Hay un hombre en Escocia que lo hace todo : Mark Cousins (2)

En la primera parte de esta entrada monográfica dedicada al polivalente autor y cineasta Mark Cousins, realicé una breve biografía intelectual del autor, transitando por sus primeras películas, donde la experimentación visual y la elección de temas marginales lo ubicó en el circuito underground de la cinematografía europea. Su estilo nada solipsista y cooperativo avanzó con su trabajo cerrando proyectos que se movían en los márgenes de la industria, alimentándolos de un transparente compromiso político. Pero hubo un antes y después desde la emisión por televisión (Channel 4) de su obra magna sobre el cine y su historia, ‘The Story of Film: An Odissey’ (2011). Una visita a los principales hitos innovadores de las distintas industrias de la cinematografía mundial. En esta producción se consolida un estilo narrativo marcadamente literario, que parece afianzar la idea que subyace en la obra de Cousins; al contar la Historia se abre una inevitable fisura entre su pretensión objetiva de narrar los hechos tal como ocurrieron, y su naturaleza subjetiva, que sitúa al punto de vista, la posición de salida, como elementos que condicionan el significado de esos hechos.

Esta tensión aparecerá con mayor agudeza en su filmografía más reciente. El autor adopta una serie de premisas previas a la historia que quiere contar, pero sin perder la vocación universalista, regalando al espectador una visión global, holística, del tema que trata.

De esta manera seguimos donde lo dejamos, viajando. Después del éxito conseguido con su historia del cine, en What Is This Film Called Love?” (Reino Unido, 2012), Mark Cousins decide coger su pequeña cámara digital y recorrer durante tres días Ciudad de México. Un área fronteriza, violentamente dulce como diría Cortázar, de la que extrae escenas inolvidables. Aquellas acciones de la vida cotidiana, protagonizadas por personajes anónimos, sucedáneos posmodernos de aquella ‘gente saliendo de la fábrica’ con la que los hermanos Lumière sorprendieran al mundo a finales del s.XIX. Un documental austero, que equilibra continente y contenido a través de una sucesión de escenarios, símbolos y conductas. De guion inolvidable y provocador, donde el narrador interpreta lo que ve, aun a riesgo de provocar rechazo en el espectador debido a ciertos momentos de endiosamiento personal. Como en aquel momento en la que compara la poesía de una escena con la que pone en juego: «[…] la técnica del gran Eisenstein» o en aquel otro, donde hace suya: «[…] la atormentada pero clarividente conciencia de Virginia Wolf».  En cualquier caso estos atisbos de grandeza son mera anécdota que cae en saco roto ante las virtudes de una road movie lírica, que bien podría pasar, gracias a su ilusión y frescura, por una tesis doctoral de un estudiante aventajado de Comunicación Audiovisual.

Esta obsesión por el viaje sin fin, la lleva Cousins tatuada en su propia piel. Como una sutil alegoría a ‘La Odisea’, en su brazo izquierdo puede verse un remo y un rastrillo de labranza, aludiendo a la parte de la narración homérica donde Ulises llega a una aldea en el que sus habitantes no conocían el mar, confundiendo los remos de los recién llegados con aparejos para labrar la tierra. El gusto por la metáfora, por el oxímoron o por la paradoja dialéctica de afirmar una cosa y su contraria. Un ‘viaje estático’ sirve como hilo conductor del documental A story of children and film” (Reino Unido, 2013).

Y aquí se supera una vez más.

La historia surgió tras una estancia breve de sus sobrinos (Laura y Ben) en la casa. Mientras jugaban en la habitación él grabó todos sus movimientos, sin mayor distracción que la espontaneidad y las reacciones naturales de los niños. Pensó que nada podría salir de ahí, pero al analizar la grabación detenidamente, aparecieron detalles que amplificaban esa escena aparentemente trivial. «Haciendo el momento más de lo que parecía»; según sus propias palabras. En las imágenes de Laura y Ben, encontró docenas de rasgos característicos de los niños presentes en infinidad de películas; eran juguetones, destructivos, audaces, aventureros, vigilantes, creativos. Tras este descubrimiento, Cousins traza un plan preciso, y tira de su archivo personal para descubrir la potencia cinematográfica de la infancia. A través de una selección de escenas donde los niños son los protagonistas, desde dibujos animados, a clásicos de una generación como ‘ET (Spielberg, 1982)’, ‘Fanny and Alexander‘ (Bergman, 1982) y ‘Encuentros en la tercera fase‘ (Spielberg, 1977), pero sin omitir rarezas fílmicas de otros países. En opinión de Cousins: «Las películas pueden transmitir verdades sobre la infancia que incluso la mejor literatura no puede igualar, ya que las escenas son dirigidas de alguna manera por los niños. Ellos traen su propia agenda. Esto es verdad, incluso en películas de directores muy controladores como Steven Spielberg». Y añade: «Cuando nos fijamos en los niños en la vida real o en el cine, te das cuenta de que, debido a que no han desarrollado bastante la forma en que se supone que son, esto significa que pueden mezclar emociones. Ellos no se avergüenzan de berrear o llorar simplemente porque quieren algo. No sienten que tienen que ocultar la desnudez de esas emociones».

Trilogía ‘Hibrow’: haciendo hablar al texto

La unión de cine y literatura alcanza cotas paradigmáticas en este autor, cuya forma de narrar ha sido decisiva en toda su obra. A pesar de ser un creador de lo audiovisual, siempre ha puesto énfasis en la idea y su más antiguo vehículo, el lenguaje. Toda su obra está plagada de discursos, interpretaciones y guiños a la historia de la literatura, a cuyos personajes suele tratar como cómplices intelectuales de una forma de estar en el mundo. Con las películas que componen la trilogía presentada en la pasada edición del Atlántida Film Fest, esta simbiosis se hace evidente y consolida una forma de hacer cine que antes hemos denominado parafraseando al autor, como ‘películas-ensayo’.

Una imagen vale más que mil palabras…¿o no?

Empecemos con “Here Be Dragons” (Reino Unido, 2013). Cousins acude a Albania como invitado a un festival de cine nacional, formará parte del jurado en un certamen cuyo propósito principal es volver a situar al país en la cinematografía mundial, después de haber padecido un aislacionismo radical con la dictadura del implacable Enver Hoxa (1908-1985). De este régimen todavía quedan secuelas, sobre todo en el mundo de las artes, las ciencias y las letras, que en estos casos, siempre tienen la tarea más lenta y difícil; recomponer el imaginario colectivo de todo un pueblo. Personalmente, su visionado fue el que más impacto me produjo de las tres películas que componen este proyecto. Muestra un paisaje desolador, casi 15 años después del régimen, los grandes monumentos erigidos para gloria de Hoxa, permanecen como testigos arrogantes que vigilan el paso de unos ciudadanos, aun sonámbulos, que continuan con una vida por armar, con el rostro inexpresivo de aquel al que le han arrebatado cualquier atisbo de horizonte. No se me va de la mente, la gran pirámide de Tirana, un museo dedicado a la figura del dictador, erigido por sus hijos y hoy reconvertido en centro cultural y sala de conferencias en un valiente intento de hacer brotar vida de una raíz muerta. La escena es sublime, una fachada enorme, anacrónica, sucia y extravagante, cuyas paredes sirven hoy de pasatiempo para algunos niños sin memoria. No quisera terminar este análisis sin hacer mención a una entrañable visita que el director realizó a la Filmoteca Nacional. Un fondo destrozado, con carretes de película carcomida por el olvido, con joyas de la producción audiovisual albanesa que ahora está siendo restaurado con mimo e ilusión por buenos profesionales y muy escasos medios. Otra metáfora de la vida actual de toda una población. En palabras de Cousins: «Las películas son mensajes en botellas, luces de estrellas lejanas. Si nos preocupa el pasado, nos preocupa el cine».

La Pirámide de Tirana, antiguo mausoleo de Enver Hoxa

Me pasaría mucho tiempo hablando de las sensaciones que me produjo todo el documental, el cual bajo una excusa cinéfila, acaba mutando en un ejercicio de critica politica, coronado con una brillante y sentida carta abierta de Cousins, uno de los muchos europeos que desde la distancia alguna vez creyó, como decía la máxima stalinista, que “no hay monstruos en el paraíso”. Si tenéis la oportunidad de ver este maravilloso trabajo no lo dudéis un instante. Como aperitivo, y volviendo una vez más al texto escrito, hace poco EL País Semanal publicó un interesante reportaje sobre el espionaje albano.

Seguimos con “Life May Be” (Reino Unido; Irán, 2014), donde vuelve a contar con la directora iraní Mania Akbari para montar una historia epistolar donde las imágenes y la narración parecen contradecirse, cayendo de nuevo en la recurrente técnica del oximoron para ofrecer una particular visión al espectador. En contraste con lo que ocurre en ‘Here be dragons’, aquí no intenta desnudar el alma de un mundo ajeno, dando prioridad a la imagen frente a la palabra. Por el contrario, en esta cinta hay un intento de autoreflexión del autor, se desnuda él y su mundo, no sólo emocionalmente también físicamente en ciertas escenas que algunos considerarán valientes, y otros, entre los que me incluyo, simplemente exentas del mínimo pudor. A media que avanza el metraje, Mania y Cousins van perfeccionando sus collages emocionales hechos a retazos de fotografía y escenas animadas, y pasan de lo personal a lo étnico o cultural, convirtiendo el ajetreo inicial en una animada conversación entre Oriente y Occidente.

Belleza y lucidez de la cineasta iraní, Mania Akbari

La misma fórmula epistolar, pero algo más descuidada e insustancial, encontramos en la cinta que cierra la trilogía, “6 Desires: DH Lawrence and Sardinia” (Reino Unido; Italia, 2014). A pesar de haber experimentado todo tipo de sensaciones con la obra de este autor, no acabo de comprender que trató de hacer en este experimento narrativo. Con este documental observamos al Cousins más farragoso, un rompecabezas metaliterario cuyo hilo argumental es una carta dirigida al escritor inglés D.H. Lawrence, cuya vida intenta reconstruir a través de un viaje por la Cerdeña. Una vez más el cineasta abusa de sus muchos y variados alter egos (todos ellos ilustres personajes históricos), para mostrarnos un ensayo demasiado personal del autor de ‘Cerdeña y el Mar’ (1921), novela que le sirve de referencia para esta aventura, o ‘El amante de Lady Chatterley’ (1928).

Esta trilogía pone punto y final al monográfico dedicado a este polifacético director, el cual, ha dado nuevos bríos al género documental con un estilo personalísimo pero extramadamente adictivo. Además de haberos intentado transmitir esta sensación y recomendaros el visionado de su obra en cuanto tengáis la más mínima ocasión, tengo que reconocer que gracias a ello he conseguido descubrir algunos mensajes ocultos en sus películas, que como hilo de Ariadna, comunican al autor con su obra y dotan a ésta de una mayor coherencia. En 2015 ha estrenado dos documentales más, I Am Belfast” (Reino Unido, 2015) y “Atomic: Living in Dread and Promise” (Reino Unido, 2015). Quizás, cuando terminéis de leer esta entrada haya estrenado un par más. Le seguiré la pista, y os lo seguiré contándolo.

Como reivindicó Roland Barthes inaugurando la cosmovión posmoderna: «el autor ha muerto». Pero en un rincón de Escocia, hay alguien, que se resiste a creerlo.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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