Fragmentos de viejas y nuevas utopías – Film Socialisme (Godard-2010)

Difícil tarea la de contar cualquier cinta firmada por el francés Jean Luc Godard. Todo intento de describir con un lenguaje cercano a la lógica gramatical puede saltar por los aires al ver cualquiera de sus trabajos. Dicha incursión es más ardua si cabe cuando los temas que circulan a través de sus personajes hacen constantes guiños a la teoría política académica. Sin embargo, no puedo resistirme  tras haber gozado en poco más de hora y media con este  viaje fragmentado y salpicado de lugares aparentemente inconexos que nos propone Godard.

Ficha técnica y película en Filmin

Y es que nos encontramos ante una visión personalísima, como no podía ser de otro modo, de la situación en la que se encuentra la vieja Europa y las expectativas que pueden albergar aquellos que aspiran a la construcción de una nueva. Una Europa en la que el individuo no se pierda en el yo omnipotente de los países dominantes sino que construya su presente y se proyecte en un “nosotros” heterogéneo pero con-sentido. Todo en esta película está sujeto a interpretación y ejercicio mental por parte del receptor, las escenas vienen y van, la acción se detiene para dar paso a situaciones policromáticas que se diluyen en un silencio de esos que ensordecen. Un ritmo acelerado, que a veces inquieta y desarma si te pilla desprevenido, pero que sirve de adecuado contrapeso al reposo de los diálogos, al naturalismo fingido de los personajes.

Éstos hablan con la certeza de no ser observados, pero con la seca lucidez y extrañeza con la que se expresa un generador de ideas abastractas, sin demasiado atrezzo lingüístico. Como si el desnudo concepto se apoderara de ellos y adquiriera forma humana.

Godard (1960)-Portrait by William Klein

Lo que la cámara enseña y lo que se escucha rara vez guardan sincronía, provocando que nuestra experiencia sea igual de divertida que las “mentes peligrosas” de estos curiosos personajes. A modo de ayuda, como únicos asideros a los que puede agarrarse el espectador, Godard nos propone una sinfonía en tres movimientos. Aquí me tomo la licencia de alterar su denominación y orden presentándolo bajo categorías temporales.

El Presente (“Cosas como”)

El primer movimiento  (Cosas como), nos embarca en un crucero en el que la ruidosa multitud deja entrever a tripulantes que viven aislados del frívolo e hiperactivo entretenimiento turístico. Así, conocemos a dos periodistas que acaban de finalizar una estancia en África algo tumultuosa, y discuten la mejor manera de enfocar la crónica de lo que allí han visto. También a un resentido y lúcido embajador palestino que regresa a su país natal con sentimientos encontrados acerca del Islamismo y sus contradicciones con la educación europea recibida. El diálogo entre un criminal de guerra erudito y su joven discípula mientras comparten lecturas con la angustiosa voracidad de quien se aferra a los grandes ideales ya vencidos, intentando que la teoría vuelva a dominar sobre la práctica. También cruzamos el Mediterráneo en compañía de un par de personajes, un espejismo posmoderno de la Guerra Fría; dos espías que estudian con devota pasión la historia del espionaje y su figura más controvertida y traicionera, los agentes dobles. Por último encontramos a una vagabunda Patti Smith que pasa por la película poniendo el filtro melancólico y taciturno a este viaje ya de por sí pintoresco.

El Pasado (“Nuestras Humanidades”)

“Esta Europa…imagina un desierto”. Esta lapidaria frase, una de las múltiples metáforas que aparecen en la cinta, sirve de sobria síntesis a la presentación fugaz y violenta de una serie de ciudades muy significativas en el porvenir de la Europa actual.

Vieja Europa (Image: pinerly.com)

Algunas reales, otras ficticias y cargadas de simbolismo, similares a Ítacas en ruinas. Destino y cárcel para el héroe desorientado y sufriente que representa de forma ejemplar el ciudadano europeo. Egipto, Palestina, Odessa, Hellas, Nápoles y Barcelona son las bellas y trágicas urbes elegidas para fotografiar la decadencia posmoderna.

El Futuro (“Nuestra Europa”)

La juventud y su ingenio aparecen, a modo de conjura lúcida e irreverente contra el desgaste y pesimismo de algunos personajes que habitan el film.  Es el leitmotiv de este tercer movimiento. En él tiene lugar un simulacro de tribunal infantil en el que una adolescente y su erudito hermano pequeño someten a sus padres a un interrogatorio acerca de la libertad, la igualdad y la fraternidad, viejos temas que fundamentaron la construcción ilustrada de Europa, y que hoy se han convertido en mero papel mojado para exponer en museos mientras dilapidan su necesaria vigencia en la arena política. Los niños son tratados en esta historia como los portavoces idóneos del fastidio y la protesta, ya que no agotan a la palabra tejiendo círculos dialécticos y eufemismos, sino que la utilizan para mostrar sus desacuerdos e ilusiones, para amordazar al adulto con la pregunta tenaz e incómoda.  Porque lo más importante no es la Europa que se va, sino en la que queremos vivir, y aquí hace falta la sinceridad brutal y desacomplejada del infante, la audacia y vigor del adolescente y los primeros desengaños de la juventud.

Quiero terminar con esta frase que irrumpe en la escena final, la cual sirve para legitimar todo activismo político, ya sea pasado, presente o futuro.

“Cuando la ley no es justa, la justicia pasa por delante de la ley”.


Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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