Freefall (Caída Libre) – Una fábula política de la BBC

Inicialmente concebida como producto televisivo, formato miniserie, Freefall (Domenic Savage, 2009) se consolida como largometraje de referencia en la corriente cinematográfica que tiene como fuente de inspiración el contexto político-economico más reciente. Brillante, inteligente, honesta y conmovedora se presenta la cinta que tenemos entre manos. Una síntesis bien construída; que une el rigor descriptivo de un determinado acontecimiento con la profundidad psicológica de personajes que ejemplifican los diversos tipos de subjetividad que configuran el crisol de la denominada sociedad postindustrial.

¡Tenéis la lista, ahora a trabajar! (Dave y Jim)

Esta subjetividad es expuesta sin medias tintas, con un diagnóstico crudo, como exige el momento. Se manifiesta en dos tipos de conducta, que aparecen retratadas a través de los dos personajes principales; por un lado Dave (Domenic Cooper), agente hipotecario, dedicado por completo a seguir el target compuesto por una clase media dispuesta a empeñar sus ahorros en una hipoteca de interés variable la cual salvará su bienestar, eternamente aplazado. Para ello, Dave no dudará en utilizar la falsedad, el engaño y la estafa para conseguir aumentar su comisión, deplegando esa retórica y familiaridad algo costumbrista que tanto gusta al comercial. Por otro lado, la cara b de la sociedad, de nombre Jim (Joseph Mawle), que con una familia en ciernes y un trabajo de baja remuneración tiene el infortunio de toparse con Dave, viejo compañero de colegio. Este encuentro activa un resorte que parecía sublimado por las grandes dosis de ternura que rodea su vida familiar. Pero el mundo, nunca es suficiente.  Jim no se conforma con un hogar, Jim quiere una propiedad. Máxime cuando la retórica y la imagen proyectada por Dave fabrica en su pensamiento el paraíso que estaba esperando, ese que nos anuncia la publicidad de forma metafísica, casi lírica.

 La correspondencia entre el estatus social y la posesión material, credo discursivo del hombre moderno.

   ¡Esto es lo que hago, es lo que soy! (Gus)

   A estos dos polos conductuales, le corresponde un tercero para poder completar   el tinglado fraudulento del abuso que supone jugar con las cartas marcadas de antemano en el mal llamado libre mercado. Tenemos, al ciudadano-consumidor, endeudado bajo la promesa de mejorar sus condiciones de vida, tenemos al tiburón comercial, autómata y sin ningún tipo de escrúpulo moral y el suficiente cinismo para vender la ruina incluso a un amigo de la infancia. Ellos son productos efímeros, personalidades tipo que independientemente del sistema reciclarán su comportamiento y reanudarán su vida después de la caída. Sin embargo, aparece en escena uno de los personajes más logrados de esta historia  y que cierra el círculo de este negocio, el jefe del departamento financiero de uno de los grandes Bancos que operan en la City de Londres. Su nombre es Gus (Aidan Guillen). Un deshumanizado individuo que tiene la tarea de dar salida a los ultrapopulares productos derivados, papel mojado, objetos intangibles que funcionan como moneda de cambio en el mercado financiero, extrayendo la máxima rentabilidad para los inversores del Banco donde trabaja. Precisamente, estas fichas jugadas en el gran casino y devoradas instantáneamente en el festín macroeconómico, no son otra cosa que la deuda de multitud de confiados ciudadanos, como Jim, que no imaginan que su bienestar se juegue en esta siniestra partida.  Gus es un sujeto patológico pero obsesionado por lo que hace, siempre en la búsqueda insaciable de la autosatisfacción. Al mismo tiempo, una persona destruida emocionalmente, incapaz de vivir fuera del éxtasis onanista que le proporciona tener en sus manos miles de vidas anónimas, con la indiferencia moral que lleva consigo el hecho de no ver ni ser visto. Sin mayor rumbo vital que éste y con una desesperante incapacidad para construir su vida en torno a gente de carne y hueso; como es el caso de su hija adolescente fruto de un matrimonio fracasado, o como la atractiva colega y amante, la cual, a pesar de ser cómplice en el juego financiero, no está dispuesta a convertirse en la esclava sexual de un hombre sin alma.

Aidan Gillen (Juego de Tronos, The Wire) protagonista de Freefall

Es perfecto, el Banco gana, los inversores también, y ellos tienen sus casas…

La trama en esta serie se presenta como una acertada radiografía de un proceso de descomposición, de una caída al vacío que el director va desmenuzando con un mimo extraordinario. Toma como referencia teórica y título homónimo el ensayo escrito por el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en 2010, donde apoya la tesis que afirma que la recesión económica mundial fue el producto de la aplicación de políticas neoliberales cuya promesa de crecimiento ilimitado suponía un alto riesgo, no sólo financiero, también ético y político cuyo previsible agotamiento iba a impactar con violencia en la forma de vida del ciudadano común. Más allá de las personalidades existe un complejo mecanismo que se desencadena desde la cúspide aprovechando las debilidades y miedos de los sujetos que lo componen. A dicho mecanismo no le hace falta autoridad que lo imponga, ni moral que lo justifique, ya que se va desplegando silenciosamente a través de nuestros propios comportamientos. Este ethos nos va configurando a través de acciones cotidianas donde el consumo, el uso de los recursos, la división del trabajo y la carrera profesional, no son sólo formas que se nos imponen externamente, una forma de organizarnos en un contexto determinado, sino que cristalizan en una  subjetividad adaptada a la sociedad a la que sirve.  El final de esta historia parece invitarnos a despertar de ese mal sueño, a ofrecer la mayor resistencia posible aquella máxima que dice Homo homini lupus est”.

Fuente: Beatriz Segura (Pinterest)

La BBC se ha especializado en suministrar  pequeñas dosis de producciones cuya pretensión consiste en ilustrar los diferentes flancos y puntos de fuga por los que podemos acercarnos discursivamente a los entresijos del contexto sociopolítico que padecemos. Desde el inicio de la recesión, se han sucedido en otros ámbitos un amplio espectro de perspectivas, algunas más sugerentes que otras, en las que casi todos los análisis (fanatismos aparte), coinciden en afirmar que el germen de la situación actual se encuentra en la desavenencia entre capitalismo y democracia. Esta pareja, siempre vista de forma prometedora por el pensamiento socialdemócrataha sido víctima de los excesos de éste y la generosa sumisión de aquella.

Ver Película (Filmin)

Mientras miles de personas han sido desahuciadas de sus casas desde que empezó el desastre, han sido ya varias las inyecciones de dinero público a la Banca, no se depuran responsabilidades, y desde la élite se persigue a jueces y plataformas ciudadanas, manteniendo la solución neoliberal como única receta económica. Eso sí, cada vez lo tienen más difícil para obtener el consentimiento ciudadano. Con todo, con la información que ahora tenemos cada vez lo tendrán más complicado para alienarnos en su forma de ver el mundo. El cambio puede que sea lento, pero en la subjetividad está la clave, si en vez de ser cómplices apostamos por otras formas de organizarnos, de autogestionar nuestro bienestar quizás podamos salvar los restos del nufragio y empezar a construir algo nuevo.

No basta con ver los hilos que nos sujetan, también hay que cortarlos.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

2 comments

  1. Hola Andrés, es cierto, de hecho la confianza juega un papel clave en la articulación de la historia, que podría ser la de cualquiera de nosotros. No sólo la confianza hacia el otro, al que nos abrimos sin reparo mientras nos cede el paso amablemente hacia el precipicio, sino también a esa confianza que ya no es secular. Una fe casi religiosa que toma forma en la aspiración de subir en la escalera social aun dejando la vida a un lado.

    Gracias por tu comentario!

  2. Anoche la vi por segunda vez. Es espectacular. Lo mejor (y lo peor) que tiene esta película es que es perfectamente creíble. Que todo un sistema está basado en papeles que flotan en el aire y que en cualquier momento pueden desplomarse, junto con quienes confían en ellos.

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