The Navigators (La Cuadrilla)

En un cuarto destartalado, comedor, vestuarios y lugar de esparcimiento para los trabajadores del ferrocarril, transcurre la siguiente escena. El más anciano de la cuadrilla expurga el aburrimiento y el olvido jugando solitario al ajedrez. Él es su propio contrincante, cambiando de sitio invariablemente en cada jugada. La secretaria de la empresa entra, y atónita pregunta- ¿cómo va la partida?-. El obrero levanta la vista llena de desesperanza y susurra, –Mate-. Y eso ¿qué quiere decir?, pregunta la mujer. El hombre baja la cabeza y con un hilo de voz afirma- Quiere decir que pierdes, hagas lo que hagas-.

Con una mezcla de lamento sostenido por el desmantelamiento neoliberal de los derechos laborales iniciado en el thatcherismo, y un irónico punto de vista acerca de las relaciones y alianzas fraguadas entre compañeros de jornada y asfalto, se nos presenta esta producción del incombustible director británico Ken Loach, el cual nos introduce en el día a día de una cuadrilla de trabajadores ferroviarios que presiente su final. Después de una jornada más, los trabajadores se reúnen con el gerente a la espera de un comunicado de la empresa. Toman asiento entre bromas y pequeños desafíos. Incrédulos se enfrentan a la nueva situación, la empresa ha sido absorbida por un gran grupo privado.

A partir de ahí la historia describe a través de sus protagonistas, el proceso de involución que afecta a sus condiciones laborales, ya de por sí frágiles. Bajo la amenaza del despido, los trabajadores intentan adaptarse a la nueva situación imponiendo su dignidad, pero topan con un doble obstáculo: la ineficacia de un viejo y acomodado sindicato y la indiferencia anónima de sus nuevos jefes. Las risas del principio, se tornan en reproches, la rudeza en debilidad, y la impotencia en el definitivo abandono y desmembramiento del grupo. Fuera les espera la precariedad y los derechos ausentes; dentro, el hastío y la asfixia por la falta de trabajo y salario.

Loach desde el primer minuto posa una mirada oculta, casi documental, en los personajes que le van a servir de ejemplo para retratar una situación que la política del establishment disfrazó de eficiencia y progreso. Con el paso del tiempo no han dejado de ser meras concesiones a la privatización de bienes, que por básicos, son fuente de inagotable riqueza para los poderosos.

La venta de sectores como el ferrocarril británico, en el caso que nos ocupa, es un proceso que afectó con especial virulencia durante la década de los 80. El desmantelamiento de los sectores energéticos, manufactureros, de transporte y obras públicas se convirtió de pronto en una exigencia en los países desarrollados  para combatir la ineficiencia y el exceso de mano de obra que supuestamente afectan a toda empresa pública.

Composición fotográfica de Margaret Thatcher ‘la dama de hierro’.

Una problemática aparece con especial énfasis en esta historia, la precariedad laboral y emocional del individuo en esta nueva etapa del capitalismo.

Ya no hay contrapeso estatal ni refugio posible para salvaguardar derechos laborales. La resignación con la que asistimos al fin del estado del bienestar, ese moderno contrato social que la misma socialdemocracia cual movimiento canibal ha ido desmantelando en los últimos tiempos. Los jefes sin rostro y las decisiones opacas, la falta de camaradería y el afán competitivo se convierten en un requisito implícito en el curriculum de todo trabajador/a. La presión sindical y su influencia en la organización de la empresa es inocua y se castiga con la amenaza del despido. Divide y vencerás, parece ser la nueva máxima de la empresa. El ámbito privado se convierte en el único medio para realizar-se, sin darnos cuenta que la salubridad de dicho ámbito depende en buena medida de las condiciones en las que desarrollemos nuestro trabajo.

No todo en esta cinta descalifica la actuación de los poderosos, ya que también hay lugar para el reproche a la clase trabajadora. La elección entre resistir, y venderse a la eventualidad para ganar el sustento diario, acaba con la rendición del trabajador y la huida de toda conciencia que no sea la del día a día.  Lo ejemplifica de forma elocuente la escena final. Sorprende la reacción, fria y calculadora, de algunos personajes ante la trágica situación que se les presenta, revelando a  un nuevo tipo de trabajador, amoral e insolidario; la nueva mano de obra egoísta como única salida sensata al ataque. Este sombrío panorama me recuerda a una paradoja que escuché hace poco, y que dice así; “imaginemos que a un polígono industrial de una ciudad como Málaga, Sevilla o Madrid llegara una gran multinacional y prometiera crear 700 puestos de trabajo a 650 euros al mes, diez horas al día. Una manifestación sindical y contestataria por el trabajo digno en frente de la nueva empresa acabaría reprimida con violencia. El problema es, que los agresores no serían probablemente policías, sino la mayoría de los empleados recientemente contratados por la gran empresa”.

Para concluir, me gustaría recrear otra escena, ésta exenta de diálogo y sólo sostenida por una larga y chulesca mirada, la que dirige uno de los portavoces de la empresa al encargado de comunicar a los trabajadores las nuevas condiciones. Éste, con un hilo cansino por el papel que le toca jugar, advierte que no se pueden romper de forma unilateral convenios y acuerdos que antaño habían sostenido las relaciones con los empleados. Con una mirada firme, uno de los portavoces amenaza que si él no está dispuesto, un recambio espera presto para cumplir  la misión. El pobre diablo, baja la cabeza resignado y con gesto suplicante vira la mirada al portavoz, para encontrarse con un silencio de superioridad, con un muro de incomprensión que permanecerá indiferente ante la suerte del que tiene enfrente, ante el sufrimiento del subordinado.

Acerca de Alberto Pendón

Mi vida intelectualmente activa ha girado en torno a la Filosofía y la Documentación. Haga lo que haga con ella, siempre trato de ponerle aptitud, emoción y algo de vocación para darle sabor. La nota al pie, siempre ha sido el cine. En este espacio espero darle más protagonismo y compartirlo con todos vosotros. Sígueme en Google+

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