Retorno a la inocencia en el Atlántida Film Festival

No sé por qué siento un especial apego por las películas que retratan la adolescencia y los años universitarios desde un enfoque alejado del habitual, representado normalmente en la ficción por películas como American Pie (Chris y Paul Weitz. EE.UU, 1999) y series como Saved By the Bell – Salvados por la campana (1989-1993. Sam Bobrick, NBC Productions), donde se pretende, con dudosa calidad, dar forma a una serie de estereotipos característicos de la cultura estadounidense y que para infortunio de la sociedad actual han sido extrapolados a la población mundial, un suceso de globalización made in USA más que sumar a la lista (moda, comida, economía, etc.). Supongo que dicha tendencia personal hacia las películas con historias de jóvenes repletos de problemas púberes deriva de mi propio paso por la adolescencia, donde no me sentía identificado con los estereotipos antes comentados. El caso es que 0000dentro de esta serie especial de crónicas acerca de películas exhibidas en el Atlántida Film Fest 2015 me decanté por un par de ellas con temática juvenil que nos ofrecen dos visiones completamente distintas de cómo podría estar el estado del arte actual de la cuestión adolescente-universitaria. Una está encuadrada en Europa, concretamente en Francia, mientras que la otra se desarrolla en una universidad estadounidense, y ambas ofrecen temáticas diferentes pero conectadas, como veremos a lo largo de la entrada.

La primera de las películas es The Smell of Us (Larry Clark. Francia, 2014)”, un nombre evocador, que hace recordar al título de aquella famosa canción de principios de los 90 que siempre deambula por los recopilatorios musicales de cualquier disco-pub que se precie y que supuso el estandarte de lo que después se conocería como “Generación X”. Clark nos ofrece (una vez más) una historia repleta de momentos que te pueden hacer sentir incómodo de una forma que hasta es posible que no hubieras llegado a pensar, como podía pasar en su película Ken Park (Larry Clark, 2002)”. Es muy llamativo el inicio de la película, con el propio Clark haciendo de vagabundo que yace dormido sobre una pista de skateboard, y que es saltado como un obstáculo más de la propia pista sin que el mueva un dedo, algo que sin duda me parece un guiño a la imposibilidad de unos padres complacientes de controlar a unos jóvenes sibilinos consigo mismos y con sus progenitores.

Matt (Lukas Ionesco), principal protagonista de la cinta de Larry Clark The smell of us

La cinta, a mi parecer, adolece de un exceso de momentos que no se acoplan bien con el hilo argumental y de escenas poco clarificadoras. También se podría prescindir de determinados personajes que no hacen más que confundir al espectador con su presencia. A veces se hace abuso de los planos, como en la escena que el propio Clark, como vagabundo, está siendo tatuado y la cámara enfoca sus partes nobles para “deleitarnos” con un momento excesivamente largo (a mí me lo pareció) en el que sus esfínteres se relajan y vemos como se orina encima, no sé si a modo de sumisión ante la oleada adolescente, de modo similar a como les pasa a algunos perros cuando ven a sus dueños, o como consecuencia del placer de un representante de una generación que se resiste a envejecer pero que no puede hacer nada por evitarlo. No es la única escena que abusa de los planos fijos. En la parte que Matt (Lukas Ionesco), principal protagonista, es sometido analmente por uno de sus “clientes” creo que es innecesario el exceso de plano que muestra solo las caderas de los dos individuos vistas desde abajo durante varios momentos, pero sí me parece importante, dentro de la misma escena, la cara del chico, impasible, como si estuviera congelado, tratando de eliminar el dolor de una forma vital en la que se siente atrapado, pero de la que no parece querer escapar, sobre todo por los beneficios económicos que le permite tener acceso a caprichos que no están al alcance de unos adolescentes al uso. Como no podía ser de otra forma, el amor adolescente queda reflejado en la cinta de varias maneras, con relaciones destructivas, amistosas, sexuales o cronológicamente incompatibles, siendo la más tratada la que existe por parte de JP (Hugo Behar-Thinières), el amigo de Matt, hacia el propio Matt, con los juegos que éste último acomete contra los sentimientos de su amigo, a sabiendas de que él tiene un deseo ferviente por ser algo más que su amigo. Por otra parte hay una historia que no queda bien definida y que involucra a la única chica protagonista del reparto y a el que parece el chico duro. Parece que a ella le gusta Matt y siente celos de la amistad que le une a JP, lo que le lleva a desvelar las actividades secretras de JP.

El final es previsible pero quedan flecos sueltos que te dejan con la sensación de que se hizo de manera precipitada. La última escena (algunos de los chicos quemando un coche) no tiene ningún sentido, más que nada porque alguno de los chicos que participa no manifiesta de ninguna manera a lo largo de la película la actitud con la que lo retratan en dicha escena. No entiendo muy bien que quiere decir Clark en ese momento o si no quiere más que reflejar el placer adolescente por la destrucción. Para concluir con ésta película me gustaría hacer mención al secundario principal de la película, y que parece representar la crítica actual al uso de las nuevas tecnologías. Se trata de un chico que durante toda la película usa su móvil para grabar, en toda situación de la película, lo que lo hace un poco extraño, porque en las escenas donde los chicos están haciendo de acompañantes de alguno de los pervertidos, su presencia es meramente fantasmal, sin recibir ninguna crítica por parte de nadie, haciendo referencia a la familiaridad, posiblemente, con la que las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida.

La segunda película que quería comentar es Dear White People (Justin Simien. EE.UU, 2014). El título de la película alude a la frase recurrente que utiliza la protagonista femenina (Tessa Thompson) para comenzar su programa de radio, dirigido a criticar el supuesto racismo subyacente que existe en un campus universitario hacia los negros. La película, que en un primer momento parece interesante, aunque con una temática muy explotada (en tiempos recientes películas como Crash han tratado el tema de una mejor manera), empieza a desbarrar cuando las riendas del argumento lo recogen las relaciones amorosas de los protagonistas. Sin embargo, hay algunos puntos interesantes como la segregación de los segregados, con racismos que son acuciados por individuos que no pertenecen al campus, y en los cuales parecen encontrar la fuente para seguir propagando su ponzoña psicológica; o cómo el desdibujarte como individuo puede hacer que escales entre amigos y enemigos cuando te ves inmiscuido en un mundo donde las hormonas atienden al peso de la popularidad. Es el caso de la chica negra (Teyonah Parris) que quiere destacar y decide criticar a los negros que critican a los blancos o en el caso del chico negro con el pelo afro (Tyler James Williams), que sufre una evolución en la que acaba por renunciar a su estilo de vida para adecuarse al que le “ofrecen”.

Tyler James Williams interpreta uno de los personajes principales en ‘Dear White People’

A pesar de algún punto interesante, la película en general, es bastante floja, con actuaciones que dejan mucho que desear, como la del protagonista que busca ser elegido presidente de la fraternidad de negros y que para ganarse a todos y dar muestra de su apertura a un mundo que parece que aún arrastra grilletes, sale con una blanca. Las relaciones paterno-filiales están poco trabajadas y caen en la simpleza de películas que no quieren retratar un problema sino conseguir algo del público. Se trata de una película satírica, con mensaje sí, pero no responde a los esquemas realistas en los que se mueve el cine social.  No obstante, este mensaje no queda claro, a menos que veas los créditos finales, donde se muestra la denuncia que se intuye durante toda la película. A la parte donde se retrata la fraternidad de blancos, con un líder con aspiraciones un poco neonazis (Kyle Gallner), quizá se le podía haber sacado más jugo, en lugar de presentar de manera sucinta a una caterva de cenutrios (que puede que sea la realidad de una fraternidad). La historia de la protagonista tiene algo más de enjundia, pero se puede llegar a intuir el por qué cuando llevas un rato de película. De nuevo, el final es poco llamativo y con un desenlace que puede resultar el más lógico. Quizá no sea malo que los finales sean lógicos para el espectador, lo que los convierte en más creíbles, pero particularmente el final de esta película cae en los tópicos de aquellas producciones que parecen más alejadas del tipo de público al que pretende llegar. A pesar de la crítica he de decir que es posible que los personajes aquí representados sean más reales en los tiempos que corren que los que podríamos ver por ejemplo, en Animal House – Desmadre a la americana (John Landis. EE.UU, 1978)”.

Paralelismos inocentes

Tenía pensado ver dos películas más de corte similar, pero el tiempo y el espacio arruinaron mi intención. La oferta del Atlántida es variopinta en cuanto a éste tipo de temáticas y me quedé con las ganas de haber podido comentar algo más al respecto. Para terminar la entrada voy a tratar de enlazar los paralelismos que podemos encontrar entre ambas películas y que pueden considerase los rasgos principales de éste tipo de largometrajes.

El más evidente en ambos casos es el grado de importancia, que resulta anacrónico, de las diferencias generacionales, con padres complacientes que otorgan a sus hijos las ventajas necesarias para estar cómodos en el mundo que les rodea, cosa que habitualmente no sucede. Es el caso de JP en The Smell of Us o el caso del protagonista negro de Dear White People. El primero como rechazo a la relación de su padre con una mujer que no es su madre y el segundo como rechazo a las intenciones de un padre por conseguir que llegue más lejos que él. En ambos casos los dos protagonistas pertenecen a una clase acomodada, pero la sobreprotección y las ambiciones de sus progenitores los insta a relocalizarse, siempre en la sombra, a través de situaciones nada gratificantes para aquéllos, y siempre destapándose el pastel, tarde o temprano.

El segundo rasgo compartido es la sexualidad. Son adolescentes y están en pleno proceso de conocerse, y esto implica también conocer tus gustos. Con frecuencia vamos a ver personajes que dudan, que prueban y que tratan de entender las preferencias. Algunas veces se trata de personajes que no comprenden su sexualidad, como puede ser Matt en The smell of us, que no parece sentir ni padecer el amor, algo que se puede llegar a entender durante el transcurso de la película. En la mayoría de este tipo de cintas suele encontrarse lo que podríamos llamar el amor “incongruente”, manifestado en Dear White people por la protagonista, defensora de los derechos de los negros que está enamorada de un chico blanco, o en el caso de la chica negra que busca la popularidad entre los blancos pero que acaba liada con el protagonista negro.

Por último, un tercer rasgo compartido por ambas películas (y por la mayoría de temática similar) es algo a lo que no se le presta mucha atención por parte del público (sobre todo si hay historias amorosas por medio) y que se manifiesta en casi todos los protagonistas: la ensoñación, el escaparate donde se quieren ver reflejados, donde sus vidas no son las que aborrecen, algo que quieren alcanzar a través de tendencias materialistas, díscolas y que atentan contra su salud, pero que señalan el rasgo adolescente por antonomasia, la escasez de precauciones ante los posibles peligros que empiezan a conocer.

Acerca de Jose Joaquín Serrano Morales

Biólogo y Técnico de Laboratorio de formación. En pleno proceso de terminar un Máster de investigación, soy una persona con una extensa inquietud por todos los ámbitos del conocimiento. Mi pasión por el cine es uno de los motivos de mi participación en éste blog.

One comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *