tontería, ya que hoy en día la medicina regenerativa ha creado órganos funcionales a través de las denominadas células madre reprogramadas, las cuales se obtienen a partir de una célula de tu cuerpo, mediante un cocktail proteico que las convierte en células con la potencialidad de generar diferentes tipos en función del ambiente celular en el que se encuentren (Takebe et al., 2013), por lo que la idea de los cerdos puede que ya esté obsoleta. Es más, en diciembre del año pasado se publicó un estudio que permitía la creación de mini estómagos con objeto de poder avanzar en la comprensión del problema de las úlceras gástricas, derivadas de la acción de la bacteria Helicobacter pylori (McCracken et al., 2014). Sin duda, esto es lo más prometedor en cuanto a posibilidades reales de vencer el avance del tiempo; es un poco como convertirnos en muñecos de Lego a los cuales puede cambiárseles la pieza rota que ya no sirve y que además les impide seguir siendo funcionales. Las implicaciones éticas o sociales de todo esto no se pretenden cubrir en éste análisis, pero que cada uno elucubre lo que suponen dichos avances.

Imagen del longevo protagonista de Las posibles vidas de Mr.Nobody

Hemos empezado con el nivel celular y de órganos, y ahora vamos a dar el salto al nivel de organismo, en concreto a nuestra especie. Ya hay quien ha planteado la posibilidad de clonarnos y utilizar esos clones como “armario de órganos” (el término es de mi cosecha), algo más descabellado que lo descrito arriba. Esta idea fue llevada al cine por Michael Bay, en su película “La Isla (The Island. 2005)”, donde en un escenario no muy lejano temporalmente, el año 2019, aquellos que pueden se pagan un clon al que recurrir en caso de padecer alguna enfermedad o sufrir un accidente. Los clones reciben el nombre de “agnates”, palabra que existe en inglés (aunque proviene del latín) y que viene a significar algo así como «que desciende de un mismo ancestro masculino». Son clones que sufren un rápido desarrollo, naciendo ya como adultos, a los que se les ha programado con una serie de recuerdos de su vida que no son reales, engañándolos a través de incentivos (la propia isla), de modo que no sospechen su verdadero cometido. El sí sería posible obtener humanos con un grado de desarrollo comparable al de una persona de 30 años, por ejemplo, es algo que tengo que poner en duda. El proceso de desarrollo embrionario se caracteriza por presentar una serie de rasgos que son exclusivos de esa etapa de nuestra ontogenia, como es una rápida proliferación celular, así como otros rasgos (formación de nuevos vasos sanguíneos o angiogénesis, migración celular…) que en el estado adulto han cesado y que de volver a aparecer pueden estar asociados a enfermedades. En la película, el “agnate” se genera a partir de una muestra del cliente obtenida a una determinada edad, lo que parece ser la excusa para justificar que nazcan ya como personas adultas. Sin embargo, para poder llegar a esa fase, antes tiene que pasar por las demás. Yo no puedo evitar imaginar numerosas complicaciones derivadas de un mantenimiento sostenido de los procesos de proliferación celular que van a permitir la obtención del “agnate” en un tiempo record (creo que en la película no dicen cuanto tardan en “fabricarse”, pero siendo un producto para un cliente, supongo que tendrá que estar disponible cuanto antes, mejor), como por ejemplo la aparición de malformaciones congénitas o complicaciones teratogénicas (malformaciones provocadas por determinadas moléculas o compuestos) derivadas de un elevado estrés oxidativo generado por la continuada proliferación celular (Hansen & Harris, 2013).

En La Isla los agnates pasan rápidamente desde una forma prácticamente embrionaria a un estado adulto

Pero si lo anterior es sorprendente, la siguiente propuesta, cubierta por la película Transcendence (Wally Pfister, 2014), que tiene como protagonista a un científico, el Dr. Will Caster (Johnny Deep), es cuanto menos audaz. Si nos centramos en el primer tercio de la película (antes de que pase a la más pura fantasía) podemos observar el desarrollo de una propuesta que parece tener seguidores del calibre de Stephen Hawking, y que consistiría en mantener la compleja red neuronal y su emergente dinámica como un software, un programa de ordenador, que permitiría al individuo del que proviene conservar su identidad de manera independiente a su cuerpo, burlando de esta manera el implacable azote de la edad. Todo esto me recuerda de lejos a las cabezas embotelladas de la fantástica serie de animación Futurama (Matt Groening y David X. Cohen. Fox. 1999). Pero vamos a tratar de comprobar la realidad que se esconde tras la ficción. Esta idea supone un salto conceptual, ya que pasaríamos de un estado de ser vivo, carente de artificios de ningún tipo, a un conjunto de bits, obviando ese paso que tantas veces ha sido referenciado en la ciencia ficción, el de convertirnos en cyborgs, mitad máquinas mitad humanos. Sin embargo, todo esto está lleno de inconvenientes. Para empezar, no parece que esto pueda suceder a corto plazo, ya que ni conocemos ni comprendemos las dinámicas que se ocultan bajo el funcionamiento de nuestro cerebro, a pesar de que ahora hay grande proyectos en marcha para tratar de descifrarlas (el descomunal Human Brain Project, que cuenta con una financiación de ¡1000 millones de dólares!).

Estamos aún muy lejos de saber cómo emergen comportamientos de tales dinámicas y menos aún como cifrar eso en un formato informático que al trasladarlo a un ordenador no pierda la identidad biológica, ya que no olvidemos que no son solo las dinámicas internas las que condicionan nuestro comportamiento, sino nuestra interacción con el entorno, incluyendo en éste a otras personas o seres vivos. ¿Sería capaz un software de saber afrontar nuevos retos, hacer nuevas amistades? ¿Es ese tipo de comportamientos trasladable desde un ser vivo a una máquina?. En la película sí que queda patente que el paso a bits del protagonista le hacer perder ciertas cualidades características de un ser humano, inclusive cierto grado de razonamiento, llegando a parecer infantil en determinadas ocasiones. Es bastante complicado esperar que nada de esto ocurra. Al menos, no en las próximas décadas.

No obstante el último paso lo da la película In Time (Andrew Niccol, 2011), una película que nos sitúa en un futuro lejano, pero con una sociedad bastante parecida a la que conocemos. La piedra angular  es el paso del tiempo y la total ausencia de rasgos de envejecimiento. En esta película la humanidad ha llegado a erradicar algo que denominan “el gen del envejecimiento”. Aquí encontramos el primer error de la película. Aún colea en muchas áreas la idea de que un único gen determina un único resultado observable (fenotipo, en lenguaje técnico). Si bien es cierto que hay determinadas enfermedades que se caracterizan por ser causa de una mutación en un único gen, esta no es la tónica habitual. Mucho menos en procesos tan complejos como es el caso del envejecimiento, donde una enorme red de componentes, organizados en distintos niveles jerárquicos (genes, proteínas, metabolitos…) que interactúan unos con otros, provoca una elevada incertidumbre del conocimiento en detalle. Probablemente no habría que esperar hasta el año 2161 para encontrar la cura al envejecimiento si fuera cosa de un gen. Aun así existen determinados genes, recientemente descubiertos, que parecen tener un papel fundamental en el desarrollo del proceso. Es el caso de una variante del gen KLOTHO, un gen supresor del proceso de envejecimiento, denominada KL-VS, que parece mejorar el proceso de envejecimiento a través de diversos mecanismos, como por ejemplo un mantenimiento de los procesos cognitivos en edades avanzadas (Yokoyama et al., 2015). En la película todos los individuos presentan el aspecto que tenían al cumplir 25 años, momento en que se activa un cronómetro en su antebrazo que al llegar a cero acaba con sus vidas de forma fulminante (disponen de un año “gratis” de vida que tienen que ir manteniendo a cambio de trabajo). De nuevo una crítica al contexto socio-económico, cuyo análisis hoy no es mi cometido.

La relación entre esa forma fulminante de morir y la obtención de un aspecto juvenil toda tu existencia por modificación genética no he conseguido ubicarla en un contexto real. La película es tan fantasiosa que sólo se me ocurren ideas fantasiosas para explicar muchos de los fenómenos que parecen estar relacionados con la biología de los protagonistas ¿Al quitar ese “gen del envejecimiento” aumentamos el riesgo de sufrir un infarto? ¿Es ese tiempo que aparece en el reloj de la piel en realidad un indicador de la cantidad de alguna sustancia necesaria para mantener a tu corazón alejado del colapso? ¿Esa sustancia es una molécula que se puede transferir tanto entre individuos, de forma voluntaria, cómo con algún tipo de dispositivo láser? Demasiadas lagunas…

Durante el transcurso de la película In Time los protagonistas necesitan “inyecciones” de tiempo para poder seguir vivos, las cuales pueden ser de persona a persona o a través de dispositivos láseres

 Para acabar voy a hacer referencia a una película a la que me gustaría dedicar una entrada completa (en solitario o con alguno de mis compañeros). Se trata de The Man From Earth (Richard Schenkman, 2007), una película que transcurre casi por completo en el salón de una casa donde el protagonista, John Oldman (David Lee Smith), confiesa a sus amigos, el día en que se muda, que en realidad es un hombre de Cromañón. Este es el punto alrededor del cual gira la película y a través del que se tocan temas tan diversos como el tiempo, la religión, la historia o la biología. Es en este último punto en el que me voy a centrar, ya que la conversación que toca los aspectos biológicos se centra sobre todo en cómo es que el paso del tiempo puede no haber hecho mella en John Oldman. Entre los amigos de John hay un biólogo (John Billingsley), al que los demás acuden para intentar comprender como es que no ha sucumbido al proceso natural de envejecimiento. Entre las hipótesis que baraja se encuentra la de una perfecta regeneración de los tejidos y órganos del cuerpo. Él sostiene que esto podría suceder de no ser por la acumulación excesiva de los “desechos celulares”, lo que nos hace morir en realidad por un envenenamiento progresivo. Con mayor o menor grado de seguridad me atrevería a afirmar que se está citando la hipótesis de Harman del envejecimiento por acumulación de radicales libres (Harman, 1956), la cual decía que sub-productos de nuestro propio metabolismo eran los causantes del daño en estructuras celulares, provocando, a la larga, el deterioro que observamos en nuestras funciones. No es que Harman no llevara razón, pero su hipótesis no era del todo cierta, en tanto en cuanto en los últimos tiempos se ha visto que dichos productos del metabolismo, anteriormente descritos como perjudiciales, en realidad son fundamentales en el correcto funcionamiento de la célula a determinadas concentraciones no tóxicas (Forman et al., 2014). Atiborrarse a antioxidantes tampoco es una buena idea, ya que un exceso de los mismos puede retirar del medio radicales libres necesarios para mantener la homeostasis celular (Bouayed & Bond, 2010). La película toca muchos más aspectos pero quiero dejar la cosa en stand by, para dedicar una entrada completa a la película.

El protagonista de The Man From Earth afirma ser un hombre de Cromañón. ¿Vosotros lo creeríais?

Este repaso a la filmografía y sus escarceos con la “cura” del envejecimiento nos deja unas cuantas ideas sobre las que reflexionar. La primera de ellas, que existen avances en ciencia que permiten pensar en un remedio a largo plazo para vencer al envejecimiento, al menos en lo que respecta a la fisionomía, algo que creo que queda patente en todas las películas. No se trata de vivir eternamente o de manera muy prolongada (como el caso del Sr. Nobody) postrado en una cama y dependiendo de otras personas o de máquinas para poder llevar a cabo tus funciones fisiológicas, sino de ralentizar el tiempo celular para conservar la vitalidad, tanto interna como externa (tremendo varapalo para entidades que se lucran a base de remodelar caras y cuerpos, etc.). La segunda reflexión podría girar en torno a los métodos empleados para alcanzar ese estado de eterna juventud, siendo la mayoría de ellos, al menos dentro del contexto cinematográfico, una cuestión genética, salvo el caso de Transcendence. Sin embargo, en ninguna de estas cintas se habla de la influencia del medio o de la alimentación, caso de la muy citada restricción calórica, una hipótesis que sostiene que una disminución en la ingesta calórica retrasa el envejecimiento, y a la cual ya se le han sacado pegas (Sohal & Foster, 2014). Quizá John Oldman no sea más que un hombre que ha sabido alimentarse y vivir fuera de ambientes perjudiciales (tanto física como psicológicamente). Volviendo al principio, envejecer no estaría tan mal sino fuera porque vas siendo consciente de tu declive fisiológico. A pesar de todo, también acompaña a este proceso el incremento de la experiencia y el acopio de nuevo saber, y hay grandes películas que tratan el envejecimiento o la vejez, como algo positivo, como es el caso de “Descubriendo a Forrester (Finding to Forrester. G. Vas Sant, 2000)”, “Despedidas (Okuribito. Y. Takita, 2008)”, “En el estanque dorado (On golden pon. M.Rydell, 1981)” o “Primavera, verano, otoño, invierno…y primavera (Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom. K. Ki-Duk, 2003)”, alguna de las cuales daría para un análisis minucioso.

Hasta la próxima.

Referencias:
  • Takebe, T., Sekine, K., Enomura, M., Koike, H., Kimura, M., Ogaeri, T., & Taniguchi, H. (2013). Vascularized and functional human liver from an iPSC-derived organ bud transplant.Nature499(7459), 481-484.
  • McCracken, K. W., Catá, E. M., Crawford, C. M., Sinagoga, K. L., Schumacher, M., Rockich, B. E., & Wells, J. M. (2014). Modelling human development and disease in pluripotent stem-cell-derived gastric organoids. Nature,516(7531), 400-404.
  • Hansen, J. M., & Harris, C. (2013). Redox control of teratogenesis. Reproductive Toxicology,35, 165-179.
  • Yokoyama, J. S., Sturm, V. E., Bonham, L. W., Klein, E., Arfanakis, K., Yu, L., & Dubal, D. B. (2015). Variation in longevity gene KLOTHO is associated with greater cortical volumes.Annals of Clinical and Translational Neurology,2(3), 215-230.
  • Harman, D. (1955). Aging: a theory based on free radical and radiation chemistry.
  • Forman, H. J., Ursini, F., & Maiorino, M. (2014). An overview of mechanisms of redox signaling.Journal of Molecular and Cellular Cardiology73, 2-9.
  • Bouayed, J., & Bohn, T. (2010). Exogenous antioxidants—double-edged swords in cellular redox state: health beneficial effects at physiologic doses versus deleterious effects at high doses.Oxidative Medicine and Cellular Longevity3(4), 228-237.
  • Sohal, R. S., & Forster, M. J. (2014). Caloric restriction and the aging process: a critique.Free Radical Biology and Medicine73, 366-382.

Acerca de Jose Joaquín Serrano Morales

Biólogo y Técnico de Laboratorio de formación. En pleno proceso de terminar un Máster de investigación, soy una persona con una extensa inquietud por todos los ámbitos del conocimiento. Mi pasión por el cine es uno de los motivos de mi participación en éste blog.

2 comments

  1. Una vez más felicitarte. Cuando me comentaste el tema no sabía como lo ibas a enfocar, me costaba mucho imaginármelo pero me has sorprendido. Yo me quede en las cámaras criogénicas como las de alien.

    Respecto a tus ejemplos te comento que vi este fin de semana Transcendence, veo que peca de lo mismo que pecan las cintas palomiteras de hollywood. Tienen una idea curiosa con aspectos que daría para una serie de televisión con mucho más metraje. Al final se convierte en un enfrentamiento espectacular con grandes efectos especiales entre humanos y la IA. Solo el tema de compatibilizar la mente colmena con la mente individual ya da para discutir mucho. Con esta película me ha pasado lo mismo que con la ultima del planeta de los simios, muchas ideas buenas que se quedan de lado por falta de tiempo y en post de una batalla entre humanos y simios con muchos efectos especiales. parece ser que los espectadores prefieren la batalla a pararse a ver como sería una convivencia mas costumbrista ante eventos cuasi imposibles como pueden ser una IA o una especie de simios inteligentes.

    La idea de pasar tu cerebro al ordenador me hizo acordarme de Dan Simmons en las novelas de Ilion o en las de Hyperion en las que te describen la teletransportación con mucho detalle y te dejan claro que una vez teleportado se destruye tu cuerpo y se recrea en otro lado osea que cada salto espacial es la muerte. En ambos casos me asalta la pregunta de si hay que morir para saltar en el espacio o para trasladarse al ordenador ¿qué queda de uno realmente?. Visto como los ejemplos que hemos puesto, ¿dónde reside nuestra esencia, nuestra configuración?, somos una señal wifi que alcanza el lugar donde detecta un sensor de detección especifico. Podemos apagarnos y encendernos en otro lugar sin necesidad del mismo soporte físico. Esto requeriría más espacio para hablarlo, puede que este no sea ni el lugar pero se me ha ocurrido y lo he vomitado.

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