Mi paso por el Atlantida Film Fest 2015

Hace unas semanas nuestro editor jefe (así es como llamamos amistosamente al capitán de este barco) nos propuso ver el Atlantida Film Fest, con la intención supongo de compartir un descubrimiento propio de esos que nos hacen ilusionarnos hasta el punto de no poder dejarlo para nosotros mismos. Querer comentarlo y hacerlo un tema más de las charlas que tenemos cada vez que tenemos ocasión de reunirnos. Ya de paso, por que no, también traerlo hasta aquí, hasta el blog con una serie de artículos sobre lo que ha podido verse este año en el festival en concreto. Un ejercicio muy sano para ir dándole una apertura de miras al proyecto y de ir madurando junto a este.

Como reza el titulo de este texto no pretendo hacer un seguimiento del festival en sí, sino simplemente verter algunas observaciones sobre las películas que pude ver en él. Una modesta opinión sobre la experiencia vivida durante el festival y los visionados que he podido realizar. No muchos, ya que como siempre, la falta de tiempo que cada vez es más notable con el paso de los años no me ha dejado mucho margen. Si a eso le unimos algunos problemas técnicos diré que me he tenido que conformar con tres películas que comentaré a continuación.

La primera que vi fue Sueñan los androides (Ion de Sosa, España, 2014)”. La elección era clara, una película basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas electricas?” de Philip K. Dick publicada en 1968, la misma novela de la que saldría la aclamada y ya comentada en este mismo blog “Blade Runner” (Ridley Scott, EEUU, 1982). Con esta referencia me fue imposible no elegirla en primer lugar.

Cartel de “Sueñan los Androides” con ese subtítulo de “Androiden Träumen”, retro y gamberro al mismo tiempo.

Me resulto muy difícil de ver. La película casi carece de diálogos. Podríamos describirla del siguiente modo; no más de diez minutos dedicados a los personajes propiamente dichos de los cuales la mayoría son contemplativos. Unos treinta minutos dedicados a planos de casas abandonadas o a medio construir. Otros veinte minutos dedicados a imágenes caseras de cintas grabadas en reuniones familiares y tres temas musicales muy sutiles que hacen alusión de un modo muy especial a lo que estamos viendo. Todo esto entremezclado. Es más propio de una cinta de vídeo arte expuesta en algún museo de nuevas tendencias que de una cinta cinematográfica al uso.

Sé que no parece una descripción muy halagüeña y tal vez la película no lo sea. Pero pasado los días he ido cogiéndole cierto regusto agradable. He ido desentrañando y encontrando sentido a la cinta. Tal vez los casi inexistentes diálogos y la presencia de sus personajes sea escasa pero si hemos visto BladeRunner o leído la novela de Philip K. Dick no haga falta mucho más, ya sabemos la naturaleza de estos y su peculiar situación. Si obviamos ese tipo de narración a la que estamos tan acostumbrados del cine al uso y nos adentramos en sus peculiares formas, aceptando las reglas que la película nos propone, se descubre como si de un enigma, de una adivinanza se tratase, veremos paralelismo y guiños con la novela acercándola a nuestra realidad más cercana con mensajes diferentes a la par de originales de una historia que ya conocíamos. Y por que no decirlo, de introducirnos en la mente de su autor que al contarnos la historia de esa forma tan personal la obra se convierte en una invitación a sus inquietudes y sus puntos de vista.

El desastre que ha creado ese mundo desolado es la burbuja inmobiliaria, de ahí que esté tan presente en todo el metraje, los planos de casas abandonadas o sin terminar. Las canciones, todas muy desfasadas en el tiempo respecto a lo que estamos acostumbrados hoy en día o lo que sería propio de un mundo futuro, pero que han mantenido su mensaje impertérrito en el tiempo. Esos planos de las reuniones familiares grabados con cámara caseras como los recuerdos implantados en los nexus 6, símbolo de anhelos que aunque falsos sean igualmente reales y cercanos.

En definitiva no os voy a decir que sea una cinta fácil, mucho menos carne del sábado por la tarde pero a su modo tiene cierto encanto. Una cinta cuasi experimental que merece ser vista por los fans de la novela. No esperéis nada parecido a efectos especiales, solo una extraña y personal relectura de la historia.

La segunda película que me decidí a ver fue “We come as friends (Hubert Sauper, Francia, 2014)”. En este ocasión me decidí porque hace un año descubrí “La pesadilla de Darwin (Hubert Sauper, Francia, 2004)” del mismo autor y me gusto bastante por el estilo de interacción mínima con lo que sucede. Solo una cámara grabando testimonios totalmente libres de diversos personajes y largos planos testimoniales sobre situaciones habituales en la zona del Lago Victoria. Si se parecía en algo a “La pesadilla de Darwin” seguro que me gustaría.

Cartel de “We Come as friends”, el título ya lo dice todo.

Resulto algo diferente por que podríamos decir que Hubert Sauper se convierte muy modestamente en el protagonista. No por que incluya sus comentarios, apenas lo hace, sino porque él mismo decide montarse en un mini aeroplano e ir sobrevolando Sudán. Este va parando, aterrizando de vez en cuando y se pasea con su cámara para presentarnos la actual situación del país ante el referéndum sobre su división definitiva en dos países o si por lo contrario se mantendrá unido como uno solo.

Como sucedía con la otra película de Haubert Sauper nos iremos introduciendo poco a poco en un mundo que desconocemos. Pasaremos de sorprendernos ante nuestro egocentrismo subliminal a sentir verdadero asco por el mundo que poco a poco hemos ido construyendo desde nuestro mal llamado Primer Mundo. Veremos todo tipos de personajes: Chinos capitalistas que tienen su fabrica en una burbuja separada del mundo sudanés, soldados y más soldados hasta el punto de no saber si son de un lado y otro, o si hay dos, cuatro o más bandos, de si saben ni siquiera por qué luchan o mas que una profesión se trata de una situación vital, misioneros desubicados, burócratas interesados, ONG desbordadas, individuos indefinibles, etc. Colonos y autóctonos de todos los tipos que nos resultara difícil vislumbrar dentro de un Sudan que esta a punto de resquebrajarse.

De las tres películas tal vez es la que sentí más madura. Hay momentos que a cualquiera nos tocará la patata y nos dejará con un recuerdo, un nuevo no tan nuevo discurso que teníamos escondido, que conocíamos pero que hacía falta que alguien nos lo relatase de un modo tan sincero y con tanta fuerza que no podremos ignorar de nuevo. Hay un par de momentos en los que algún personaje decide contarnos lo que pasa en Sudan, lo hace sin rencor, como quien comenta algo que no puede cambiarse, algo inevitable. Lo hacen de un modo tan sencillo y sintetizado que es imposible ponerles alguna pega y ante lo que no nos queda mas remedio que entonar el mea culpa.

Por último me deje llevar por una temática que siempre me ha gustado, las películas de vampiros. Cuando leí la sinopsis de “A girl walks home alone at nigth (Ana Lily Amirpour, EEUU, 2014)” quede convencido, un western vampírico romántico ambientado en Irán. ¿Cómo?… Había que verla para entender semejante descripción.

Un cartel que tal vez nos recuerde a la novela gráfica “Persépolis” pero en siniestro.

El largometraje está rodado en EEUU, pero si nadie te lo dice no tendrás ninguna duda de que ha sido realizada en Irán. Si no fuese por algunos detalles, que tengo por seguro no podrían ser rodados en el citado país sin granjearse una pena de cárcel como poco, hubiera jurado que estaba hecha en Irán. Eso y que aparece Marshall Manesh, un actor que si bien es iraní, estamos acostumbrados a ver en el cine de Hollywood y que recordaremos por su papel de Rashid en “Como conocí a vuestra madre”.

Está grabada en blanco y negro. Con planos largos y muy lentos, tal vez imponiendo un ritmo narrativo demasiado lento. En algunos casos queda muy bien con ese toque de suspense y terror típico de las pelis de vampiros y en otros con el enfoque poético y simbólico de la obra. Pero personalmente pienso que para el espectador medio agota. La fotografía y la estética de la película es impecable y engancha pero llega un momento que es demasiado estudiado echando en falta cambios durante el metraje. Esa asimetría que le da belleza a las obras. Es demasiado lineal respecto a su narrativa causando altibajos en la que fácilmente desconectaremos. Habrá momentos en la que nos sintamos perdidos respecto a la historia que pretende contarnos.

Como suele ser habitual en este genero el mito del vampiro no es más que una excusa para contar una historia. Se mantiene ese toque romántico de la historia del vampiro más famoso de todos los tiempos, Drácula. Asistiremos a una historia de amor imposible entre un inmortal y un mortal. En este caso las tornas cambian dándole un toque feminista a la historia que le da ese matiz diferente y moderno que los tiempos exigen. Pero de paso tendremos una crítica social simbolizado por personajes variopintos como un camello, una prostituta, un niño, un yonki, etc. Estos personajes irán cruzándose en la ciudad de Bad City, una ciudad imaginaria que tendría su localización en Irán. Se trata de una urbe medio desierta, pobre, muy marginal en la que parece que no queda un ápice de esperanza. En este escenario una vampira ronda las noches buscando presas de las que alimentarse, poco a poco irá cruzándose con todos los personajes y con cada uno de ellos tendrá una reacción totalmente diferente que nos servirá para entender la naturaleza de esta y el valor moral que quiere atribuirle a cada elemento muy definido simbólicamente.

Tenemos historia romántica y vampirica aunque un poco más de dialogo o de dinamismo hubiera ayudado a empatizar con ambos personajes. Todo sucede muy rápido, no hay mucho espacio para entender su enlace. El western podemos verlo en las calles vacías, los encaramientos entre diferentes personajes al encontrarse en las calles. El ritmo pausado aquel que tenían los spagueti western cada vez que los personajes se movían en el escenario siendo parcos en palabras y en los que esperábamos que en cualquier momento iban a explotar. En contraposición, en aquellas películas de vaqueros todo era muy sucio. Aquí los planos son técnicamente muy estudiados y al ser en blanco y negro no nos dejan notar ese aspecto de la monótona ciudad o de sus personajes. Todos tienen un aire muy de diseño que tal vez recuerde más a las películas donde se enfrentaban rockers y mods.

De las tres tal vez sea la que menos me ha calado. Muy bien hecha, con planos y escenas muy estudiadas pero a las que le ha faltado algo de alma. Demasiado limpio y aséptico todo para mi gusto. Me hubiera gustado más secuencias como las de la vampira con la prostituta o con el niño, donde si mezcla bien los diferentes aspectos, y menos planos tan poéticos que ralentizan mucho la película queriendole dar ese aire tan preciosista y ambicioso que creo no se entienden bien en la historia. En definitiva, me gusto la parte técnica, el planteamiento y los personajes, pero mientras avanzaba la cinta me di cuenta que la historia y su narración no estaban a la altura.

Acerca de Iván Merchán Suárez

Habiendo estudiado en una escuela de artes plásticas y en la universidad, Historia, creo que el cine es la mejor forma de aunar narración con estética, de ahí que me encuentre escribiendo en un blog de cine. Raro es que no encontremos reflejos de nuestras vivencias en una película o un libro.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *