Simplificando Ghost in the Cannes

Como siempre voy con retraso. Pero a mi entender para poder juzgar las cosas hay que dejar pasar un poco de tiempo porque sino nos dejamos llevar por la inercia de la novedad para bien o para mal. Hoy en día habrá quien defienda que igual hay que vivir el momento y no darle más vueltas, pero yo soy más de mascar las cosas. No me gusta quedarme con las primeras impresiones. Como ya hemos comentado muchas veces somos víctimas de lo rápido que fluye la información. Si queremos estar a todas, caeremos en repetir las opiniones de otros, simplemente, más rápidos que nosotros, y esto no tiene que ser malo necesariamente. Pero todos de algún modo somos prisioneros de nuestra subjetividad y puestos a equivocarnos, por lo menos que sea bajo nuestras condiciones, lo que viene siendo, ser un poco coherente.

Simplificando Ghost in the…

Cartel de “Ghost in the Shell” en España

He visto “Ghost in the Shell” (Rupert Sanders, EEUU, 2017). Y he salido de la sala realmente preocupado por cierta inercia que desde hace tiempo impera no solo en el cine. Os hablo de esa simplificación de todo para hacerlo fácil. El darlo todo mascado. Tanto es así que caemos en crear contenidos tan ligeros que terminan perdiendo su profundidad, su sentido, hasta la misma esencia. A mi entender Ghost in the Shell es el ejemplo culmen de este fenómeno. Y desde ya, os digo que no me siento como uno de esos puristas que no toleran que cambien ni un ápice el libro o la versión cinematográfica anterior o como en este caso, el cómic. Aplaudo cualquier cambio que haga más interesante o aborde algún enfoque original de una historia ya contada, como pasa por ejemplo con “Blade Runner” (Ridley Scott, EEUU, 1982) que esta basada en el libro “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, ambas son muy diferentes.

La parte gráfica es insuperable, otro de los males que adolece el cine hoy en día, primar la estetica sobre el significado. Visualmente la película es impecable. Los detalles estéticos están cuidados al máximo nivel. Las estampas con las que nos deleitaremos y quedarán grabadas en nuestras retinas es lo que más pesa en la película dejando la trama en un segundo plano, casi en una mera excusa. Terminaremos con la impresión de que la película entera esta construida para ello. El guión trabaja enteramente para mostrarnos la sucesión de imágenes perfectamente recreadas del cómic (Masamune Shirow) o de su anterior versión en el anime del mismo nombre, “Ghost in the Shell” (Mamoru Oshii, 1995, Japón). Personalmente pienso que las escenas escogidas de ambas expresiones de la historia, sirven para ver en imagen real aquellas escenas que todos ya conocíamos. Vemos este fenómeno realizado, pero las escenas de acción que han sido creadas para esta película carecen del nivel de las ya vistas. Aun así, soy de los que piensa que las imágenes deben estar a la altura o por lo menos deben de ser acordes a la historia que se nos cuenta, y en esta ocasión no es el caso. Posiblemente, cuando la película salga en cualquiera de las plataformas destinada a llegar a nuestros hogares vuelva a verla, pero prácticamente saltando a través de las escenas destacadas, difícilmente la veré de principio a fin.

En la obra original nos encontrábamos todo un compendio de temas sobre la posmodernidad que abarcaba la política, la ecología, el sentido de la humanidad, la publicidad, la inteligencia artificial, el consumismo, la transhumanidad, etc. En otras palabras, en qué se convertirá la humanidad, o qué sobrevivirá de ésta en su confrontación con el paso del tiempo, un tiempo que a través de los avances tecnológicos se ha acelerado de una manera que nunca se había contemplado en nuestra historia. Igual simplemente es el efecto de ver las cosas desde el presente que siempre hace difícil analizar diferencias y similitudes con otras épocas. Siempre es más fácil analizar las cosas a la postre que estando sumergido en ellas mientras acontecen, como comentábamos al principio de este artículo.

En la película que nos ocupa todo se centra solo en las dudas existenciales de la Mayor Motoko Kusanagi, la protagonista de la historia, interpretada por Scarlett Johansson. Algo que era en la cinta original uno más de los temas, en ésta se convierte en el único, hasta el punto que sirve para encauzar la historia hacia su trama principal llegando a no estar separados uno del otro. En las versiones anteriores se tocaban muchos temas pero sin darnos respuestas, simplemente planteándolos para que seamos los espectadores quienes busquemos respuestas. La película estaba construida para hacernos pensar, mientras que esta última versión no nos da ese espacio, pretende ofrecernos todos los ingredientes para que no tengamos que pensar, solo disfrutar de lo que allí vemos.

Novela gráfica, Anime y Película.

La búsqueda de la posthumanidad por medio de la transhumanidad. Con esta frase que no encierra pocas posibilidades, llegamos más lejos de lo que la cinta consigue. Y es que toda la película gira alrededor de las dudas de la protagonista. No me parece mal este enfoque, está bien que la cinta sirva para construir el personaje, pero en la obra original Makoto ya sabe quien es. La cinta nos mezcla con la historia original una especie de precuela. Y es que la película nos muestra como Makoto llega a ser el personaje que conocemos, y esto es algo que apreciaría como bueno si el resultado hubiera profundizado algo más en todos esos aspectos mencionados que aparecían tanto en la película de animación como en el cómic de Masamune Shirow.

Hay que decir que en la obra original los diálogos y las reflexiones sobre el mundo no son escupidas sin piedad hasta el punto de abrumarnos. Hay una serie de animación basado en este universo que llevaba esto a niveles exasperantes en los que nos encontrábamos perdidos entre la jerga mística científica que rodea este mundo y las teorías conspiranoicas en la que nos veíamos envueltos. Ghost in the Shell nunca ha sido una historia fácil pero es que en la película que nos atañe ha llegado a un nivel de simplificación que se conforma con descubrir el pasado de la Makoto Kusanagi. Entiendo cierta simplificación, cierto aclaramiento de conceptos. Ese mundo complejo y tremendamente rico que hacia creíble Masamune Shirow, creando una obra totalmente realista en la que no nos parábamos a pensar ni por un momento en la faceta fantasiosa o de ficción que poseía. No nos permitía pararnos a pensar en las excusas necesarias para entender como se llegaba a este futuro posible. Prefería hacernos un hueco dentro de él para entenderlo sin necesidad de saber como habíamos terminado en él. En la última versión la recreación de este mundo se queda pequeño y nos detendremos demasiadas veces a pensar como hemos llegado hasta aquí o hacia donde avanza la idea que intenta plantear. La explicación no suma, simplemente matizan cosas que ya se entienden por sí solas mediante las imágenes. En las anteriores versiones pasaba lo contrario. Tanta información, nos hacía olvidar el mundo visual.

Portada de la Novela Gráfica y del Anime.

Otro aspecto que denota las ganas de simplificarla para llevarla a todos los públicos, de crear y vender un viejo producto como nuevo, es el cambio de su banda sonora. Una banda sonora que tranquilamente puedo decir que era el acierto y la novedad de la cinta de animación sobre el cómic. Posiblemente lo mejor de la película radicaba en su banda sonora. Pues en esta versión rehacen la misma convirtiéndolo en algo simplemente protocolario y convencional. Y es que el cine hoy en día denota más esas ganas de vender y no tanto de crear arte. Se echa de menos en este tipo de cintas el asumir los riesgos de contar algo habitual de una forma original. Recuerdo algunos ejemplos como “Aliens, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979, EEUU) fusionando la ciencia ficción y el terror o la reinterpretación de “La jetée” (Chris Marker, 1962, Francia) en “Doce Monos” (Terry Gilliam, 1995, EEUU).

Para terminar esta crónica, Ghost in the Shell es una suma de los momentos más emblemáticos de la películas de animación. Nos lleva al plano carnal todos aquellos momentos que eran potentísimos estéticamente. Pero no pasa de ahí. No traslada nada más. La complejidad del mundo solo la apreciamos en el decorado que sirve de escenario y en la galería de personajes variopintos. Tristemente tengo que decir que solo es un intento de llevar al cine a todos aquellos que hemos disfrutado de las anteriores versiones. Otro “saca cuartos” en mano de los ávidos productores que rebuscan entre la nostalgia de nuestra generación, como pasa con otros tantos mundos de ficción.

…Cannes.

Este año ha saltado la polémica en Cannes de la mano de Pedro Almodovar y la plataforma de contenidos Netflix. Una polémica anunciada. Y es que se trata de una guerra que ya lleva años disputándose. Es aquella misma por la que dimitía Alex de la Iglesia de la presidencia de la Academia del Cine Española. Es una contienda que a poco que uno haga de reportero cinéfilo de guerra se puede vislumbrar quienes serán los vencedores y los vencidos.

Las dos partes, como en todos los enfrentamientos, intentan maquillar el conflicto. Unos, lo venden como el típico enfrentamiento entre románticos y alienadores. Los otros, asumen el papel innovador de las nuevas plataformas contra tradicionalistas rancios que quieren ponerles puertas al campo. Por poner un ejemplo  muy recurrente con el tema de la lectura. “Los ebook son muy cómodos pero nunca será lo mismo que leer en papel”… Personalmente, no estoy de acuerdo con esta afirmación. Soy defensor del ebook; muchos libros en poco espacio, sin peso que ponga en riesgo mi salud en la cama cuando estoy somnoliento, y la lucecita, sí la lucecita, me permite leer de noche sin tener que levantarme para apagar la luz y sin molestar a mi pareja. Dejaré que otros defiendan el papel.

Os voy a contar una cosa que se aprende estudiando Historia. Tarde o temprano, en ninguna guerra priman los ideales demasiado tiempo. Al final todo se reduce al dinero y al poder. Todas las guerras son por dinero y poder. Y esta también lo es, pero retrocederé un poco en mis planteamientos para intentar ordenar las ideas, ya que hemos empezado por el final dando por entendido el problema y puede que algunos de los que estáis leyendo no sepáis por donde van los tiros.

Okja y The Meyerowitz

Este año en el Festival de Cannes se escogen dos películas producidas por Netflix para su sección oficial. “Okja” (Bong Joon-ho, 2017, Corea del Sur) y “The Meyerowitz Stories” (Noah Baumbach, 2017, EEUU). Lo de las diferentes secciones de este festival: oficial, no oficial, fuera de competición o las de medianoche, etc… daría para hacer una entrada en sí misma pero lo dejaremos para otra ocasión. La cuestión es que Netflix, aprovechando la promoción obtenida en el festival anuncia que estrenará “Okja” en streaming, osea, en su plataforma digital, para finales de junio, sin pasarla por las salas de cine. Aunque esto era algo de esperar, hace que salten las alarmas en los organizadores del festival. Pedro Almodovar, presidente del jurado, en una rueda de prensa pone de manifiesto la opinión de los organizadores. Éstos consideran que las películas del festival deben exponerse en las salas del cine dando la oportunidad de verla en pantalla grande y de continuar con el modo convencional de exhibición de la industria del cine. Netflix ante estas presiones no cambia de opinión, emite unas declaraciones reconciliadoras pero mantiene su postura. Ante la polémica y lo que el festival entiende que es un cuasi afrenta, decide añadir a sus normas para futuros certámenes que las películas que se presenten al concurso deben pasar por las salas del cine y por la distribución habitual en la industria del cine francés.

Una vez más son los medios quienes han dibujado el escenario y los protagonistas. No digo que esto sea necesariamente malo pero creo que hace mucho que los medios de comunicación se excedieron en esta función. Es normal que los medios intenten de algún modo estructurar la información y busquen enfoques con protagonistas para hacerlos entendibles, pero otra vez estos medios han dibujado el escenario ofreciendo el veredicto cuando éste debería quedar para el común de los espectadores. Cada uno de nosotros debería poder hacerse su propia opinión y para ello solo necesitamos los datos y los diferentes puntos de vista, a partir de ahí cada uno juzgará como mejor vea el asunto. Si recordáis los documentales en blanco y negro, normalmente una voz en off nos explicaba una cuestión y después se colocaban citas de los personajes de la época para que viéramos el reflejo de lo que nos explicaban, pero ahí se quedaban, esperando que el espectador completase con sus pesquisas el tema. Hoy en día, con tantos opinadores buscando notoriedad, rápidamente el tema se satura y suele provocar una sobrecarga mediática que logra lo contrario de lo que se suponía que pretendían. Al final la gente tiene la necesidad de opinar y pasa lo que suele pasar cuando se escuchan campanas y no se sabe de donde vienen. Gente que solo quiere opinar sin esforzarse demasiado en investigar, por eso que hemos comentado en este blog en muchas ocasiones, el afán de inmediatez y la necesidad de destacar. Y lo más fácil es cargar tinta sobre aspectos menores del asunto en plan “mira lo que ha dicho Almodovar”. Una frase puede hacerse más importante que la noticia en sí. Ni siquiera escuchamos el discurso completo, nos basta con una frase, un titular muchas veces cogido con pinzas para confirmar los prejuicios, sin importar lo que realmente se ha dicho o el contexto. Podemos verlo en los ya comentados casos de Trueba o Miren Gaztañaga en artículos anteriores.

Los certámenes, ante todo, lo que hacen es promoción del cine. Cada uno enfoca su promoción como la entiende. El festival de Sitges, por ejemplo se especializa en el cine fantástico, el de Sundance en el cine independiente, los Goya en el cine español, etc. Teniendo esto en cuenta, cada festival tiene total libertad a la hora de elaborar la estrategia de promoción que considere. Esto incluye no solo la cuestión cualitativa sino la forma que debe adoptar la industria. Por ejemplo, en los Oscar, ya se planteo el tema de incluir las películas de animación en el apartado de mejor película que hasta hace bien poco tenía su sección particular. Alguien un día dijo que esto era tratarlas como una obra menor ya que nunca se permitía que pudiesen optar al premio de los premios. Hoy en día estas películas pueden codearse con las nominadas a la mejor película del año en dicho festival. Lo considero una evolución, aunque todavía falte mucho para que una película de animación se haga con el premio a mejor película, y ha habido cintas que podrían haberlo conseguido.

Lo primero que tendríamos que comentar sería decir que para nada estamos hablando de la calidad de las cintas objeto de la polémica. Ambas han sido seleccionadas para la sección oficial del festival, por lo que se le supone cierta calidad. La cuestión se ciñe a la comercialización de éstas. Si deben pasarse por las salas de cine o no. Osea que el tema es meramente comercial, ya sea en cuanto a su rentabilidad económica o cultural. Dicho esto pasaremos a comentar los pormenores de la cuestión de comercialización sin entrar en debatir la cuestión cualitativa de las cintas.

Algo falso, que suele ser una idea generalizada, es que los festivales eligen a sus participantes y realmente no es así. Los críticos u organizadores de los festivales no ven todo el cine que se ha hecho y después eligen. Son las productoras las que mandan las películas cuando consideran que tienen cabida en el certamen. De éstas, unas pocas son elegidas como nominadas. Hace ya años que el mismo Pedro Almodovar o su hermano Agustín, productor de cine, criticaban los canales para la elección de las candidatas o incluso de los ganadores, pero no es el tema que nos atañe en este artículo. Entiendo que Netflix mandó las dos películas al festival y ambas partes, Netflix y Cannes han jugado sus bazas para llevar al otro a su huerto. Netflix quiere quitarse el sambenito de que sus producciones son meros trabajos para televisión y Cannes, de algún modo, tal vez condescendiente, quería demostrar que la productora con este gesto denotaba que en el fondo, quería llegar a la primera división de las obras de culto, reconociendo que hay cine y cine con mayúsculas. De algún modo, los dos discursos son compatibles a medias. Al final, Netflix quiere que se le reconozca su lugar pero quiere llevar la industria a su terreno. A fin de cuentas ha conseguido el reconocimiento pero va a estrenar su película en su plataforma creando un precedente para la industria. A mi entender Netflix gana la mano ya que se sale con la suya y consigue que quienes se pongan en evidencia sea Cannes al prohibir para próximas ediciones del festival las películas que no se estrenen en las salas de cine francesas.

Llegados aquí hay que explicar que significa esa frase que tantas veces he repetido: “estrenar las películas en salas de cine francesas”. Francia tiene una legislación muy protectora con su industria cinematográfica. Cuando se estrena una película las exhibidoras están obligadas a cumplir una serie de ventanas de distribución. Hasta pasado los cuatro meses no se puede sacar en DVD o en Blue-ray, al año pueden emitirse en televisiones de pago, a los dos años en televisiones públicas y por fin, a los tres años, puede pasarse por las plataformas online como Netlfix, Amazon, Filmin, HBO o Movistar. Es aquí donde se encuentra la clave. Cannes pretendía que se estrenasen en sus salas para que así Netflix se sometiese a los medios de distribución de siempre. Cannes parece haber olvidado con quien jugaba y esperaba que la plataforma, por algún código de cortesía, entrase en su juego. Nadie en su sano juicio o con algo de conocimiento de como se han ido moviendo las fichas en el tablero podría pensar que Netflix fuese a cumplir con las pretensiones del certamen. Otra forma de verlo es que Cannes haya sido victima de los acontecimientos y se haya visto arrastrado al conflicto entre la industria cinematográfica de siempre y estas nuevas formas de hacer.

Al final, de un modo u otro, el Festival de Cannes ha terminado erigiéndose como el paladín de la industria francesa y corre cierto riesgo, tal y como como dice un viejo refrán “en discusiones entre dos no caben terceros”. No obstante, el dinero suele encontrar su camino. Unos y otros al final se verán obligados a adaptarse a las circunstancias y los únicos que se han atado son los organizadores del Festival al imponer la exhibición en las salas de cine. Puede que tarde o temprano terminen echando en falta algunas peticiones para participar en su festival. Puede que grandes candidatas opten por no presentarse al festival para no verse atados a las ventanas de distribución. Y creo que más tarde o más temprano la industria cinematográfica terminará pasando por este tipo de formato, la tarifa plana. Nadie puede comprarse o pagarse de forma individual la gran oferta que hoy en día existe. Y cuando los que manejan el dinero se vean obligados a entrar en este nuevo formato, el Festival de Cannes no tendrá candidatos. ¿Quien va a producir películas que no podrán exhibir en sus propios canales hasta tres años después de su pase en salas?. Sin esta normativa, que podríamos decir que es incluso abusiva, no creo que hubiese sido imposible de convencer a Netflix para que pasase sus películas por las salas de cine en Francia. De hecho “Okja” ya ha sido pasada por los cines en Corea del Sur sin originar toda esta polémica.

A fin de cuentas toda esta polémica no ha hecho más que darle publicidad a Netflix, que ha provocado que se hable más de como la productora prima su canal de difusión y a sus clientes, que de la industria cinematográfica francesa. Fijaros a donde ha llegado la cuestión. En la proyección de Okja en el festival hubo una serie de problemas técnicos que han afeado aun más el tema. Puede que hayan sido problemas fortuitos pero siempre existirá la duda razonable de que haya sido un claro sabotaje ante el malestar ocasionado. Una vez más, Netflix aparece como la víctima y el festival como un rival impotente que tiene que recurrir a argucias a falta de argumentos o recursos. Netflix ha conseguido que se hable de ellos, ya sea mal o bien, consiguiendo publicidad y por otro lado creo que Cannes se ha metido en una travesía que difícilmente puede terminar en buen puerto. Ahora nos queda esperar a ver que pasa en los siguientes festivales o certámenes que de seguro sacarán a flote la polémica una y otra vez, como las ondas en un estanque, haciendo eco del asunto.

Acerca de Iván Merchán Suárez

Habiendo estudiado en una escuela de artes plásticas y en la universidad, Historia, creo que el cine es la mejor forma de aunar narración con estética, de ahí que me encuentre escribiendo en un blog de cine. Raro es que no encontremos reflejos de nuestras vivencias en una película o un libro.

2 comments

  1. Buenas,
    Respecto a la polémica sobre Okja/Netflix, y tras el visionado de la película, me quedará siempre la duda de si todo ha sido una gran campaña promocional orquestada por los medios y por algún que otro actor/productor que tenga intereses de por medio.
    Los primeros párrafos de tu crítica sobre Ghost in the Shell valdrían para Okja, dónde con tal de llegar a un público “universal” la película ha perdido toda esencia y toda credibilidad.
    Es increíble pensar que un director que ha hecho la tan elaborada Memories of murder, haya hecho esta obra mediocre y vacía.
    En lo que respecta a la polémica en sí, será cuestión de tiempo y millones de euros perdidos, cuando Cannes y demás festivales ‘clásicos’ se den cuenta que no se puede luchar contra la rueda del tiempo…
    Saludos!!!

    1. Gracias por comentar el árticulo y la película Okja.

      Está claro que para Netflix todo ha sido una gran campaña publicitaria, desde que presento la película a Cannes hasta que anuncia que saldra en streaming en pleno Festival. Lo que no entiendo es como Cannes entra al trapo cuando a todas luces sale perjudicada. Me parece que entre los que han vertido opiniones al oido de los organizadores del festival, ha debido haber mucho negligente y más de un doble agente.

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