Estrenos desde el sofá: El Club / Victoria

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El Club: los renglones torcidos de Dios

 

 

Título Original: El Club
Director/a: Pablo Larraín
Año:2015
País: Chile
Estreno en Cines: 08/10/2015
Recaudación: 253.856,90 €
Espectadores: 42.645
Distribuidora: Caramel Films
NOTA: 8,5/10

Si habéis visto ya la última y flamente ganadora del Oscar, “Spotlight” (Thomas McCarthy, EE.UU, 2015), este estreno con el que empiezo la sección, viene como un perfecto complemento para observar una doble perspectiva de un mismo problema, hoy de lamentable actualidad. Se trata de ‘El Club’, cinta chilena dirigida por Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1977), que cambia radicalmente el tono respecto a su primer largometraje “No” (Chile, 2012), dedicado a la épica lucha de un creativo publicitario para diseñar la campaña del NO al referendum convocado por Pinochet en los últimos años de dictadura donde se dirimía la renovación de su mandato.

El tono sarcástico y optimista del debut es abandonado en esta segunda película, gran premio del jurado en el pasado Festival de Berlín y nominación como mejor película en los Globos de Oro. El Club acontece en una casa de provincias, alejada del ruido de la urbe, donde un grupo de cuatro sacerdotes dejan pasar la vida según una serie de rutinas y códigos que le ayudan a vivir con resignación el aislamiento que padecen. A éstos les asiste una monja que se ocupa de los asuntos logísticos de la convivencia, y la única sonrisa que se observa en esa casa, la provoca un inocente animal, el cual sirve de pasatiempo común compitiendo en carreras de galgos que se celebran en la localidad. El ambiente, las actitudes y los gestos de los protagonistas dejan ver la culpa en su máxima expresión, expiada mediante conductas autómatas. Esta tensa calma se ve alterada con la llegada de un nuevo huesped, un quinto párroco, acompañado de un funcionario diocesano, cuya aparición descubre al espectador las claves de esta singular penitencia, la explicación de ese ambiente irrespirable y nebuloso que no pasa inadvertido durante los primeros minutos de metraje. Esta novedad subvierte la frágil convivencia, y anticipa los trágicos acontecimientos que se sucederán. No caeré en la tentación de hacer spoilers, aunque la crítica de esta película siempre pueda rozar esa línea. Sólo recomiendo su visionado, un día tranquilo, donda la coraza que protege de los terrores cotidianos aún pueda resistir un documento excpecional que te sitúa sin contemplaciones frente a los verdugos y las víctimas. Sólo destacaré una nota al margen, la espléndida, escalofriante y memorable interpretación de Roberto Farias, un personaje que tendrá mucho que decir sobre el pasado de estos ‘pobres diablos’. El eco de sus intervenciones aun resuena en mis oidos como un susurro siniestro. Un harapiento y desgraciado oráculo que nos revelará en verso quienes son los auténticos renglones torcidos de Dios.

Pensaba poner el trailer, pero mejor no, y si no lo han visto ya, les recomiendo que no lo hagan. Esta película merece un salto al vacio.

Victoria o la temeridad del desarraigo

 

Título Original: Victoria
Director/a: Sebastian Schipper
Año: 2015
País: Alemania
Estreno en Cines: 23/10/2015
Recaudación: 57.933,45 €
Espectadores: 11.487
Distribuidora: Avalon
NOTA: 7/10

Esta película alemana, que superó las más altas previsiones desde la fecha de exhibición en su primer festival, que erizó los pelos de la patilla a más de un miembro del jurado con cara de haberlo visto todo, y que se ganó a la hostil crítica estadounidense siendo una de las apadrinadas del New York Times, a mí me ha producido una sensación extremadamente ambivalente, casi contradictoria. Quizás no sea un título recurrente que me urga a recomendarlo cada vez que charle de cine con los amigos, pero tras su visionado, además de un poso de indiferencia también me produjo la intuición de haber visto algo excepcional. Paso a contar el argumento y después explico esto.

Victoria (Laia Costa) es una chica española que acaba de llegar a Berlín. En uno de los antros de la ciudad baila con frenesí, mientras en los momentos de pausa bebe chupitos de tequila y palpa el ambiente en busca de amigos, sin demasiada fortuna. No obstante, al salir de la discoteca, en mitad de una gresca conoce a un grupo de chicos, concretamente a Sonne (Frederick Lau), Boxer (Franz Rogowski) y Blinker (Burak Yigil). Esta pandilla, fuertemente arraigada al medio, parece ser justo lo que necesita una taciturna Victoria, la cual empieza a advertir su atracción por uno de ellos, al mismo tiempo que va viéndose atrapada por los acontecimientos. Boxer, un hooligan en pleno proceso de conversión, recibe una llamada de un grupo de gangsters con los que contrajo una deuda en prisión a cambio de protección, y que debe ser saldada esa misma noche. A partir de aquí la ciudad berlinesa, que empieza prometiendo emociones fuertes, trasciende las aventuras que se le permiten a una noche de fiesta para convertirse en una sucesión de encuentros, confidencias, y decisiones vitales.

Y aquí se queda el argumento, la estructura narrativa que sirve de comparsa a lo realmente importante y arriesgado de la película, su aspecto formal. La cinta está rodada en un solo plano secuencia de dos horas de metraje, con solo una cámara, sin iluminación artificial, aprovechando la luz de cada localización (veintidos en total). No en vano, su operador de cámara (Boye Klüver), obtuvo un premio a la mejor contribución artística en la reciente Berlinale. La dificultad que entraña hacer una película en una sola toma, se suma a la velocidad y particular orografía de los diferentes escenarios por donde transcurre la acción. Aquí radica la excepcionalidad de la que hablaba al principio. En contrapartida, un guion decepcionante, que casi no se sostiene e impide empatizar con sus personajes, con algunos giros inverosímiles que remataron toda esperanza de emocionarme con la historia, pero sin dejar de admirar la demostración de un fino estilo underground en la realización.

Todo esto, y las interpretaciones, bastante solventes todas, pero destacando por encima la de una atrevida Laia Costa, que juega con la timidez y aparente candidez de su rostro, sugiriendo al espectador un atisbo de profundidad entre tanto ajetreo. Un buen hacer que sirve de bálsamo temporal y deja una serie de pistas aun por descubrir en esta joven actriz española.

Hasta aquí el menú de la semana, repleto de sabores agridulces, con un primer plato para paladares poco escrupulosos y abierto a fuertes emociones, y un segundo, de cocción rápida ideal para estómagos agradecidos. Bon apetit!

Ambas películas se pueden ver en Filmin y Wuaki.TV.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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